Entrevistamos a Ana, trabajadora inmigrante para quien “la precariedad laboral, el racismo y el acoso sexual, son violencias contra las que nos enfrentamos todos los días en los trabajos”.
Àngels Vilaseca Barcelona / Trabajadora de Servicios Sociales
Lunes 24 de abril de 2017
¿De qué trabajas actualmente? Cuéntanos tu situación laboral como mujer trabajadora e inmigrante.
Ana: Actualmente limpio casas por horas. Hago casi 10 casas a la semana. Me toca hacer toda la limpieza, sacar el polvo, lavar baños.
¿Consideras que las horas por las que te contratan, son las que necesitas para llevar a cabo todas las tareas?
Ana: En absoluto, para poder hacerlo todo se necesita mucho más tiempo. A parte, en algunas casas me han llegado a tratar de forma humillante. Hace poco en una de ellas, el señor de la casa me dijo: «A la próxima que vengas vamos a poner una latona y a ver si me haces los pies». No le dije nada, pero yo por dentro pensaba, “a mí me contrataron para limpiar y no para hacerle los pies”.
Por otra parte, durante los fines de semana también trabajo de camarera en una discoteca. Y allí si que se nota mucho más todo lo que es el tema del machismo, con los clientes, pero, ¡también con el jefe!
¿Por qué lo dices? ¿Cómo se refleja la violencia patriarcal en tu trabajo?
Ana: Es por lo que nos exigen. Nos obligan a llevar un determinado tipo de ropa para estar «sexys» ante los clientes. Y nos prohíben llevar la ropa que queremos o que nos sea más cómoda para trabajar. Por ejemplo, no podemos ponernos pantalones o nos obligan a llevar tacones, e incluso, no podemos llevar camisetas de manga larga, por más que haga frío.
A la vez, también tenemos que aguantar todos los piropos de los clientes, y encima tenemos que sonreírles. Eso es algo que te enseñan al trabajar en una discoteca. Tienes que ser amable, servirle la copa y sonreírle, por más que no quieras hablar con él y te estén tratando mal.
Y como trabajadora inmigrante, ¿también vives discriminación laboral?
Ana: Mira yo llevo casi 13 años en España, y poder conseguir los papeles me costó unos 4 años. Cuando llegué estuve trabajando en varios sitios. Primero como camarera, y el jefe siempre me prometía que me iba a tramitar los papeles. El caso es que yo tenía que irme un tiempo a mi país, y el me prometió que los iba a enviar, pero nunca lo hizo, y tuve que volver a España con un visado de turista. O sea me había engañado, y al volver, él quería que trabajase con las mismas condiciones, es decir, sin pagarme la seguridad social ni nada. Después me fui a trabajar a otro sitio, donde supuestamente también tenían que tramitar mis papeles, pero tenia al resto de trabajadores en la misma situación que yo, sin contrato, o sea que tampoco no iba a hacer nada.
Luego cuando me vine a Barcelona y estuve trabajando con una familia como empleada de hogar. Nos hacen chantaje por los papeles, como si fuera nos hicieran un “favor”. Los papeles no pueden ser un chantaje para explotarnos, son un derecho, no un favor”.
Recuerdo que en el primer sitio dónde trabajé, un día, mientras reponía los refrescos en el almacén me di un golpe muy fuerte en la cabeza y se me abrió. Entonces le llamé a mi jefe, vino el con su mujer y me dijeron que me subiese arriba, que ella me iba a curar la herida. Y yo les pregunté, «¿No tendría que ir a un hospital?», ¡porque realmente me dolía mucho! Y me dijo que no, “que era peligroso porque los policías allí me podían agarrar”. Como aún no tenía papeles, ellos me metían miedo. Pero luego me di cuenta que no lo decían por mi, sino que era por ellos, claro, porque me tenían sin contrato ni nada.
Recuerdo que siempre en el trabajo me decían: “mira si viene un policía, tu no hables mucho, porque a ti no se te nota, pero cuando empiezas a hablar ya se te nota el acento. O sea trata de no hablar mucho.” Y otras cosas... de repente si el jefe estaba de mal humor me gritaba delante de los clientes, al principio me callaba, pero luego ya empecé a contestarle.
¿Cómo eran tus condiciones laborales en este sitio?
Ana: Yo trabajaba de lunes a lunes, y cobraba sólo 700 euros. Y mi horario era de cinco de la tarde a tres de la mañana, pero si se quedaba algún cliente, pues yo me tenía que esperar a que se fuera, y quedarme allí toda la noche con la persiana bajada.
Un día a la noche mientras limpiaba el baño, mi jefe vino y me quiso apretar adentro. Al final no me hizo nada, pero porque yo empecé a gritar y bajó su mujer, pero tuve que mentir y no le conté nada a la mujer. Más bien no lo hice, porque me dio pena ella, porque ella me trataba bien. Pero a raíz de eso, me dije a mí misma que ya no me iba a callar, porque si el jefe me buscaba otra vez, sabía que yo se lo iba a contar todo.
¿Cómo crees que nos tenemos que organizar las mujeres trabajadoras?
Ana: Yo creo que primero, sobre todo, respetándonos a nosotras mismas y sacarnos todos los prejuicios. Por ejemplo, yo no tenía por qué aguantar todo lo que pasé trabajando como camarera, solo por ser mujer e inmigrante. Y es que yo valgo por lo que soy y no por lo que quieren de mi. Creo que para esto tenemos que mentalizarnos y organizarnos, para decir ¡basta!. Y así lo estoy haciendo con mis compañeras y amigas inmigrantes y trabajadoras, en la campaña con Pan y Rosas, contra todas las violencias machistas. Porque la precariedad laboral, el racismo y el acoso sexual, son violencias machistas contra las que nos tenemos que enfrentar todos los días en los trabajos.