El escándalo de corrupción en la empresa Petrobras está alcanzando proporciones nunca antes vistas. Los contratos con las empresas denunciadas envuelven la enorme suma de R$ 59.000 millones. Los acuerdos de “delación premiada” y la devolución de divisas de solo dos empresarios (menores): el ex – director de abastecimiento de Petrobras Paulo Costa y de un gerente subordinado al ex director de servicios, Renato Duque, suman la fortuna de R$ 423 millones, que serán devueltos a los cofres de la Unión y de la empresa. Esta es solo la punta del iceberg, se trata de un robo de billones de reales.

Leandro Lanfredi Trabajador petrolero | Rio de Janeiro
Viernes 21 de noviembre de 2014
Como parte del escándalo se está dando una novedad histórica: la prisión de diversos ejecutivos de las mayores empresas contratistas del país. Este es uno de los motivos de por qué la presidenta Dilma Roussef declaró que “el país nunca será el mismo” después de este escándalo.
En esta situación, nos encontramos con dos peligros, los “hermanos gemelos” que debemos evitar. Por un lado afirmar que “son todos corruptos” sin tener una propuesta de los trabajadores para dar una salida a la crisis, pues le hace el juego a los políticos tucanos y los grandes medios que denuncian a la empresa para beneficiar los negocios imperialistas y avanzar en la privatización del petróleo del país. El otro peligro está en la campaña que los sindicatos de la CUT y los formadores de opinión petistas están lanzando para hacer creer a los trabajadores y jóvenes que todo está siendo investigado, que podemos “quedarnos tranquilos”, que debemos concentrarnos en la defensa de Petrobras, para evitar hacerle “el juego a la derecha, privatizadora”.
Para evitar caer en estos errores y realmente defender a Petrobras, queremos señalar algunos de los motivos de fondo que ni la revista Veja por un lado, ni la CUT por el otro mencionan sobre esta crisis. Sin ver los motivos de fondo no podemos tener una respuesta realmente independiente del imperialismo y la burguesía brasilera y lograr lo que todos los trabajadores brasileros quieren: castigar a todos los corruptos, defender a Petrobras y colocarla al servicio de la mayoría de la población.
La privatización de Petrobras y la cadena productiva del petróleo
Con la propaganda política del PT y los ataques de los medios, los trabajadores tienen la ilusión de que Petrobras es una empresa “estatal”. No lo es. Es una empresa de capital mixto. El accionista mayoritario, la Unión, actúa para garantizar ganancias propias y de los accionistas privados.
Gran parte del accionar de Petrobras está determinado por las leyes y las exigencias de empresas americanas. La excusa para esta injerencia es que serían exigencias legales para que Petrobras pueda vender acciones en Wall Street (lo que en otras épocas el PT llamaría privatización).
Es por este motivo que contrataron a una empresa conocida por sus fraudes contables, la Price Waterhouse Coopers (PwC), para auditar la empresa. Por orden de esta empresa fue alejado de su cargo el presidente de la subsidiaria Transpetro, Sérgio Machado, entre otras acciones que la empresa viene adoptando.
El control imperialista sobre la empresa “nacional y estatal” es compatible con otras dos formas de privatización del petróleo. La asociación de Petrobras con las gigantes internacionales y las contratistas nacionales para explotar petróleo, sea el pre-sal o bien otras zonas petroleras. Y por otro lado, la asociación al mismo tiempo legal y criminal de Petrobras con gigantes capitalistas brasileros y extranjeros en sus obras, la construcción de navíos y plataformas.
Si Petrobras tiene que construir y reparar navíos todos los años, ¿por qué no lo hace la misma Petrobras o una empresa estatal? Al contrario, Petrobras y el Banco Nacional de Desarrollo Económico y Social (BNDES) inyectan billones en empresas creadas en asociación con Camargo Correa, Odebrecht y grandes monopolios imperialistas para tales fines. ¿Por qué Petrobras tiene 320 mil trabajadores fijos tercerizados? ¿Quién se beneficia con esto? De todos estos contratos y de la privatización de la empresa y del petróleo surgen los billones de la corrupción.
