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OPINION. Los reos del siglo XXI

Escucha y lee la editorial de Gastón Remy en Pateando el tablero Jujuy, la izquierda en radio que se transmite por radio Transamérica 104.1 FM todos los sábados de 9 a 12 horas.

Gastón Remy

Gastón Remy Economista, docente en la Facultad de Cs. Económicas de la UNJu. Diputado provincial del PTS - FITU en Jujuy, Argentina.

Domingo 18 de noviembre de 2018

El origen de la palabra trabajo proviene del latín, tripalium, que significaba literalmente ’tres palos’ y era un instrumento de tortura formado por tres estacas a las que se amarraba al reo en el imperio romano.

Esta semana en la provincia tuvimos una contunde muestra de la vigencia que tiene el origen de esta palabra para los principales integrantes del régimen de los políticos tradicionales.

Repasando, el ministro de Trabajo, Jorge Cabana Fusz, confirmó en la comisión de trabajo de la legislatura la autorización de adolescentes de 16 y 17 años para que trabajen en el campo.

Esta cobertura legal de una realidad que tiene en Argentina a los niños y niñas de 5 a 15 años iniciando sus actividades laborales al promedio de 11 años y, a los adolescentes a los 14 -pese a ser ilegal- no puede más que ratificar el rol cómplice del gobierno y el Estado frente a la explotación infantil de las patronales del campo y de la ciudad.

Una voz consciente y de clase (propietaria)

Pareciera que el mensaje del ministro de Trabajo envalentonó a los suyos y, en plena sesión los diputados de la UCR, el massismo jujeño y el PJ, dejaron en claro su pertenencia a la clase propietaria de las tierras y de los medios de producción.

Quien largó la primera piedra fue el diputado massista, Marcelo Nasif, ratificando el trabajo infantil en el campo y sus bondades cardiológicas, “el que agarra una pala de chico, se evita un infarto de grande”, afirmó. Con estas declaraciones muy flojas de experiencia vital llegó a las páginas del diario Clarín; mientras despertó el repudio popular.

No se pudo quedar atrás el empresario y presidente del PJ, Rubén Rivarola, quien se atrevió a pronunciar el apellido Jenefes, perteneciente al ex vicegobernador de Fellner, un hombre muy enterrado en miles de hectáreas de tierra. A la vez, que aprovechó para recordar que los de enfrente también tienen gente llena de tierra. La senadora Silvia Giaccopo una excelsa tabacalera, también cayó en la volteada. A ellos y ellas, y él mismo, los considera fundamentales para que exista trabajo en Jujuy.

Pero los políticos tradicionales no hablan por boca ajena defendiendo el trabajo infantil, no les hace falta, porque todos ellos guardan una relación orgánica con la tierra y las grandes empresas que operan en el territorio provincial poniendo en los tres palos a los reos asalariados todos los días.

Cifras del terror

En el NOA existe el mayor nivel de trabajo infantil del país. El 20,1 % de los niños y niñas de 5 a 15 años que viven en el campo realizan alguna actividad productiva. En el caso de las y los jóvenes de 16 a 17 años la situación es mucho peor.

En pleno siglo XXI que existan estos niveles de trabajo infantil y adolescente en actividades para el mercado, en el autoconsumo familiar o en tareas domésticas intensivas, causa escalofríos y tiene como consecuencia la degradación de sus infancias y adolescencias.

El abandono de la escuela y la repitencia son algunos de los principales resultados del trabajo infantil.

No existe un disfrute en el trabajo, sino que existe una enorme necesidad económica, el 71 % de los adolescentes lo hacen para ganar dinero y ayudar sus familias.

Los bajos salarios de la región, el trabajo precario que alcanza al 42,1 % y la pobreza en alza creciente recrean un círculo perverso que lleva a que el conjunto de la familia obrera tenga que iniciarse entregando la fuerza de trabajo de sus hijos a cada vez más temprana edad.

¿El trabajo dignifica?

En la medida que el capitalismo lleva a los niños, niñas y adolescentes al trabajo productivo nos acerca más a la antigüedad y a los tres palos que a la posmodernidad líquida y del fin del trabajo manual, un latiguillo conceptual con el que algunos intelectuales intentan legitimar la sumisión de la clase obrera.

Todos los días el capital busca la forma de solucionar sus crisis y, una de ellas sin dudas es con el trabajo infantil y de las mujeres que reciben un salario un 20 % inferior respecto de los varones por desempeñar igual tarea.

