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Red Internacional
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OPINIÓN. Las pelotas de Moyano y los ovarios del 8M

La multitudinaria marcha del 21F y la convocatoria al paro internacional de mujeres. Las palabras no son inocentes y las que eligió Moyano hablan de machismos y estrategias.

Cecilia Rodríguez

Cecilia Rodríguez @cecilia.laura.r

Jueves 22 de febrero de 2018

La frase del Hugo, bien a lo macho, suena menos convincente que pistola de agua. Ojalá hubiéramos visto semejante muestra de valentía de varón el 18D, cuando se votó el saqueo a los jubilados. Ahora la cosa suena más a un “agarrame que lo mato” para ver si el Hugo y el Pablo zafan de sus traumas judiciales. Allá ellos con sus pelotas.

Lo que importa del 21F es que, a pesar de que la CGT es un gol en contra, la marcha fue contundente y multitudinaria. Aún sin paro la marcha costó, según el diario Clarín, $4800 millones: una pequeña fracción de lo que embolsa diariamente y año a año la clase enriquecida que el gobierno representa.

La elección de palabras de Hugo importa menos por su machismo y más porque revela una estrategia. En la Argentina del Ni Una Menos, Moyano decide de entrada no hablarle a más de la mitad de la sociedad, las mujeres. Decide, por tanto, separar la movilización del 21F de la movilización y paro de mujeres del 8M. Y, con esto, alejarse lo más posible de la sola palabra: paro.

De esta manera, los dirigentes sindicales evitan parar (o logran “marchar para negociar”) y el paro de mujeres no termina de ser un verdadero paro. Sin los sindicatos, no se logra parar los lugares de trabajo de modo que puedan marchar masivamente las mujeres a lo largo y ancho del país. Así, se mantienen divididos dos movimientos: la lucha contra el ajuste y los despidos, la lucha por derechos elementales como el aborto legal, seguro y gratuito.

Divididos, se debilita a cada uno por separado: a las mujeres se les niega el derecho a huelga por sus derechos específicos. Esto no es joda: se niega la herramienta de lucha más poderosa que hasta ahora se ha inventado para que los que no tienen nada obtengan algo, sino todo. La huelga: no hay todavía cosa más poderosa contra el poder. Y eso, las mujeres, no tienen derecho a utilizarlo. Los sindicatos solo las convocan a parar por “los derechos de todos”, pero conquistar los derechos de ellas no es asunto de los sindicatos.

Las direcciones sindicales evitan así que un persistente movimiento de mujeres de alcances internacionales logre organizarse y dar nueva vida y poder de convocatoria a los sindicatos. Con esto, nos joden a todos, sin importar el género. Todo trabajador que haya participado de un conflicto por despidos u otro tipo de ataques sabe que, sin organización de las mujeres, no solo las del lugar de trabajo sino de toda la familia, no hay posibilidad de ganar.

Al darle la espalda al movimiento de mujeres los sindicatos garantizan su propia inmovilidad, que por supuesto se justifica a sí misma con frases como “la situación no da”, "no somos golpistas", “hay que esperar a las elecciones” y así hasta el infinito para prolongar los tiempos, negociar, parlamentar, reorganizar al PJ, etcétera, etcétera, etcétera…

Los dirigentes se aseguran, de paso, que esa energía impetuosa de las mujeres que luchan no se cuele demasiado en las estructuras orgánicas. No sea cosa que se tenga que jubilar algún que otro cavernícola, de esos que tienen “pelotas” para negociar con el juez, pero no para poner el cuerpo cuando el saqueo, los gases y las balas.


Cecilia Rodríguez

Militante del PTS-Frente de Izquierda. Escritora y parte del staff de La Izquierda Diario desde su fundación. Es autora de la novela "El triángulo" (El salmón, 2018) y de Los cuentos de la abuela loba (Hexágono, 2020)

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