La jornada de huelga llamada para el 5/2 por un sector de los sindicatos parece dar un primer paso para una convergencia entre chalecos amarillos y sectores sindicalizados Este martes se manifestaron cerca de 300 mil personas, a las cuales el gobierno respondió con un fuerte dispositivo de represión, acompañado de un enorme silencio mediático.
Miércoles 6 de febrero de 2019 09:57
Más de 300 mil personas estuvieron presentes en las calles este martes en Francia, expresando un paso cualitativo en un primer ejemplo de confluencia entre los chalecos amarillos y el movimiento obrero organizado, los “chalecos rojos”.
La movilización se concentró sobre todo en las principales ciudades, aunque vimos volver a aparecer en la “Francia profunda” (rural) los bloqueos de calle, el método inicial de los chalecos amarillos que expresaba más una dinámica ciudadana y autoconvocada Empezando el día con una gran acción común en el mercado de Rungis con cientos de chalecos amarillos, rojos y de activistas, resaltaron varias expresiones de solidaridad y de organización común en acciones en Marseille, donde hubo 55 mil personas en la calle, Toulouse, Paris y Bordeaux, donde se movilizaron más de 10 mil manifestantes.
Por su parte, el movimiento estudiantil organizó varias acciones de lucha a pesar de la burocracia en sus organizaciones políticas. En Bordeaux, Toulouse, Nantes y París, ciertas facultades fueron ocupadas en solidaridad al movimiento de los chalecos amarillos. La intervención del movimiento estudiantil al momento de la entrada del movimiento obrero organizado a la lucha abierta con los chalecos amarillos, puede ser una muy mala noticia para el gobierno.
Si bien la jornada del 5 es un primer paso de unidad con la entrada de los sindicatos en la lucha abierta por los chalecos amarillos, no marcó un salto cuantitativo real en comparación a lo que venían siendo las movilizaciones sociales de esos últimos meses, ofrece un camino positivo para el cuestionamiento de los límites del movimiento.
En Caen, por ejemplo, una asamblea “amarilla-roja” estuvo al punto organizarse, con todo un sector de chalecos amarillos defendiendo la consigna de una huelga indefinida para no caer en la trampa de las jornadas semanales típicas de las estrategias derrotistas de la CGT. Frente a este riesgo, la dirección local de la CGT adujo un “problema técnico” imposibilitando el diálogo organizado entre los dos sectores y llamando recién a una huelga para marzo...
En Lille, la burocracia hizo una maniobra similar para impedir la organización de una asamblea. Consiente de la bronca interna existente contra su dirección, la burocracia sindical de la CGT impidió una mayor confluencia entre chalecos amarillos, particularmente críticos y dinámicos, y una parte de la base crítica del sindicato.
Las direcciones sindicales esperaban una jornada “testigo de la emergencia social”. Los chalecos amarillos no dudaron en llenar las columnas sindicales, con la presencia incluso de ciertas figuras públicas del movimiento, como Eric Drouet. Si bien la jornada del 5 de febrero no llegó a representar una marea de trabajadores en la calle bajo la forma de una huelga general, sí se expresaron elementos de auto organización y de coorganización de trabajadores y de chalecos amarillos, mostrando como los métodos de la clase trabajadora pueden ser una solución real que permitiría salir de la dinámica de los actos autoconvocados de cada sábado, cuestionando el poder capitalista en su propia casa: el trabajo.