Los maestros de honorarios, o de recursos propios, representan gran parte del aparato docente de las principales universidades de Ciudad Juárez, sin embargo viven en la precariedad, sin prestaciones, sin ningún tipo de seguridad y con el riesgo semestre tras semestre de ya no volver a ser contratados.
Miércoles 25 de enero de 2017
Hubo una época cuando ser maestro implicaba cierto respeto social, buen estilo de vida, vacaciones pagadas, grandes prestaciones provenientes de conquistas de décadas atrás. Sin embargo ese panorama ha cambiado en el ámbito de la educación superior donde año con año decenas de maestros se preparan para impartir clases sin ningún tipo de seguridad laboral, ni médica, y sin el goce de las prestaciones que por ley le deberían conceder a todos los trabajadores. Se trata de la terrible situación de los maestros de honorarios.
Los maestros de honorarios, también llamados maestros de “recursos propios” están incorporados a las principales universidades de Ciudad Juárez y no gozan de los grandes beneficios que implica una plaza de horas base, medio tiempo, tres cuartos de tiempo o tiempo completo, como sucede en la educación preescolar, primaria, secundaria y de preparatoria.
El salario que perciben por hacer la misma labor, o incluso más labor que los maestros basificados, rondan entre los 130 y 170 pesos por hora clase, dependiendo del grado académico adquirido al momento de su contratación, licenciatura, maestría o doctorado para el caso de la Universidad Autónoma de Ciudad Juárez. En promedio, un maestro que imparte 4 clases con un total de 16 horas a la semana está ganando cerca de 8300 pesos al mes, a lo cual se le tienen que descontar los impuestos, puesto que necesitan entregar un recibo de honorarios para obtener el pago cada quincena.
En el caso del Instituto Tecnológico de Ciudad Juárez la precariedad es tal que su pago es efectuado hasta finalizar el semestre laborado y los días inhábiles por cuestiones de calendario o algún evento climático son descontados de su cheque final, además de que aquí la hora clase laborada se paga a escasos 100 pesos sin importar el grado académico del maestro, con lo que con 19 horas a la semana, en el mejor de los casos, el salario que se percibe sería de tan solo 7600 pesos sin contar el descuente de los impuestos por el debido recibo de honorarios.
En ambas universidades los maestros no tienen vacaciones pagadas como los maestros basificados por la SEP ni cuentan con las prestaciones básicas como el aguinaldo o el fondo para el retiro. Según su clasificación, se trata de hora laborada, hora pagada.
Más allá de los bajos salarios, la falta de prestaciones indispensables de cualquier trabajador sindicalizado, la cuestión es más crítica para los maestros que se dedican a esta labor, pues al ser sus contratos temporales, éstos no tienen garantía de volver a ser contratados al siguiente semestre y dicha contratación depende prácticamente de las necesidades de las universidades cuando sus maestros basificados ya han cubierto las clases que impartirán.
Esto ocasiona que los maestros de honorarios impartan dos o tres clases un semestre y una clase o ninguna el semestre subsecuente. Por lo que su salario puede pasar de 8300 pesos al mes, en el mejor de los casos, a cerca de 2000 pesos mensuales considerando una sola clase impartida por semestre.
Más aún, no se trata de clases de horario corrido, sino que los maestros de honorarios muchas veces sirven para rellenar los huecos en los horarios ya establecidos para los maestros basificados, por lo que pueden tener clases en la mañana y en la tarde el mismo día, imposibilitando con ello conseguir algún otro trabajo.
La situación actual de los maestros refleja la precariedad dentro de los trabajos realizados por profesionistas. Muchos de ellos son realmente jóvenes e incluso recién egresados de maestrías y doctorados, y se ven relegados a sufrir las carencias de un aparato educativo que les da muy poco a cambio del mismo o mayor esfuerzo que los maestros basificados dentro del sistema educativo.
Vivimos bajo un sistema donde la explotación laboral es bastante evidente en el mundo industrial y pocas veces volcamos nuestra mirada a los trabajos donde laboran los profesionistas, egresados de grandes universidades, quienes como muchos otros fueron engañados con el viejo lema de que el estudio te dará mejor vida. Cientos, miles de ellos viven en carne propia la falta de prestaciones, contratos colectivos, seguridad laboral y permanecen en las sombras, en el anonimato, de ellos nadie habla.
Es imperativo alzar la voz en pro de los maestros que sufren la precariedad profesional y que día a día dan parte de su vida y su tiempo para hacer de los estudiantes los grandes profesionistas del futuro.