Lenín Moreno juró el miércoles el cargo como presidente de Ecuador para el período 2017-2021 en una ceremonia en la Asamblea Nacional, con el apoyo de Rafael Correa.
Jueves 25 de mayo de 2017
La Asamblea Nacional de Quito fue el escenario del traspaso de poderes entre Rafael Correa y Lenín Moreno, quien ganó las elecciones el pasado 2 de abril en la segunda vuelta. Serrano tomó juramento al vicepresidente Jorge Glas Espinel, que repite mandato.
"Todos somos hechos del mismo Ecuador y compartimos el aire y oxígeno con nuestros hermanos", dijo Moreno en su primer discurso en la Asamblea Nacional, y agregó: "Somos uno y somos todos, somos diversos, venimos de una misma historia". Aseguró que todos los ecuatorianos formarán parte de un "ineludible dialogo nacional", con un tono conciliador.
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En su discurso también hablo de la continuidad con el gobierno anterior, y afirmó que la herencia de pasado, presente y futuro que llevan construyendo hace diez años con la Revolución Ciudadana, nombre del proyecto político que lideró desde 2007 Correa, a quien llamó "hermano querido".
Hablo de la "eliminación de la pobreza extrema", una de sus promesas durante la
campaña electoral, y volvió a nombrar "la entrega de transferencias monetarias para las poblaciones vulnerables", junto a “la ampliación de los esquemas de protección social, la construcción de vivienda, el incremento de la producción y la apertura de plazas de empleo.”
Respecto a las políticas económicas, Moreno aseguró que sostendrá la dolarización que rige en el país desde el año 2000, y que "no habrá una moneda paralela", como pensaban sectores opositores con la introducción del dinero electrónico.
También habló de una "mayor austeridad en el gobierno" y "mayor productividad" como vía para resolver los problemas económicos y anunció una "batalla frontal" contra la corrupción. Para ello instó a las autoridades estadounidenses y brasileñas a entregar todas las listas de posibles corruptos en el país, relacionadas con el caso de la constructora Odebrecht. En principio, el 1ro de junio se haría efectiva la publicación de esas listas. A su vez, anunció la creación de un "frente nacional, público y privado, para combatir la corrupción" con una proyección internacional. Su propuesta prevé armar una comisión con integrantes de la sociedad civil y los organismos de control para constituir una entidad con asistencia internacional de Naciones Unidas para estructurar y aplicar una política de lucha contra la corrupción.
El nuevo presidente manifestó su apoyo a las llamadas negociaciones de paz y reiteró el respaldo a Colombia en el desarrollo de los diálogos que llevan adelante el Gobierno y la guerrilla del Ejército de Liberación Nacional (ELN) de esa nación, en Quito.
Buscará una nueva relación con los medios de comunicación del país, y dijo "No puede haber diálogo sin libertad de expresión (...)",y habló de una "relación fresca y dialogante" con los medios.
A la ceremonia de investidura de Moreno asistieron los mandatarios Juan Manuel Santos (Colombia), Michelle Bachelet (Chile) y Evo Morales (Bolivia), Mauricio Macri (Argentina) y la presidenta del Congreso de los Diputados de España, Ana Pastor, entre otras personalidades; no estuvo presente el gobernante de Venezuela, Nicolás Maduro.
Los anuncios de Lenin Moreno se caracterizaron por un discurso moderado; ya en su campaña electoral llamó al “diálogo” y al “consenso”, a “trabajar juntos por el país”, en respuesta a las críticas y el cansancio de amplios sectores a los elementos antidemocráticos de la administración de Rafael Correa, y expresando su disposición a llevar a cabo una “agenda” neoliberal, aunque seguramente de forma más gradual de la que pretendía el candidato de la oposición Guillermo Lasso.
En un contexto donde la derecha avanza en toda la región, sobre todo con el triunfo de Macri en Argentina y el golpe institucional de Temer en Brasil, que se encuentra en una profunda crisis, el resultado en Ecuador fue una bocanada de aire para este “progresismo” en retroceso.
Los gobiernos “progresistas” han ido administrando la crisis económica que golpea la región desde hace por lo menos dos años, aplicando ajustes y haciendo mayores concesiones a los grandes capitales que poco tienen que envidiar a los de sus rivales derechistas.
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