Los principales indicadores muestran que 2017 seguirá la tendencia de la desaceleración. La economía española, aunque fuera de la recesión, sigue manteniendo fuertes contradicciones internas.

Carlos Muro @muro_87
Miércoles 30 de noviembre de 2016
Entre julio y septiembre la economía creció 0,7% tras seis trimestres con tasas del 0,8%, además el PIB aumentó del 3,2% al 3,4%. Para los grandes medios de comunicación, como El País, todo va “viento en popa”. Pero la realidad es más complicada de lo que parece.
Según el BBVA Research este año la economía española terminará con un crecimiento en torno al 3,3%. Sin embargo, las previsiones de desaceleración para 2018 se mantienen, situándose el crecimiento en un 2,5% en 2017 debido a la “elevada incertidumbre tanto interna como externa”. Un eufemismo para no hablar de la falta de mayoría parlamentaria del PP o, a nivel internacional, el Brexit y la victoria de Donald Trump en Estados Unidos.
El consumo interno sigue en números positivos, aunque entre julio y septiembre se ralentizó un 0,6%. En relación a la demanda externa hay cambios importantes, debido a que las exportaciones se desplomaron un 1,3% tras casi tres años de tasas positivas. Una de las principales razones puede ser la debilidad del comercio internacional, particularmente por las dificultades de China y los llamados “países emergentes”.
Sin nuevas fuentes de valorización
Como anunciábamos en anteriores artículos, la inversión sigue siendo uno de los principales problemas de la economía, creciendo tan solo el 0,1% frente al 1,1% registrado en el segundo trimestre. Según afirma el economista José Carlos Díez, “este frenazo de la formación bruta de capital es preocupante y está muy vinculada a la caída de las exportaciones”.
Por sectores, los servicios –hostelería, comercio o turismo- siguen siendo el motor del PIB español con una subida del 0,8%. La industria apenas crece un 0,1% y la construcción avanza un 0,5%, cinco décimas menos de lo que creció en el trimestre anterior. Un desequilibrio macroeconómico donde los sectores de bajo valor añadido pesan más que los sectores industriales. Un sector enmarcado en una creciente competencia internacional y superada por países con mayor nivel tecnológico.
El problema estratégico, la falta de nuevas fuentes “reales” para la acumulación de capital, sigue ahí, combinado con las debilidades de la economía internacional -y en particular de los llamados “países emergentes”-, la crisis de la UE, los mayores roces interestatales y las crisis de regímenes como el español que añaden aún más límites para ese objetivo.
La precariedad… la receta de la patronal
El empleo precario creado hasta ahora sería, más o menos, expresión de las dificultades del capital de incrementar la tasa de ganancia de forma ampliada. Un sector con baja inversión y cualificación profesional.
Los últimos datos muestran que la productividad retrocede un 0,1% y la remuneración por asalariado solo suma un 0,1% con una variación de precios que solo avanza un 0,3% -con la previsión de que en 2017 la inflación llegue al 2%-. O lo que es lo mismo, pérdida de poder adquisitivo de los trabajadores y trabajadoras.
Como se ve, malas paerspectivas para la economía y para la población asalariada en particular, o debieramos decir "en general", puesto que es la mayoría de la población.

Carlos Muro
Nació en la Zaragoza en 1987. Es estudiante de Historia en la UNIZAR. Escribe en Izquierda Diario y milita en la Corriente Revolucionaria de Trabajadores y Trabajadoras (CRT) del Estado Español.