Conversamos con Estefanía, psicopedagoga y docente integradora de la ciudad de Rosario, sobre el reclamo que están impulsando los y las profesionales como ella, para que les paguen el trabajo realizado durante la cuarentena.
Martes 7 de abril de 2020 10:31
Al comenzar la cuarentena, una resolución de la Superintendencia de Servicios de Salud determinó que los y las psicopedagogas debían “garantizar las prestaciones que requieran continuidad de tratamiento, con el fin de evitar interrupciones que resulten en el empeoramiento grave e irreversible del cuadro de base”, por lo que continuaron con su trabajo habitual, adecuándose con los requerimientos tecnológicos necesarios para poder continuar con el programa de integración.
Sin embargo, ahora las obras sociales les están advirtiendo que no saben si van a poder facturarles, y por ende, no cobrarían. Se suma además que hace meses que están sin percibir ingresos dado que no se les pagan los meses de verano por no asistir a las escuelas. Según Estefanía, hay una gran preocupación en los y las profesionales ante la incertidumbre de saber si van a contar o no con ese ingreso. De lo que sí está segura es que deberá afrontar gastos de alquiler, impuestos y comida, pero ¿con qué plata?
Esto nos relató Estefanía a La Izquierda Diario: “En mi caso, como docente integradora no estoy colegiada ni sindicalizada, por lo tanto trabajo sola, sin ningún apoyo. Cuando vos recurrís a los organismos que supuestamente te tienen que representar siempre defienden a las partes más poderosas, si vas a la Superintendencia de Salud diciéndole que una obra social no te está pagando, ellos se lavan las manos y te responden que de lo único que se encargan ellos es de comprobar que los pacientes reciban los tratamientos y que no le pueden exigir a la obra social que te pague el sueldo que te corresponde. Por eso las psicopedagogas exigimos a las obras sociales cobrar nuestros sueldos”.
“En este momento nosotras seguimos trabajando con nuestros pacientes. Yo vengo trabajando todos los días de 9 a 12hs con el equipo interdisciplinario, luego adapto las actividades que me pasan les docentes de acuerdo a las capacidades de aprendizaje de mis alumnes. Además es necesario un seguimiento con cada alumne, estando en un programa de integración no se les puede soltar la mano. Las profesionales sólo estamos pidiendo poder facturar. Es desesperante, si no puedo facturar marzo realmente no sé cómo voy a arreglarme para cubrir todos los gastos, cuando ya de por sí lo poco que llego a juntar en el año, lo tengo que ir estirando para cubrir los meses de verano en los que no cobro, pensar tener que pasar más meses sin ingresos es realmente angustiante”, agregó.
“Los centros para los que tenemos que trabajar se manejan como quieren, usan tu título para lograr la habilitación del lugar, pero después te pueden pedir hasta un 40% de tu hora para trabajar allí. Hay un desfasaje total entre las ganancias y las cosas que se ponen en juego, porque es una la que está todo el día en la calle, yendo a las diferentes escuelas, poniendo el cuerpo, la que está en contacto con las y los chicos, con las y los docentes, y todo eso, se ve que no tiene el mismo valor que poner un equipo”, expresó.
Por otro lado, Estefanía cuenta que son monotributistas: “No cobramos vacaciones ni aguinaldo, tenemos que pagarnos la obra social, pero trabajamos teniendo que cumplir con todas las obligaciones que tiene alguien en relación de dependencia, como cumplir horarios y ser supervisados. Desde los sindicatos jamás se impulsa alguna medida de fuerza, incluso estuvimos mucho tiempo sin tener aumento, en discapacidad nos aumentan por decreto, y podría decirte que en los últimos 5 años sólo hubo un aumento del 20%, en 5 años. Nos falta mucho en ese sentido, no hay una organización, casi siempre son las propias familias las que se mueven y lucha más por las leyes y son los que más van al frente contra las obras sociales para reclamar terapias”, finalizó Estefanía en su relato de la dura situación que vive hoy como monotributista.
Al igual como les viene sucediendo a los jubilados, no hay respuestas cuando se acercan a las oficinas administrativas de prestaciones y obras sociales en medio de la pandemia. Es necesario que se habiliten casillas de mail, plataformas online y oficinas específicas para dar respuesta a sus reclamos. Que las obras sociales garanticen el cobro del 100% de estas prestaciones, y que no sean las psicopedagogas y las personas con discapacidad las que paguen esta crisis.