Publicamos el testimonio de Lugi García Guerrero, vecino de la localidad tucumana de Yerba Buena, en donde el Río Muerto desbordó provocando inundaciones y familias evacuadas.
Jueves 12 de marzo de 2015
El río Muerto después del desborde (Foto de @soledadnucci)
La tormenta, como era de suponer ha hecho desbordar el Río Muerto, es cual contornea la ciudad de Yerba Buena y las Sierras de San Javier. Me estoy inundando como alguna vez pasó en febrero y marzo del 2001, pero eso no es lo peor. Hay gente en los barrios más pobres que están perdiendo hasta el alma. No es un factor climático, es un crimen social, y con el sadismo correspondiente sobre la cabeza del que menos tiene y que cada vez tiene menos: Les han suspendido el derecho a la conciencia, la condición de mirar y hasta la voz, puesto que todo aquel o aquella que reclama pierde el beneficio de la caridad estatal, de la “caridad del rey”. El saldo del desastre es solo una cifra en las estadísticas inservibles del sistema, apenas un grano de arena en los desastres climáticos del litoral, Córdoba, Santiago del Estero y los que ya vienen sumando evacuados, enfermos y devastados en Tucumán.
Hago responsable a la funcionería política al parecer dueña de la voluntad de la vida, como así también a las autoridades de la Universidad Nacional de Tucumán que han sabido manipular y desaparecer los informes de 1998 del Parque Biológico San Javier donde entre algunas otras cosas se evalúa y pronostica la realidad del ahora, por lo que en su momento fueron cesanteados los profesionales miembros de ese equipo investigador. Hago responsable al sistema regido por el soborno, el asistencialismo y el embuste. Hago responsable a los sectores de poder, mercaderes de riqueza ajena a precio de la piel de la clase trabajadora.
La responsabilidad la tiene el gobierno del estado y los funcionarios que ocupan los puestos para resolver esas cuestiones, si ésta es una provincia que suele inundarse debe tener una infraestructura acorde y no son los vecinos, las manos solidarias, quienes deben encargarse de tapar lo que no hacen los altos funcionarios.
Hablemos ahora de esa inmensa solidaridad de clase. El pueblo trabajador se organiza y se generan redes de cooperación, contención, sostén y, por sobre todo, de denuncia ante la ausencia y abandono del estado provincial, se generan redes de indignación, señalamiento de culpables y exigencia de respuestas dignas e inmediatas. ¡Hay que organizarse para exigir que se destine el presupuesto y el personal, que no se abandone a los pobres para luego culparlos de sus propias muertes y pérdidas, las viviendas dignas son derechos!