×
×
Red Internacional
lid bot

Poetisa. Murió Tamara Kamenszain, uno de los grandes nombres de la poesía argentina

Escribió “La novela de la poesía, “La boca del testimonio”, “El libro de Tamar” y “Chicas en tiempos suspendidos”. Tenía 74 años.

Miércoles 28 de julio de 2021 15:52

Nos dejó, dentro de tanta rima, La novela de la poesía, La boca del testimonio, El libro de Tamar y Chicas en tiempos suspendidos. Fue ensayista, periodista cultural, profesora, pero sobre todas las cosas Tamara Kamenszain era poeta, también supo surfear diferentes estilos como el ensayístico o el narrativo.

Pertenece, junto con Arturo Carrera y Néstor Perlongher, a la generación de poetas de los setenta llamados neobarrocos. Sus ensayos sobre poesía argentina y latinoamericana son material de estudio en universidades argentinas y del exterior.

Fue fundadora y asesora general de la Licenciatura en Artes de la Escritura de la Universidad Nacional de las Artes (UNA). Nació en el año 1947, en Buenos Aires y murió este miércoles, víctima de un cáncer.

Compartimos tres de sus poemas, de El libro de los divanes (Adriana Hidalgo, 2014).

Pero la fiesta engaña porque hay otra línea que sin embargo
de nuevo es la misma:
veinticuatro horas y ya pasamos al 2013.
Varios cambiaron hoy su foto de perfil y eso le gusta a Facebook
porque es bueno contestar a la pregunta íntima
con una imagen pública.
Si pudiera escribir como quien cambia su perfil subiría
unos versos de mi primer libro y los haría pasar como actuales.
Eso contestaría a la pregunta de cómo me siento:
"una piba", diría mi mamá.
Pero mis hijos me privan de hacerlo
si digito la contraseña las iniciales de ellos
me dejan entrar sólo a mi propia edad y eso me devuelve
a los límites del poema-libro.

"Escupamos quieres realmente/ sobre aquello que/ hemos amado"
dicen unos versos de Louis Aragon
que repetíamos a los 20 como un mantra.
Usted se desenamoró del amor repite ahora mi analista
como diciendo vuelva a ilusionarse vuelva a creer
que el asma tiene cura porque si no
no va a poder curarse de la poesía no va a poder lograr por fin
alguna inspiración.

Yo a esta altura de mi vida
me siento obligada a ser clara
aunque nada ni nadie me lo pida.
En un poema de 1986 me puse oscura
para decir algo que ahora
diría de otra manera.
Transcribo parte de ese poema con el único fin
de poder usar de nuevo sin avergonzarme
la palabra sujeta:
"Se interna sigilosa la sujeta
en su revés, y una ficción fabrica
cuando se sueña".
Para mí lo urgente a esa edad era
graduarme de mí misma retener
como diploma de adulta mi nombre propio
en una celda impersonal.
Para eso tuve que recurrir a la tercera persona
como si en verdad los sueños de la otra
los pudiera descifrar Tamara.