El gran contraste que existe entre una alta funcionaria de gendarmería que jubiló recibiendo más de 5 millones de pesos, y el 98,3% de las trabajadoras que en este país jubila con $153.000, no es una "galantería", es una aberración.
Domingo 17 de julio de 2016
Sin duda, la polémica en torno al anuncio de las autoridades sobre la baja de un 2,1% al momento en que los más de dos millones de pensionados reciban sus jubilaciones, se ha transformado en escándalo frente a la revelación de la millonaria pensión de la ex esposa del diputado PS Osvaldo Andrade, Myriam Olate, quien recibía más de $5 millones, trabajando en Gendarmería.
Esta mujer (pensionada por Dipreca) se distancia mucho, por su exuberante pensión, del ya minúsculo 6,2% del total de las trabajadoras de AFP’s que jubilan con más altos ingresos, ya que en su aplastante mayoría las mujeres reciben una pensión igual o menor a los $153.590: un 93,8%, según estadísticas de Fundación Sol.
Como correlato de esta realidad en cifras, recordamos las declaraciones del mes de junio del presidente de las AFP´s, Rodrigo Pérez Mackenna, quien señaló que mantener la edad de jubilación femenina en los 60 años era un “acto de galantería que cuesta caro”. Evidentemente, esta violenta declaración es compartida por aquellos “expertos” componentes de la Comisión Bravo quienes instaron al gobierno durante abril de este año a aumentar progresivamente la edad jubilatoria de las mujeres a los 65 años.
El gobierno pone oídos a estas “galanterías” para resolver el problema del financiamiento del pilar solidario que le corresponde a las millones de mujeres trabajadoras, omitiendo la gran fuga de dineros estatales que terminan costeando a los sistemas paralelos de todas las Fuerzas Armadas. El gran contraste que existe entre una alta funcionaria de gendarmería que ganó 10 millones de salario y jubiló a los 49 años con 5 millones, y el 50% aproximado de las trabajadoras que en este país no reciben un sueldo mayor a los $250.000 líquidos y jubilarán con $153.000, no es una galantería, es una aberración que sostiene la alianza corrupta entre este Estado y los empresarios.
Las jubilaciones de las mujeres trabajadoras comienzan a ser una molestia para los colosos bolsillos de las AFP’s en cuanto se calcula un aumento generalizado de la esperanza de vida de las y los chilenos. Es por esto que comisiones como la Comisión Bravo compara en su informe a Chile con varios países de la Ocde y tan sólo esta simple comparación los anima a presionar al gobierno para seguir este camino; siendo que en cualquier país en el que se ha dado este paso no ha significado otra cosa más que un retroceso para las mujeres, pues el trabajo doméstico gratuito en la unidad de la familia, la llamada doble jornada laboral de la mujer, es una realidad que aumenta el peso los años trabajados por la persona de manera cualitativa, ya que es sobre las mujeres que recae todo ese trabajo invisible y escasamente calculado.
En países como Chile esta realidad se recrudece, pues las mujeres son punteras en ser parte de los trabajos precarios y mal pagados, más aún, según el mismo informe de la comisión señala que las mujeres entre los 55 y los 59 años de edad están ingresando al mercado laboral en un escaso 34%, lo que hace incosteable una pensión que exceda los 30 años. Lo que omite este informe es la dura realidad que vive este tramo etario de mujeres, pues si no son parte del mercado laboral formal no es porque les alcancen sus ingresos para vivir sin la necesidad de trabajar, sino por la discriminación empresarial, en la que si una mujer supera los 40 años comienza a ver progresivamente disminuidas sus posibilidades de encontrar trabajo. Es así como a los 50 años muchas de ellas pasan a ser parte de la larga fila de desocupadas o cesantes que se refugian en el trabajo informal, lo que implica no estar cotizando y disminuyendo aún más sus futuras pensiones.
Galantería para los empresarios y el gobierno es miseria para ese gran porcentaje de mujeres que están obligadas a aportarles el 10% de sus salarios a los insaciables dueños de las AFP´s. Otro motivo más para la indignación legítima contra el actual sistema de pensiones y capitalización individual que ha sido sostenido y consagrado por todos los gobiernos de turno y su casta de corruptos.