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Red Internacional

Se Tenía Que Decir. Muñiz y Monzón o cómo narrar un femicidio

Próximo 7 de agosto se cumple un aniversario del nacimiento de Carlos Monzón, en 1942. Muerto hace 25 años.

Hoy elegí hablar de la serie que puede verse en Netflix, con sus 13 capítulos relatando la historia Carlos Monzón, el campeón mundial de box y femicida de Alicia Muniz.

¿Por qué esta historia? Porque el caso de Monzón – Muñiz es un parte aguas en la lucha por los derechos de las mujeres, en marcar lo que se llamó durante mucho, muchísimo tiempo, “crimen pasional”, una “relación tormentosa”, que no era otra cosa que femicidio. Es la historia a contrapelo, el reverso visto con 30 años de distancia.

Creo que las imágenes del cuerpo de Alicia Muñiz (con 32 años) desnuda y muerta al borde de una pileta, son, para nuestra generación (que entre los 30 y 40) fotogramas grabados en la memoria. Esa imagen fue tapa de diarios y revistas y se reprodujo hasta el hartazgo en canales de televisión. Yo tenía 6 años cuando ocurrió y la trascendencia del personaje, uno de los principales deportistas de la historia del país, hizo trascender los pormenores de esta historia. En la serie, el hecho de que la conozcamos la historia no la vuelve menos impactante.

Es una historia dura, que muestra el origen humilde de ese joven de origen indígena (de raíces mocovíes) nacido en la provincia de Santa Fe, en la localidad de San Javier, que busca el modo de escaparle a la miseria haciéndose boxeador, superando los límites físicos que le imponía el raquitismo que padecía por haber sufrido desnutrición infantil, sobreponiéndose para garantizar que a su madre y hermanxs; y las que consideraba “sus mujeres”, no les faltara nada.

Es una serie dirigida por Jesús Braceras, con guion colectivo de Gabriela Larralde, Francisco Varones, Leandro Custo y Gabriel Nicoli. La reconstrucción se basa en una lectura libre de la investigacino de Marilé Staiolo: Monzón, secreto de sumario.
Mauricio Paniagua y Jorge Román interpretan en dos líneas temporales que se cruzan, van y vienen, al protagonista en el comienzo y ascenso y el cierre de su carrera. El papel de Alicia Muñiz lo interpreta impecablemente, Carla Quevedo. Celeste Cid, Florencia Raggi, Gustavo Garzón, Soledad Silveyra, entre otros.

No hay un estrecho apego a los hechos documentales, porque se está construyendo una historia ficcionada, pero el centro de lo que se quiere contar cumple con todas las reglas de la verosimilitud.

La utilización de registro fílmico y fotográfico de la época juega un gran papel para que reconozcamos esa Mar del Plata de los paparazzi que leos estaba de ser una “playa feliz”. En aquel mismo fatídico verano, muere otro personaje de la farándula, y amigo personal de Monzón, el humorista Carlos Olmedo.

Es sorprendente reconocer en ese archivo fílmico, a uno de los principales generadores de opinión de la década de los 90 (defensor de las privatizaciones de los servicios públicos) hablar de violencia contra las mujeres. Sí, lo escucharon bien; en el prime time de las noticias de la época, Bernardo Neustad habla de que Monzón les pegaba a sus mujeres.

Hay algunas críticas que señalan la falta de rigurosidad o de desarrollo en los aspectos deportivos del personaje. Pero es evidente que la historia que se quiere narrar es la menos evidente y conocida.

Monzón fue uno de los principales deportistas de la palestra nacional, con 100 peleas de las cuales perdió solo 3, con la defensa del título mundial por 14 veces consecutivas. Pero lo que elige contar la serie es el asesinato por estrangulamiento de Alicia Muñiz, que le valiera la pena de 11 años de prisión por un homicidio simple, a Carlos Monzón. La serie reconstruye mediante la ficción, los vectores que llevarían al femicidio de Alicia aquel 14 de febrero de 1988.

Creo que hay un trabajo muy consciente y comprometido con los hechos narrados. Porque es la historia o las historias, de personajes contradictorios, donde no caben las construcciones maniqueas ni estereotipadas.

Ambos personajes, van desplegando cómo funciona y opera el machismo en las relaciones de pareja. Desgajan, sobre todo hacia los capítulos finales, como se trama el círculo de la violencia machista que envuelve a Carlos y Alicia.

Pero para entender qué fuerzas contradictorias los mueves, la construcción de cada uno de los personajes pone en evidencia la trama social que subyace. En cada uno y una de ellos, podemos ver el funcionamiento de los roles sociales bajo el sistema patriarcal y capitalista. No podemos dejar por un momento de vista, el origen humilde, que roba comida desde niño para él y sus hermanos, de ese deportista 14 veces campeón mundial de boxeo.

En la abogada que es originalmente contratada por el abogado defensor de Monzón sólo porque tiene cara de buena y va a servir para convencer a las mujeres que ya entonces denunciaban el femicidio aunque aún no conociéramos esa palabra, hasta en la ayudante del fiscal o en la madre de la propia Alicia, que le recomienda conocer un buen marido, protector, que la cuide la provea. En Silvia, la hija, despreciada desde que ella, primeriza, no nace “varoncito” a pesar de ser la mayor “compañera” como le reconoce casi al final su propio padre.

