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Red Internacional
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REPRESIÓN EN EL CONGRESO. Macri descargó su odio de clase contra la multitud movilizada

La Policía dejó un tendal de heridos y detenidos. Cuatro personas perdieron uno de sus ojos y decenas fueron hospitalizadas. La escalada ajustadora/represiva no quiere parar.

Rosa D'Alesio

Rosa D’Alesio @rosaquiara

Martes 19 de diciembre de 2017

Foto Joaquín Díaz Reck/Enfoque Rojo

Decenas de miles se movilizaron hasta el Congreso, horas antes de que comenzara la sesión que trataría la contrarreforma previsional.

A pesar de que la CGT no llamó a movilizarse, este lunes una multitud compuesta de decenas de miles de jóvenes trabajadoras y trabajadores, de jubilados y estudiantes se movilizó y copó los alrededores del Congreso Nacional.

Tras una orden judicial el Gobierno de Cambiemos tomó la decisión de realizar un operativo represivo distinto al del jueves pasado, cuando el Gobierno se vio obligado a levantar la sesión en medio de una brutal represión a cargo de la Gendarmería Nacional.

Ayer, en un segundo intento oficial para que Diputados apruebe la ley, Horacio Rodríguez Larreta dispuso un operativo solo con la Policía de la Ciudad, a la que se sumaría en una segunda etapa represiva la Policía Federal. Gendarmería quedaría excluida de intervenir, aunque en un momento de la tarde se la vio aprestarse por las dudas que fuera convocada.

También hubo un cambio en el vallado. A diferencia del jueves, esta vez el Parlamento fue cercado con vallas de dos metros de alto que impedían acercarse al edificio a menos de 200 o incluso 300 metros. Una invitación a la bronca e indignación de quienes querían acercarse al Congreso para repudiar el plan de ajuste previsional de Macri.

La sesión comenzaría a las 14. Pocos minutos antes los manifestantes seguían a través de sus celulares qué ocurría dentro del Parlamento. La seguridad de que Cambiemos conseguiría quórum fue calentando el clima de quienes habían llegado a la plaza realmente indignados. La Policía fue pasando de una actitud (extrañamente) pasiva a otra que expresa lo que verdaderamente sabe hacer.

Tras dos horas sin avanzar, finalmente desde el Ministerio de Seguridad y Justicia porteño se bajó la orden de descargar la represión. Balas de goma, gases lacrimógenos y palazos a quien se cruzara por delante.

Ya arrancada la sesión en el recinto, muchos diputados de la oposición pidieron que se levantara porque alrededor del Congreso se estaba desatando una dura represión policial. Las vallas en un momento fueron inútiles y la Policía empezó a arremeter contra la población movilizada.

Alrededor de las 15 el presidente de la Cámara, Emilio Monzó, propuso un cuarto intermedio y llamó a su despacho a los titulares de bloques para evaluar cómo seguir. Tras comunicarse con la Casa Rosada Monzó anunció que la sesión debía continuar y debía votarse la ley.

Fue entonces cuando Monzó dijo, sin eufemismos, que había “agresiones en la calle, pero los funcionarios estiman controlarlas en la próxima media hora”. ¿Qué quería decir Monzó con “controlarlas”?

Como si estuviera todo planificado, apenas dijo eso Monzó en la plaza se desató una cacería. Las fuerzas policiales (ya sumadas las patrullas de la Policía Federal) volvieron a disparar balas de goma y gases. Corrieron a los manifestantes, los golpearon y se llevaron varios detenidos.

Hubo patrulleros, motos y hasta camionetas policiales que, como si hubieran recibido una misma orden, pasaron por encima de la gente en varios puntos de la geografía céntrica de la Ciudad. Algunas de las víctimas, desde jóvenes a jubilados, debieron ser hospitalizados con heridas de gravedad.

Hubo heridos por atropellos, por balazos de goma, por los efectos reactivos de los gases pimienta y lacrimógenos y por los palazos previos a la detención.

Al menos cuatro manifestantes perdieron uno de sus ojos: un obrero del Astillero Río Santiago que se había movilizado desde Ensenada junto a 700 compañeros, un militante del Frente de Organizaciones en Lucha (FOL) y dos de la Coordinadora de Trabajadores de la Economía Popular (CTEP).

Entre los heridos/detenidos está Carlos Artacho, trabajador telefónico, dirigente del PTS y miembro (por la minoría) de la comisión directiva de Foetra Buenos Aires. Durante horas la Policía lo tuvo detenido sin atención médica, pese a que le rompieron la cara a palazos.

Hubo muchas denuncias sobre un modus operandi de la Policía: cada mujer u hombre que caía en manos de los efectivos recibía una batería de golpes e insultos del tipo "te vamos a matar" o "vos vas a desaparecer".

Varios periodistas fueron agredidos y otros fueron detenidos durante la cobertura de los hechos. Según la agencia Télam, se denunció la detención de trabajadores de FM La Patriada y heridas sufridas por el periodista Mauro Fulco de C5N, “alcanzado por la represión policial en cercanías del Congreso, como también un periodista de Crónica TV”. A su vez el sindicato Sipreba denunció la agresión policial a dos fotógrafos de Página|12, Bernardino Ávila (herido con un corte en la frente) y Leandro Teysseire (lastimado en la cara por el impacto de un balazo de goma).

El Gobierno montó un teatro. En la primera escena de las horas previas, el operativo policial parecía ser mucho más distendido que el planificado por la ministra Bullrich que envió un ejército de gendarmes en día de la fallida sesión del jueves pasado.

En la segunda escena, se mostraba personas que tiraban piedras y la “inofensiva Policía seguía sin actuar”. Muchos dirigentes de las organizaciones movilizadas denunciaron la presencia de infiltrados. El exdiputado Claudio Lozano lo pudo comprobar en carne propia.

El Gobierno montó ese escenario de provocación para deslegitimar la masiva movilización que expresó el odio de un sector amplísimo de la sociedad sobre estas medidas antiobreras.

La prensa oficialista reprodujo el libreto de Cambiemos. Hablaron durante toda la jornada del lunes sobre la violencia. No la del Gobierno y sus fuerzas represivas sino de algunos manifestantes que, luego que uniformados comenzaran la cacería, se defendieron tirando piedras.

Un enfrentamiento asimétrico entre el Estado armado hasta los dientes y manifestantes que sólo tiene para defenderse gajos de limón y algunas piedras.

Hablan de manifestantes violentos pero, como dijo la legisladora porteña del PTS-FIT Myriam Bregman en un programa de C5N, “Macri habla de violencia cuando él y su familia durante la dictadura pasaron de tener de 7 a 47 empresas”.

Los que apoyaron el genocidio y hoy le roban a 17 millones de personas sus ya escasos ingresos lanzan a través de medios adictos, que también apoyaron el genocidio como el Grupo Clarín y La Nación, campañas macartistas contra los manifestantes y la izquierda que defiende a los jubilados.

El FIT sacó más de un millón de votos en las últimas elecciones y se movilizó para impedir que se apruebe esta ley. Nicolás del Caño dijo que sólo a punta de pistola podrían aprobarla porque más del 70 % de la población se opone.

Las leyes antiobreras, medidas regresivas que pretenden retrotraer derechos adquiridos que le costó al movimiento obrero décadas de lucha para conquistarlas, son la base para entender por qué un sector de los manifestantes intentó parar las leyes poniendo el cuerpo. Arriesgando su vida.


Rosa D’Alesio

Militante del PTS, columnista de la sección Libertades Democráticas de La Izquierda Diario; se especializa en temas de narcotráfico y Fuerzas Armadas.

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