La indignación por el ataque porril, también es la indignación por más de una década de agravios contra la juventud, hemos crecido bajo la “guerra vs el narco”, los desaparecidos, el asesinato a luchadores sociales y periodistas y el aumento a la violencia contra las mujeres.
Viernes 21 de septiembre de 2018
Con la fuerza de las mujeres: ¡Luchamos en defensa de la educación pública y contra la violencia patriarcal!
El ataque porril del 3 de septiembre, despertó la indignación estudiantil. Las mujeres estudiantes, trabajadoras y académicas universitarias nos hemos puesto al frente de las asambleas, los paros y las movilizaciones masivas junto a nuestros compañeros, para repudiar el ataque orquestado desde Rectoría y exigir la democratización de nuestras escuelas y universidades. Pero esta fuerza tiene que ir por mucho más.
La indignación por el ataque porril, también es la indignación por más de una década de agravios contra la juventud, hemos crecido bajo la “guerra vs el narco”, los desaparecidos, el asesinato a luchadores sociales y periodistas, el aumento a la violencia contra las mujeres, la criminalización por el derecho a decidir, el feminicidio y los crímenes de odio, el desempleo, la precarización de la vida, con miles de jóvenes excluidos de la educación superior. Nos quieren quitar el futuro.
Ante este duro panorama y con la emergencia de un nuevo movimiento juvenil, es necesario ir más allá de las demandas estudiantiles, desde Pan y Rosas ponemos todos nuestros esfuerzos para que este movimiento se desarrolle y se fortalezca, por ello consideramos que:
En primer lugar, el movimiento debe conservar su independencia política respecto los partidos del régimen, responsables de la violencia en la que estamos sumergidas. Pero también estos partidos operan dentro de la UNAM y de las autoridades universitarias, que son las que financian a los grupos porriles, pactan con los empresarios mientras niegan la violencia dentro del campus.
Desde el movimiento estudiantil también expresamos la rabia y el hartazgo que nos provoca la perpetuación de la violencia patriarcal en los espacios educativos y universitarios. Ante las terribles condiciones que enfrentamos a diario, denunciamos que las autoridades minimizan los casos de acoso y abuso sexual dentro de las escuelas y también, obstaculizan las investigaciones en casos de violación, desaparición y hasta feminicidios de compañeras, como lo hicieron con Miranda y Lesvy, reflejos en nuestra Universidad de la situación del país. El tribunal universitario es el órgano inquisidor de la UNAM, con casi 4 mil expulsados políticos. La paridad de género no cambiará su carácter represivo. Toda política que apunte a legitimarlo fortalecerá la antidemocracia en la UNAM. Si queremos triunfar no debemos confiar en ninguna autoridad universitaria, sino en nuestras propias fuerzas y en el poder de la movilización.
En segundo lugar, peleamos porque la toma de decisiones dentro del movimiento sea democrática. Para nosotras se debe integrar a la comunidad de conjunto, con asambleas tripartitas (con trabajadores, académicos y estudiantes) y consideramos que esta asamblea no puede ser representativa mientras sólo exprese a un ala dentro del movimiento feminista y funcione de forma antidemocrática censurando y excluyendo a otras organizaciones, colectivos o estudiantes, como hacen con Pan y Rosas por sostener perspectivas políticas distintas.
Un espacio de mujeres verdaderamente representativo tendría que estar basado en comisiones de género tripartitas, autónomas e independientes de las autoridades, donde participen trabajadoras, académicas, estudiantes, así como la comunidad sexodiversa y que tengan mandato de base de asambleas en sus escuelas, con delegadas rotativas y revocables. Estas comisiones deben plantearse cómo garantizar acciones y mecanismos para enfrentar la violencia y prevenirla, así como conquistar más derechos, transporte gratuito a toda la ciudad, comedores y guarderías gratuitas, así como por clínicas de interrupción legal del embarazo dentro de la UNAM. También, cómo lograr una educación no heteronormada ni sexista y libre de homolesbitransofobia y aportar al surgimiento de un masivo movimiento de mujeres.
En tercer lugar nos parece indispensable la unidad e incorporación de otros sectores en lucha, como las y los jóvenes que luchan por el acceso a la educación, las madres que luchan contra el feminicidio y la desaparición, las mujeres que luchan por el derecho a decidir, los pueblos que luchan contra el despojo, las y los obreros que luchan por sus derechos como los Jornaleros de San Quintín, quienes ya saludaron y se pronunciaron en favor de este movimiento. Con los pobladores de Atenco que están resistiendo la construcción del aeropuerto. De igual forma, es muy importante la unidad con el magisterio disidente; en la calles y con estos sectores populares está la fuerza vital que el movimiento tiene que aprovechar.
Por el derecho a decidir y contra la violencia patriarcal
Frente a la impunidad, el aumento de la violencia contra las mujeres, la represión a las luchadoras sociales, la criminalización de nuestro derecho a decidir y los crímenes de odio, consideramos indispensable que salgamos unitariamente a las calles. Por eso proponemos que el movimiento estudiantil abrace las siguientes demandas: ¡Basta de violencia contra las mujeres! ¡Destitución, juicio y castigo a jueces y autoridades cómplices de impunidad ante el feminicidio! ¡Por Comisiones Independientes integradas por luchadoras sociales, personalidades de derechos humanos y familiares de las víctimas! ¡Por la desmilitarización del país! ¡Alto al ataque y hostigamiento a l@s periodistas y luchadoras sociales! ¡Contra la tortura sexual! Por la separación efectiva entre la iglesia y el estado. Por el derecho a decidir de las mujeres. Por los derechos de la comunidad LGBT+: ¡Esclarecimiento y castigo de los crímenes de odio!
Y este 28 de septiembre: porque el movimiento retome como Jornada de Lucha el Día Internacional por la Despenalización del Aborto, que todas y todos los estudiantes levanten su pañuelo verde por el derecho a decidir y por aborto legal, libre, seguro y gratuito. ¡Justicia Mariana Lima, Miranda Mendoza, Lesvy Berlin!
Desde Pan y Rosas, partimos de una definición fundamental: la violencia patriarcal y la opresión de género son una condición estructural de la sociedad capitalista en la que vivimos. El Estado y sus instituciones, así como la policía y el ejército, son los principales responsables de la reproducción material y simbólica de la violencia patriarcal contra las mujeres. Y desde este punto consideramos que tenemos que enfrentarla.
Nuestra perspectiva es anticapitalista y revolucionaria, es por la emancipación de las mujeres y del conjunto de la humanidad. Peleamos por acabar con la división patriarcal que separa las filas de hombres y mujeres, por impulsar un potente movimiento de mujeres combativo e independiente del Estado. Por que el movimiento estudiantil retome las mejores lecciones de autoorganización y de unidad entre estudiantes y trabajadores, levantando como propia la bandera contra los feminicidios y la violencia patriarcal. Súmate a militar con Pan y Rosas} en tu centro de estudio y de trabajo.