La violencia policial, el racismo y la discriminación no son hechos aislados. Columna en el programa Se tenía que decir.
Van 10 días de las protestas en EEUU. 10 días que están conmoviendo al mundo luego del brutal asesinato de George Floyd a manos de cuatro policías. Las manifestaciones no cesan, y en muchos países se organizaron protestas en solidaridad: la vida de los negros importan. La violencia policial, el racismo y la discriminación con los más pobres recorre el mundo. No es sólo George Floyd. No es sólo en EEUU. Por eso el eco de Floyd retumba.
En Argentina también. Luis Espinoza, un trabajador rural de Tucuman, de una familia humilde y laburante, baleado por la policía el 15 de mayo. Estuvo desaparecido una semana. 8 policías y 2 civiles para esconder el cuerpo lo tiraron a un acantilado en Catamarca. Al día de hoy el presidente Alberto Fernandez no habló del caso. En Chaco el pasado fin de semana conocimos unos videos brutales que registraron la detención, sin ninguna orden de allanamiento, de una familia de la comunidad Qom. Hubo torturas y abuso sexual a menores por parte de la policía. “Indios de mierda infectados” les gritaban, porque la comunidad es una de las zonas que más está sufriendo la pandemia en la provincia. El presidente se refirió al caso y celebró que los policías fueron apartados de la fuerza, pero ninguno está detenido. Tucuman está gobernada por Manzur y Chaco por Capitanich, ambos peronistas del Frente de Todos. Tampoco nos olvidamos de la desaparición de Luciano Arruga en 2009: un pibe del barrio de La Matanza, que se había negado a robar para la policía, que lo mató y lo desapareció. Meses antes había sido detenido y torturado en la comisaría. Su cuerpo fue encontrado en 2014 como NN en el cementerio de la Chacarita. En ese entonces, Daniel Scioli era el gobernador de la PBA, también del peronismo. La causa sigue impune. Es insólito que el PRO comandado por Patricia Bullrich haya salido a repudiar la violencia policial. La ex ministra de la doctrina Chocobar que quería legalizar el gatillo fácil, enemiga de las comunidades mapuches. Usan las muertes que ellos mismos impulsaron antes para hacer una política berreta de oposición.
La violencia policial, el racismo y la discriminación no son hechos aislados. Constituyen el ADN de la policía y las fuerzas represivas. Son los que garantizan con el uso de la fuerza y la represión la división de los explotados, de las y los trabajadores. La fragmentación por el color de piel, o por género. Esa división para que gobiernen los dueños de todo. Son estados y gobiernos al servicio de la clase. Si la violencia policial no es un hecho aislado, tampoco lo es quién tiene la responsabilidad política de sostener esa institución represiva tan podrida como irreformable.
La pandemia está haciendo estragos en todo el mundo. Quienes más sufren con su salud y su vida esta pandemia son de nuevo los más pobres de las villas, los negros, los quom, los laburantes expuestos al contagio porque son esenciales. No afecta a todos por igual, la pandemia también es de clase. Además ya hay nuevos desocupados, nuevos trabajos precarios. El futuro ya se anuncia mucho peor.
Mientras tanto el presidente Fernández se pasea en actos, almuerzos y cenas con grandes empresarios, como ayer en Olivos, con alimenticias, petroleras, automotrices para llevarles tranquilidad y escuchar sus problemas. Les ofrece seguir ganando, con su ya repetida frase “no quiero que pierdan, sino que ganen pero un poco menos” A los Pérez Companc que estaba presente anoche, de una fortuna de 1.700 millones de dólares. A la cena de Olivos también fue invitado el miserable, Paolo Rocca, el CEO de Techint que no asistió finalmente por otras reuniones empresariales. El que incumplió el DNU de prohibición de despidos, luego anotó a su empresa en el programa ATP para recibir subsidio estatal para pagar sueldos que recibieron hasta sus CEOs, y que luego se retiró y devolvió la plata porque sino no iba a poder hacer sus operaciones financieras para fugar dólares. Fíjense qué curioso: Paolo Rocca no sólo no necesitaba la plata en verdad para pagar los sueldos, sino que reconoció que seguirá fugando dólares del país. A ellos nunca les va a caer el peso de la represión policial ni de la ley, aunque nos roben y estafen todos los días y nos digan en la cara que lo seguirán haciendo.
Del otro lado es inevitable el contraste con las verdaderas urgencias. En las villas tardaron dos semanas en devolverle el agua a los vecinos. A los más pobres y precarizados el gobierno ofrece una IFE de unos magros $10.000 que no le alcanzan a nadie, y dejaron afuera a 4 millones que lo solicitaron y les fue rechazada. Porque aca sí que aplican requisitos restrictivos, no como para los CEOS son sueldos subsidiados por el estado.
Estamos atravesando un mundo que anuncia un futuro negro, crisis más aguda que traerá más pobreza, desocupación, mayor informalidad y precariedad laboral. Ayer me encontré con un gráfico que subió en twitter Martin De Simone donde muestra que por los efectos estimados de la presente crisis, los millenials (nacidos aproximadamente entre 1981-1996) será la generación que va a tener menores ingresos en sus primeros años en el mercado laboral en toda la historia argentina. Es la generación que peor va a vivir si el mundo y el país sigue organizado sobre las mismas bases de clase. Este análisis fue inspirado en uno que hizo el diario de EEUU Washington Post la semana pasada que mostró el mismo resultado para ese país. La generación que peor va a vivir en la historia norteamericana.
En Argentina, mientras se esquiva la discusión de quiénes ya están ganando con la pandemia (que son los mismos de siempre hace décadas), algunos prefieren volver a la grieta. La hipocresía del macrismo con los últimos casos de violencia policial se combina con algunos sectores “anticuarentena” que protestan para abrir la economía como quieren muchos de los grandes empresarios. Pero preocupa la respuesta del otro lado empezando a armar un peligroso discurso contra cualquier movilización local. Hay una doble vara para apoyar las protestas de EEUU, porque están lejos y porque está Trump. Pero si esa rebeldía y hartazgo llega aca, ya les deja de gustar. Y sobran los motivos: Luis Espinoza, la comunidad qom, las villas sin agua, con contagios y hechos guetos, la juventud precaria que se empieza a hacer escuchar porque no quiere ser una estadística del futuro oscuro que se le ofrece. Las tensiones y disputas entre las clases que vemos no están definidas. Torcerla para las grandes mayorías, aunque a algunos no les guste, está en manos del derecho a la rebelión de la juventud y la clase