La lectura del requerimiento de elevación a juicio llegó a su fin. Cuarto intermedio hasta el próximo jueves 12 a las 9.
Maximiliano Olivera @maxiolivera77
Sábado 7 de mayo de 2016
Pasadas las 9, ingresaron a la sala del Tribunal Oral Federal en lo criminal los magistrados Gabriel Eduardo Casas, Carlos Enrique Ignacio Jiménez Montilla y Juan Carlos Reynaga, y los imputados por delitos de lesa humanidad durante el Operativo Independencia (OI), entre febrero de 1975 y marzo de 1976. Ya se encontraban ubicados la querella y familiares de las víctimas.
En el banquillo de los acusados se encuentran Roberto “el Tuerto” Albornoz, Luis Armando de Candido, Miguel Ángel Moreno, Ramón César Jodar, Ricardo Oscar Sánchez, José Luis Figueroa, José Ernesto Cuestas, Alberto Svendsen, Julio César Meroi, Francisco Orce y Manuel Villa. Mediante teleconferencia siguen el proceso Jorge Capitán, José Del Pino, Néstor Castelli, Pedro Adolfo López, Hugo Omar Lazarte, José Roberto Abba y Omar Parada (desde Buenos Aires) y Casiano Pedro Burtnik (desde Misiones). En la primera jornada, el tribunal decidió apartar del juicio a Enrique Bonifacino por padecer una fase inicial de Alzheimer, aunque permanecerá con prisión preventiva.
Durante este tramo de la audiencia, que duró hasta las 14, finalizó la lectura del requerimiento de elevación a juicio. En el primer día se había analizado el marco regulatorio del OI, que fue definido como un “plan sistemático de exterminio” inaugurado por un decreto de Isabel Perón. También se había dado inicio a la lectura de los hechos en perjuicio de las 270 víctimas que figuran en la causa, aunque solo se llegó a leer lo referido a 124 víctimas.
En la lectura se da a conocer historias de vidas de personas que fueron secuestradas de sus hogares, de su lugar de trabajo o en la vía pública. Todas las denuncias incluyen fuertes golpizas e interrogatorios durante una sucesión de torturas y vejámenes. Los centros clandestinos de detención (CCD) más nombrados fueron la Escuelita de Famaillá (considerado el primer CCD en el país) y la Jefatura de Policía en la capital. También se referenciaron el CCD ubicado en el ex ingenio Lules y la base militar en el ingenio Santa Lucía.
Apilados junto a las bolsas de azúcar
Juan Carlos Castro se encontraba, el domingo 5 de agosto de 1975, jugando al fútbol con Pedro Barboza, Juan Aragón, José Maturana, Carlos Omil, Carlos Rojo, Enrique Paz, Miguel Monasterio, Jesús Centeno, Carlos Eraso, en la aguada del cerro de Famaillá, cuando dos camiones repletos de militares uniformados se hicieron presentes. Los soldados, al mando del “teniente Tito”, se llevaron detenidos a Castro, Barboza, Aragón, Maturana y Centeno (por pedir que no se lleven a sus amigos).
Fueron trasladados a la base militar ubicada en el ingenio La Fronterita, donde funcionaba un CCD en el sector de los conventillos. De acuerdo a la denuncia, fueron apilados junto a las bolsas de azúcar, vendados y tirados al piso frío y húmedo, durante 14 y 20 días. En el lugar también había otros detenidos, hombres y mujeres. Tras ser liberados, Barboza y Maturana fueron nuevamente detenidos y llevados a la Escuelita de Famaillá, donde permanecieron diez días más.
El 4 de octubre de 1975 Castro salía de su trabajo en el ingenio La Fronterita, mientras un jeep de la policía lo esperaba en la entrada de la fábrica. Detenido y trasladado a la comisaría de Famaillá, fue interrogado, entre otros, por el Tuerto Albornoz. Luego fue trasladado a la Escuelita de Famaillá. Sometido a constantes torturas, era interrogado por un supuesto vínculo familiar con el militante del PRT-ERP Ramón Rosa Jiménez (la Compañía de Monte llevaba su nombre a modo de homenaje). Dos días después del golpe, el 26 de marzo de 1976, fue liberado.
Numerosas historias como estas se leyeron ayer. Son el reflejo de la intencionalidad del genocidio: reordenar las relaciones sociales en provecho del capital imperialista y local. La sistematización del plan de exterminio no se podía realizar sin la colaboración del empresariado y del régimen político, los grandes ausentes en el banquillo de los acusados. La brutalidad de los métodos es una respuesta a la alta combatividad y movilización obrera y juvenil que desafiaba los pilares del dominio burgués en Argentina.