El estado formador de las élites y de las mayorías políticas
Mucho se dice de la exigencia de “contenido nacional” en los contratos de Petrobras. Los grandes medios, al servicio de los intereses imperialistas, reclaman una mayor participación extranjera. Su argumento es que haciendo esto lograríamos una economía más vigorosa. Considerando que los trabajadores chinos son súper-explotados, construir en ese país costaría menos. No se preocupan en generar empleos ni nuevas tecnologías.
Por otro lado, el PT y muchos intelectuales elogian este tipo de medidas que exigen que hasta el 75% de algún producto suministrado por Petrobras sea hecho en el país. Su elogio encubre la ayuda de Petrobras para que surjan y se desarrollen empresas capitalistas ligadas a la prestación de servicios para el Estado. Ayuda que está íntimamente ligada a la corrupción.
Con un discurso “nacionalista” no cuestionan la ayuda que Petrobras dio a Odebrecht (vía grupo Braskem) para que se transformara en un monopolio petroquímico (generando daños a la propia Petrobras que es socia minoritaria en esa empresa). No cuestionan el “empujón” para que las empresas se transformen en administradoras de astilleros y otras ramas ligadas al petróleo: de suministro de mano de obra tercerizada, insumos y plataformas.
No se trata de un avance en el desarrollo del país, sino de la promoción para la formación de “gigantes nacionales” capitalistas. Petrobras actúa como auxiliar de la política del BNDES en formar gigantes empresariales. Una parte de la ayuda a estos empresarios la devuelven a los partidos legalmente (donaciones) e ilegalmente (corrupción, sobreprecios, etc.). Estos dos aspectos confluyen. Se trata de un instrumento para formar élites y al mismo tiempo formar (y comprar) bloques políticos al servicio de esta élite y del gobierno. Esas empresas no están ligadas a un gobierno sino al Estado, ayudan tanto al PT como al PSDB ya que buscan lucrar y crecer independientemente de quién gobierne.
“Fin de ciclo” y mayor presión imperialista
El ciclo de alza de precios de las commodities (hierro, petróleo, soja, azúcar, cobre, entre otras), combinado con el gran flujo de capital extranjero permitió varios años de desarrollo económico en toda América Latina. Este ciclo se combinó con la asunción de gobiernos “pos-neoliberales”, que supieron usarlo combinando pequeñas concesiones de derechos y mejoría de las condiciones de vida de la población, para recomponer la estabilidad y los negocios de la élite en sus países.
Fueron años de estabilidad, crecimiento, “mejoras graduales” mientras las élites batían récords de ganancias. Pero este ciclo ha terminado. No hay condiciones económicas para su continuidad y además un gran desgaste político, sea en Venezuela, en Brasil o en Argentina (salvando las diferencias).
Percibiendo esta situación, el imperialismo y especialmente el norteamericano, muestra sus garras. Quiere asegurarse mejores condiciones en un nuevo ciclo. En Argentina, el gobierno americano, a través de funcionarios de segundo nivel y de jueces, está extorsionando al país a través de las acciones de los “fondos buitres”. En Brasil, la PwC (Price Water Cooper) chantajea a Petrobras y en breve, veremos agencias reguladoras de la Bolsa de Valores yanquis aumentando su presión. El encarcelamiento de empresarios, al perjudicar los negocios de las grandes empresas brasileras, puede favorecer los negocios de los Estados Unidos.
Uno de los obstáculos para el ALCA (el acuerdo de libre comercio de las Américas) era la exigencia norteamericana de que Brasil abriera su mercado de licitaciones públicas. Los contratistas yanquis quieren una parte de los beneficios de las contratistas locales. En el escándalo de corrupción que afecta a Petrobras, los EE.UU. encontraron dos ejes fundamentales para intervenir: quieren una parte mayor del petróleo y de los negocios relacionados a él, acabar con la exigencia de “contenido nacional” y participar en las licitaciones públicas.