Lo mismo puede decirse de los roles masculinos: desde el hermano de Pelusa, amigo del joven Monzón que se suicida luego de perder una pelea, lo que puede leerse como la pérdida de la hombría, hasta el lugar y rol que ocupan las mujeres como objeto de consumo, para ese círculo de amigos en el que se encuentra el humorista Carlos Olmedo.

La historia que se cuenta es la historia de las múltiples formas de la opresión. Porque como se puede ver en el propio Monzón, es también victima contradictoria de su rol de victimario. La ambivalencia permanente entre los rasgos posesivos, los celos, la concepción de la mujer como objeto de deseo, sobre quien se descarga la ira, es también una violencia autodestructiva.

Cuando nos referimos al libro de cuentos de Sergio Olguín, señalé que según los estudios de las masculinidades, hay una estrecha relación en la forma de perder la vida para los varones jóvenes y no tanto. El alcohol y la velocidad al volante, así como las peleas son las formas de muerte que predestina una masculinidad construida en torno al coraje, la valentía, la necesidad de enfrentarse al peligro.

El reto de otro de los personajes cuando Monzón pasa su tiempo en la cárcel le pone nombre a la negación de lo anterior. Un Carlos Monzón que se niega a pelear porque así se lo recomienda su abogado defensor, se vuelve “Carla”, se feminiza, pierde sus atributos masculinos. Y no es adrede el modo en que sin decirlo, se prefigura su muerte en un accidente de tránsito en 1995.

Hay, elementos interesantes que permanentemente apuntan hacia allí. El hijo de la abogada defensora pregunta por qué el boxeo es considerado un deporte al igual que el fútbol, si en un caso se trata de colocar una pelota dentro de una arco, y en el otro se trata de pegarle a la gente.

Es claramente la historia en retrospectiva que el feminismo ha ido desandando. Y hoy, como augura en la ficción uno de los jueces del caso, a 30 años de acontencido el juicio, hablamos sobre él.

El Caso del femicidio de Alicia Muñiz fue un parteaguas en la visibilización de la violencia machista mal llamada “violencia doméstica” como si lo que allí, en el seno del hogar pasara, no tuviese que tener atención. La dimensión mediática del caso, por tratarse de un deportista reconocido a nivel mundial, visibilizó la trama de la violencia que hay detrás del femicidio.

Si yo tuviese que compararlo con otro caso de similar magnitud por su significación, mencionaría el de Wanda Tadei asesinada por el ex baterista de la banda Callejeros. El rechazo a la perspectiva de impunidad que se construyó desde la Justicia, logró no sólo la visibilización de la violencia ejercida sobre la víctima, sino cierto grado de premeditación para conseguir la impunidad del propio victimario. Existe también ese plano contradictorio. Porque el Monzón al que tratamos de entender, no deja de ser el asesino de Alicia, su ex pareja, como ocurre en la mayoría de los casos de femicidio en la actualidad.

La historia no comienza cuando nosotras nos arrimamos a ella. Y el movimiento NI Una Menos, que tuvo su emergencia en 2015 tiene raigambres más profundas que la atan históricamente, en los años recientes de nuestro país, a las peleas de aquellas mujeres que en plenos años 80 pusieron en evidencia la impunidad pretendida por el agresor, tal como en su momento lo hiciéramos en 2013, logrando que el código Penal de la Nación incorporara el agravante de violencia de género para nombrar los femicidios, y eliminara el atenuante de actuación bajo emoción violenta, a partir del cual se licuaba la responsabilidad del agresor y se culpaba a la víctima por “provocar” esa reacción en el varón.

Si tuviese que hacer un señalamiento crítico a la serie, es la casi completa ausencia al movimiento de mujeres de la época, apenas nisinuado en esas voces que frente al imponente “vamos campeón” que apoya a Monzón, emerge con gritos que señalan que “es un asesino de mujeres”. (primeros capítulos). Luego, el protagonismo lo ocupa un supuesto Fiscal honesto y su ayudante, deseosos de verdad y justicia, algo que puede justificarse más por las necesidades narrativas del relato que por la realidad. Bien sabemos que a las mujeres ninguna de estas instituciones jamás nos regaló nada, y menos la reaccionaria casta judicial, como bien lo ejemplifica el caso de Wanda Tadei.

En pandemia, vimos el recrudecer de la violencia femicida frente a la inacción judicial y política. Que estas historias traigan conclusiones no sólo sobre el mecanismo de acción de la violencia, sino sobre las perspectivas para combatirla. Que, como aprendimos en estos años de NiunaMenos y marea verde por el aborto legal, no es otra que la de la organización y las calles.

BONUS TRACK: Chicas Muertas de Selva Almada, como reconstrucción de la época, pero no en una ciudad de veraneo de la farándula nacional, sino en los pequeños y atrasados pueblos de provincia.






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