En su época de oro, el capitalismo con su revolución industrial moviendo el mundo, no dejó tampoco de lado el trabajo de niñas, niños y mujeres. Sino que las máquinas le permitieron incorporar a la gran industria a seres de escasa fuerza física o de desarrollo corporal incompleto, pero de miembros más ágiles, contaba Marx en El Capital.

En el capitalismo contemporáneo la presencia de niños, niñas y adolescentes en trabajos para patrones no está guiado por el avance de las máquinas, sino fundamentalmente por la precarización de la vida de las familias que exige que más miembros salgan a trabajar como vía para llegar a fin de mes; cuestión que se cobra con creces y hasta con la vida misma en las zonas rurales.

No solo es el trabajo infantil en el tabaco, la frutilla o el arándano por estas latitudes, en el mundo hay 218 millones de niñas y niños que realizan actividades productivas. Incluso las multinacionales de la denominada “nueva economía” como Apple también han recibido fuertes denuncias por el trabajo de menores extrayendo minerales en el Congo. Móviles machados de sangre, se le llama también a los iphone que la gente de alto poder adquisitivo disfruta.

Ampliar el tiempo vital de la clase trabajadora sirviendo al capital, es la fórmula con la cual condenan a la humanidad a vivir para trabajar

Hecha la Ley, hecha la trampa

Distintos organismos internacionales y nacionales, instituciones y hasta los sindicatos, se muestran preocupados por el trabajo infantil, lanzan pomposos programas de erradicación y prevención; pero es solo eso, una cara de preocupación.

Mientras tanto los capitalistas donde pueden avanzan quitándoles a los niños y niñas los juguetes, la educación, mientras degrada las relaciones del conjunto de la familia que se transforma día a día en un apéndice de la línea de producción o del surco del patrón.

Con el trabajo infantil sortean un obstáculo para disponer de la vida de las familias obreras, reduciendo en los hechos la edad de incorporación de la fuerza de trabajo al mercado –un ejemplo legal de ello es la reforma del secundario de Macri que entrega a los jóvenes a pasantías laborales en el quinto año-; mientras por otro lado, con nuevas reformas laborales y previsionales, buscan extender la edad de retiro de los trabajadores esto es lo que quieren hacer por ejemplo en Francia, en Brasil y en Argentina. Ampliar entonces el tiempo vital de la clase trabajadora sirviendo al capital, es la fórmula con la cual condenan a la humanidad a vivir para trabajar.

Que hoy los capitalistas aparezcan como los “dadores” de trabajo, es el resultado de la apropiación de las tierras de los pueblos originarios

Sin libertad

Decía Marx que cuando los capitalistas emplean a personas que se hallan en estado de minoridad queda al desnudo que el contrato laboral, entendido como un contrato de personas libres y en igualdad de oportunidades, es una mera ficción. Detrás del contrato están los tres palos.

Que hoy los capitalistas aparezcan como los “dadores” de trabajo, es el resultado de la apropiación de las tierras de los pueblos originarios a sangre y fuego desde la conquista española y luego con la conquista de la oligarquía que fundó el Estado-Nación. A la vez, que desde el Estado reciben concesiones y ayudas de todo tipo para seguir amasando sus fortunas.

Nuestro futuro exige medidas anticapitalistas

Para que la historia avance y de suyo la humanidad es necesario ponerle fin a la explotación capitalista y reducir el trabajo humano a su mínima expresión aprovechando el avance de la tecnología. Con la mirada puesta en este objetivo, construimos la organización política capaz de unir a la clase trabajadora adulta, con la juventud y las mujeres de donde puede salir la fuerza social capaz de vencer a los capitalistas y su Estado.

En ese camino arrancar el derecho del trabajo a los capitalistas y a la infancia y a una adolescencia plena, implica pelear por el aumento del salario mínimo a lo que vale la canasta familiar, la reducción de la jornada laboral, el reparto de las horas de trabajo entre ocupados y desocupados, becas integrales de estudio, jardines maternales, escuelas con doble jornada, centros recreativos y culturales públicos y gratuitos, entre otras cuestiones. Son pasos que van moldeado la unidad necesaria para que no roben nuestro futuro, puesto que nuestras vidas valen más que sus ganancias.


Gastón Remy

Economista, docente en la Facultad de Cs. Económicas de la UNJu. Diputado provincial del PTS - FITU en Jujuy, Argentina.

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