Dicho decreto establece un protocolo que establece normativas como servicio medico y seguridad privada.
Miércoles 1ro de febrero de 2017 15:04
Foto: Infobae.com
El gobernador santafesino Miguel Lifschitz firmó un decreto para regular los eventos nocturnos. Es una medida de contragolpe luego de la muerte de dos jóvenes en Arroyo Seco. Posterior al escándalo y la polémica, Miguel Lifschitz lanzó un decreto en el que establece un protocolo para espectáculos nocturnos masivos, marcando responsabilidades privadas como así también comunales o municipales.
Entre otras normativas, el decreto establece la necesidad de contar con servicio médico y seguridad privada, tener una adecuada señalización de emergencia y un sector para la provisión gratuita de agua potable. Además, obliga a tener servicios de emergencias toxicológicas y dotaciones de limpieza, y encomienda a los municipios a crear “registros” para realizadores de este tipo de eventos.
La medida llama la atención porque establece como requisitos algunas modalidad que desde el vamos deberían constar a la hora de organizar un evento masivo. El decreto de Lifschitz, sin proponérselo, revela que hasta hoy no era obligatorio contar con agua potable o tener un dispositivo de emergencias médicas.
Efectivamente esto es así: en la fiesta donde murieron Lucas Liberatore y Giuliana Maldovan, no había agua para los cientos de asistentes que sufrieron de las altas temperaturas. En ambos fallecimientos se estableció la deshidratación como causa. Aunque inmediatamente algunas voces buscaron responsabilizar a las “fiestas electrónicas” de estas muertes, como el senador socialista Miguel Cappiello que directamente propuso prohibirlas, lo cierto es que las responsabilidades recaen sobre la voracidad empresaria, que lucra hasta cortando el agua, y con la ilegalidad de las drogas, lo que hace que el control sobre los productos que llegan al consumo, sea imposible. Esto, por otro lado, no obsta que la Policía esté involucrada en el comercio y distribución de las drogas.
Además de las curiosas normativas tardías de Lifschitz, toda la discusión evita señalar estas responsabilidades, cayendo siempre el dedo acusador sobre la juventud, que cuenta con cada vez menos lugares para divertirse, y cada vez más caros, y que sufre la negligencia de los empresarios de la noche.