×
×
Red Internacional
lid bot

Ecología Política. Naturaleza y economía: destrucción de la biodiversidad y bienes naturales

En este tercer envío seguimos con el repaso de los cambios en las precondiciones naturales de la producción y la implicancia para la economía y la política a impulsar por la clase obrera.

Lunes 12 de junio de 2017 17:49

“El hombre, en cuanto obrero, no es solo un estabilizador del calor solar actual, sino también un derrochador muchísimo mayor del calor solar del pasado. En cuanto a lo que hemos hecho en el sentido de despilfarrar nuestras reservas de energía, carbón, minerales, bosques, etcétera, tú estás mejor informado que yo”. (Carta de Engels a Marx, 19 de diciembre de 1882).

El estudio de los factores ambientales en sociedad es parte fundamental del análisis materialista de la historia. Marx y Engels, lejos de análisis superficiales propios de la economía política burguesa, unieron dialécticamente las ciencias naturales con las sociales, lo que les permitió un análisis materialista de la historia de manera integral. Así lo señalaron en su Ideología Alemana: “Sólo conocemos una ciencia: la ciencia de la historia. La historia puede contemplarse desde dos perspectivas: puede dividirse en historia de la naturaleza y en historia del hombre. Pero estos dos aspectos no deben verse como entidades independientes”.

Retomar estos hilos de continuidad fundamentales dejados por los primeros constructores del socialismo científico es una tarea fundamental para la interpretación y transformación del mundo que propone el marxismo.

Materialismo y economía de la naturaleza…

Según el relevamiento realizado en 2016 por el Banco Mundial, el estado actual de degradación ambiental causado por la deforestación, las inundaciones rurales y urbanas, la contaminación del aire, agua, suelo, destruyó más del 8 % del PBI de la Argentina.

También podés leer Naturaleza y economía: las bases naturales en Marx y Engels

A fines del siglo XX y inicios del XXI tuvimos algunas puntas de iceberg de lo que significa la degradación gradual o el quiebre en las condiciones iniciales de producción descritas por Marx en El Capital. En Teorías del Plusvalor Marx menciona cómo las condiciones ambientales pueden desencadenar otro tipo de crisis, no de sobreproducción ni originada en los desequilibrios del mercado, sino de subproducción.

“Como la reproducción de la materia prima no depende solo del trabajo empleado en ella, sino de la productividad de dicho trabajo, unida a las condiciones naturales (ejemplo: sequías), es posible que el volumen, la masa del producto de la misma cantidad de trabajo, descienda […] De ahí la crisis del trabajo y del capital […] que resulta del aumento de precio de las materias primas. La crisis nace de las interrupciones en el reflujo de los elementos del capital productivo”.

Es decir, Marx tuvo en cuenta que la economía, su crecimiento, el estancamiento o caída de las fuerzas productivas, además de factores sociales (como saltos tecnológicos, crisis comerciales, guerras, etc.) tiene también una base material natural.

Tuvo que pasar casi un siglo para que las tendencias de Marx referidas a la degradación de las precondiciones naturales de producción sean notorias y reconocidas por la mayor parte de los científicos, y lleve a la propia burguesía a preguntarse qué hacer. Un caso capital de este reconocimiento es el informe de 1972 del Instituto Tecnológico de Masachuset (MIT) Los límites del crecimiento, entregado al Club de Roma y que contó con actualizaciones posteriores. Luego de que se hiciesen públicos estos informes y de que se realizaran múltiples foros intergubernamentales al respecto, la clase capitalista no vio mejor solución política que huir hacia adelante, caminar en círculos intentando coordinar internacionalmente, o tejer teorías neomalthusianas.

En este sentido, el “Business as usual” (seguir como si nada), y los propios ciclos capitalistas de boom, sobreacumulación, crisis, y nuevo ciclo de crecimiento, no se reproducen a lo largo del tiempo en el vacío, tan solo como fenómeno social. La extracción y la disponibilidad de petróleo, la piedra angular indiscutida del capitalismo, luego de acelerarse exponencialmente durante el boom de posguerra hasta los 70, entro en una meseta, sin poder recuperar esa velocidad de crecimiento hasta nuestros días. La carta de Engels a Marx citada al comienzo de la nota, puede hacernos tomar dimensión del análisis integral que hubieran hecho, de haberse presentado estos fenómenos en su tiempo, uniendo dialécticamente los fenómenos sociales con los naturales casi un siglo antes que los teóricos contemporáneas en bioeconomía.

Te va a interesar: Las lecturas antiecológicas del Manifiesto Comunista

Pico de producción según país.

O el oxímoron del crecimiento infinito con recursos finitos

Más de 40 años después de esa primera llamada de atención de los limites de la energía fósil, la matriz energética mundial sigue con la alta dependencia del 85 % del stock decreciente de yacimientos fósiles finitos (petróleo, carbón y gas), además de que estos registran una caída de la Tasa de Retorno/ganancia Energética (TRE), es decir existe menos porcentaje de excedente energético disponible para la reproducción del capital. Dentro del stock energético finito, no renovable, incluimos las reservas de uranio que, con la tecnología nuclear existente, durarían alrededor de 100 años.

La economía burguesa necesita energía creciente a costa del medioambiente y la salud pública, como sostén de la revalorización constante del capital. Esta necesidad de crecimiento exponencial choca con la cantidad finita de bienes naturales y su velocidad de biorregeneración, y la capacidad de la tecnología para compensarlo es limitada.

Las guerras de saqueo impulsadas por las potencias imperialistas en Medio Oriente, las iniciativas golpistas, o la política intervencionista menos directas, tratados bilaterales, la compra de leyes a medida para emprendimientos mineros y energéticos a costa de la salud pública y el medioambiente, y la flexibilización laboral en sectores primarios, son algunas muestras de la intervención del imperialismo para extender lo más posible el estado actual de las cosas y garantizar a toda costa su línea de suministros primarios.

Ante esto las alternativas de energías renovables o biomateriales renovables no están lo suficientemente expandidas para reemplazarlas totalmente, no porque sea imposible sino porque la generalización de estas tecnologías iría en contra de la necesidad del capital de obtener la mayor ganancia en el menor tiempo posible que le siguen posibilitando las fósiles y minerales.

Por esto la abolición de la propiedad privada de los grandes medios de producción y de los bienes naturales es una condición inicial fundamental para posibilitar su investigación y desarrollo, es decir desarrollo cualitativo de las fuerzas productivas, un cambio radical de los métodos productivos, sus objetivos sociales, etc. sin lo cual no es posible ningún tipo de civilización sostenible en lo económico, social ni ambiental. Sobre las implicancias políticas, sociales y tecnológicas de esto volveremos en las próximas notas.

Quizás te interese Naturaleza y economía en Marx y Engels: de procesos naturales y construcciones sociales