Anahí nos cuenta sobre las precarias condiciones laborales que soportan las empleadas de comercio. Además, remarca la necesidad de organizarse con Pan y Rosas y viajar al XXXI Encuentro Nacional de Mujeres.
Lunes 19 de septiembre de 2016 01:44
Es tarde en el centro de Lomas de Zamora. Las persianas de los numerosos locales desparramados por el centro comercial comienzan a bajar y anuncian que ya pasó la “hora pico” que colapsa de clientes la peatonal Laprida. Es en ese momento en el que centenares de mujeres que trabajan como vendedoras, luego de una extensa jornada, retornan a sus hogares, mayormente en el ferrocarril Roca.
Anahí, es una de ellas y nos cuenta cómo es el trabajo de vendedora, en qué condiciones materiales transcurre como mujer, y en ese sentido, remarca la necesidad de organizarse y viajar al Encuentro Nacional de Mujeres que se realizará en Rosario
Comienza Anahí su relato resaltando que este tipo de trabajo, le quita parte del bien más preciado, el tiempo: “Trabajar en un comercio te limita mucho el tiempo para vivir, llega un momento donde no podés disfrutar del tiempo libre en tu vida. Tenés que estar en constante contacto con la gente, poniendo una sonrisa y sentís que tu cabeza colapsa. Son muchas horas, 12 horas por día y a veces se extiende el horario y son más”.
En comercio, las condiciones de precariedad, también están a la orden del día: “El trabajo es completamente informal, nos pagan miseria, y si no vendemos no comisionamos, no nos alcanza para poder vivir, no contamos con obra social, nos pagan en negro, al realizar venta directa de productos manejamos plata y todo el riesgo que corremos siempre pagamos nosotras las consecuencias. No contamos con ningún tipo de representación gremial, y la empresa, al tenernos en negro nos habla cínicamente de las supuestas ventajas de ser monotributista”. Con la implementación de este régimen tributario, la empresa evita la relación de dependencia real y deja por cuenta del empleado la carga tributaria.
En Argentina, el 43% de las mujeres que trabajamos, lo hacemos en trabajos no registrados. Además, en promedio, percibimos salarios inferiores a los hombres.
Sigue Anahí, “El ámbito donde trabajamos es muy machista, donde la mayoría de las compañeras vendedoras somos mujeres, y los supervisores, los líderes que viven a costa de nosotras, son varones; imponen nuestros ritmos de vida, nuestra vestimenta, nuestra estética y exigen una personalidad “proactiva”; nos exigen que vendamos a un ritmo imposible, y ellos nos venden su discurso de "que si querés, podés lograrlo", porque el jefe arrancó en el mismo lugar que vos… una completa mentira, porque hasta las supervisoras mujeres cobran lo mismo que las empleadas, y por más que te esfuerces siempre salen ganando ellos”. El relato de la joven vendedora de Lomas de Zamora, refleja una realidad social bajo a la que están sometidas las mujeres de conjunto.
Finaliza Anahí su relato con el convencimiento de organizarse para terminar con la explotación y la opresión: “La mayoría somos mujeres, somos madres, somos hermanas mayores que sustentan a familias; y sé que hay muchas que como yo, están cansadas de esta insoportable situación, es por eso esto que escribo, y es por eso que yo viajo al XXXI Encuentro Nacional de Mujeres en Rosario junto a mis compañeras de Pan y Rosas, donde este año seremos muchas más las trabajadoras, estudiantes y todas las mujeres que nos organizamos para pelear por nuestros derechos como trabajadoras; por el “Ni Una Menos”, por Aborto Legal Seguro y Gratuito; y por mejorar nuestras condiciones de trabajo y acabar con la precarización laboral”.