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Red Internacional
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PLEBISCITO 25O. Millones queremos acabar con la constitución de Pinochet: retomemos la lucha por una AC Libre y Soberana

Es sumamente importante que la fuerza aplastante que se mostrará hoy por el “Apruebo” en el plebiscito, debe dar un paso a la organización, coordinación, unidad y movilización, ya que si se logra poner esa fuerza de la clase trabajadora, las y los jóvenes, mujeres, mapuche y oprimidos, lograr conquistar las demandas pendientes pasará de la expectativa a la realidad.

Martín López

Martín López Trabajador del Litio

Domingo 25 de octubre de 2020

Este domingo 25 de octubre se llevará a cabo una histórica votación en Chile. Se esperan millones de personas participando en el plebiscito donde se decidirá si se aprueba o rechaza la creación de una nueva constitución. No será una votación cualquiera, no por nada muchos se refieren a que puede ser una votación histórica, comparada con el plebiscito del Sí y No, y muy superior a las elecciones de cargos públicos en el país, donde ¿siempre se da una considerable abstención.

Sin dudas, este plebiscito trae consigo muchas expectativas, sobre todo porque la mayoría de quienes salieron a las calles el 18 de octubre lo toman como consecuencia de la fuerza mostrada por millones en la rebelión popular, como un resultado de las movilizaciones que repletaron el país, donde se cuestionó el régimen heredado de la dictadura y la privatización de todos los derechos sociales de la población.

En este sentido, son diversas las encuestas que muestran las altas expectativas de la población y la centralidad de las demandas sociales aún incumplidas. Por ejemplo, Pulso Ciudadano afirma que un 61,7% de la población considera que la rebelión fue algo positivo que ocurrió en el país y un 68,7% declara que el Gobierno no ha sido capaz de resolver las demandas planteadas por millones.

Por lo tanto, no es casual que sectores de la burguesía y de la derecha vean incómodamente que existe la posibilidad concreta de que la opción “Apruebo” pueda arrasar hoy en las urnas. Y es que millones expresaron el hastío y el repudio a los aspectos más irritantes heredados de la dictadura de Pinochet, como lo son derechos básicos totalmente privatizados y motores de la precarización de la mayoría de la población: salud, educación, vivienda, recursos naturales, pensiones, salarios, entre otras demandas.

Así como millones, queremos acabar con la constitución de Pinochet, por eso vamos por el apruebo en este plebiscito, porque acompañamos y somos parte de ese sentimiento genuino de querer terminar con las herencias de la dictadura. Queremos acabar con la mercantilización de nuestras vidas que fueron profundizadas por el neoliberalismo, pero también somos conscientes que para terminar con todas estas injusticias y desigualdades, tenemos que retomar la lucha de octubre en las calles, el camino de la movilización, de la organización y de la huelga general- como el 12 de noviembre-, porque es esa fuerza la única vía que nos permitirá conquistar nuestras demandas y acabar con esta sociedad de desigualdades, capitalista y neoliberal.

Si hoy se realizará un plebiscito donde se votará si se quiere o no una nueva constitución no es por un favor de los partidos de este régimen, ni menos del Gobierno, es como resultado de la fuerza en las calles, es porque la movilización de millones lo impuso.

Hoy, somos millones los que aprobamos terminar con uno de los pilares fundamentales de la dictadura como es su Constitución aún vigente. Pero, a la vez que ponemos nuestras fuerzas en organizar para retomar esta lucha, no callamos ante cada una de las trampas de este proceso constituyente nacido en el “Acuerdo por la Paz y Nueva Constitución”, pactado desde la UDI hasta el Frente Amplio, luego de la poderosa jornada obrera y popular del 12 de noviembre con la huelga general, la que fue catalogada por el propio Piñera como un “punto de inflexión”. Denunciamos la cocina de los acuerdos que quisieron tirar bajo la alfombra a las decenas de luchadoras y luchadores muertos, nuestros mutilados y también a las centenas de jóvenes presos políticos hasta hoy en día. La impunidad con la que ha actuado el Gobierno y sus fuerzas represivas- Carabineros y militares- no ha terminado, no sólo porque no ha habido justicia contra los responsables materiales y políticos de las violaciones a los DDHH en el país, sino también porque hace unas semanas fuimos testigos de la brutalidad policial que arrojó a Anthony al Río Mapocho y cómo a un año de la rebelión popular este Gobierno asesinó en La Victoria a Aníbal Villarroel.

Por lo anterior, es sumamente importante que la fuerza aplastante que se mostrará hoy por el “Apruebo” en el plebiscito, debe dar un paso a la organización, coordinación, unidad y movilización, ya que si se logra poner esa fuerza de la clase trabajadora, las y los jóvenes, mujeres, mapuche y oprimidos, lograr conquistar las demandas pendientes pasará de la expectativa a la realidad.

Por esto debemos ser conscientes de los planes del Gobierno y de los partidos de los 30 años. ¿Hay trampas en este proceso constituyente? ¿Es lo más democrático que el pueblo puede apostar para cumplir las demandas planteadas en las calles? No podemos ocultar ni callar que ambas convenciones propuestas en la segunda papeleta tienen límites para la realización de nuestras aspiraciones. Si bien, la Convención Constitucional tendrá 100% de constituyentes elegidos por sufragio universal (que serán 155, al igual que la actual Cámara de Diputados), a diferencia de la Convención Mixta que tendrá 86 constituyentes elegidos por sufragios y otros 86 parlamentarios; ambas convenciones se regirán por la actual ley de partidos que favorece a los partidos tradicionales y pone mil trabas a las y los independientes; ambas se desarrollarían con el asesino de Piñera en el poder; en ninguna se podrán tocar los tratados internacionales que tienen cerrado con candado el saqueo de las AFP y la producción de sectores estratégicos, como la minería; cada punto que se quiera discutir en las convenciones tiene que pasar por la aprobación de un quórum de ⅔, dándole con esto poder de veto a una minoría, sin mencionar que el veto presidencial es una figura como última carta que aún sigue presente si es que sectores de los empresarios y sus políticos no quieren perder sus privilegios; hasta el momento en ninguna se podrán postular dirigentes sindicales y sociales porque la actual ley lo prohíbe; tampoco tendrán representación los pueblos originarios, como el mapuche. Además, las trampas se ven reflejadas en que personajes históricos de la derecha como Lavín, Desbordes y Longueira quieran sumarse al sentimiento del apruebo, o que personajes ultraderechistas aberrantes como Kast llamen a votar la Convención Constitucional.

Sabemos que habrá resistencia de la derecha, de los grandes empresarios del país y las grandes fortunas ante cualquier intento de cambio profundo, es por ello que la fuerza aplastante que aprueba acabar con la actual Constitución es importante organizarla, para así avanzar retomando el camino de la movilización y la perspectiva de la huelga general para tirar abajo el gobierno de Piñera, y sobre esto imponer con la fuerza de millones una verdadera Asamblea Constituyente Libre y Soberana para que seamos nosotros, las grandes mayorías, quienes decidamos sobre el destino del país, y no los mismos de siempre.

¡Te invitamos a ver este video donde se explican las trampas y límites del proceso y la propuesta de una AC Libre y Soberana!