Una trabajadora de la salud pública de Río Gallegos se manifestó en una desesperante descripción que, refleja la actual situación de las y los trabajadores de la salud pública. En tanto la falta de planificación del gobierno provincial y municipal, ante la ola de contagios que comenzaron hace casi dos semanas llevó a que se detecten 271 casos positivos de covid-19 y una persona fallecida el jueves 23 de julio.
Domingo 26 de julio de 2020 09:30
Mariela Gamboa es trabajadora social y cumple tareas en un Centro de Atención Primaria de la Salud Pública en Río Gallegos, donde es referente del gremio de la Asociación de Profesionales de la Salud y además pertenece a la Mesa de Mujeres de dicha ciudad.
Publicó una carta donde describe de manera muy frontal la difícil situación que atraviesan trabajadoras y trabajadores de la salud, que están en la primera línea enfrentando los contagios de covid-19. Por último denuncia la precarización laboral que sufren sus compañeros y compañeras de trabajo.
“El covid-19 vino para quedarse y cambiar nuestras vidas cotidianas.
Nadie volverá a ser, el que era antes de este marzo del 2020.
Nuestra forma de relacionarnos, de circular, de trabajar, aún no sabemos como habitaremos los espacios de estudio, recreativos, culturales.
También ésta pandemia nos muestra, las más crudas diferencias de clases sociales. No es lo mismo realizar y cumplir con una cuarentena, para personas que trabajan en relación de dependencia, que para aquellas que trabajan de manera autónoma, sin mencionar la desprotección que sufren los trabajadores y trabajadoras en el ámbito informal de empleo.
Llegó para quedarse y ya sea por conglomerado, por circulación comunitaria o como sea que esté, los organismos oficiales nos informan (o desinformen), tenemos covid-19 en nuestra ciudad.
Y aquí estamos, de repente la salud pública es el recurso más preciado por todos y todas y cada uno de nosotros y nosotras. Porque de llegar a contagiarnos, es el equipo de salud del Hospital, el que estará poniendo sus conocimientos para atendernos, cuidarnos y curarnos.
Ahora bien, la actual situación de la salud pública, hace síntomas por todos lados. No es novedad que las instituciones que fueron construidas para atender determinadas problemáticas, reproducen eso que intentan reparar.
Es decir, el sistema de salud no cuida a los que cuidan, por falta de una política pública, en materia de salud. Que se visualiza en momentos críticos que estamos vivenciando, pero que hace muchos años, los trabajadores y las trabajadoras de la salud estamos denunciando, expresando y gritándolo.
Hemos implementado todas las estrategias, tradicionales o más creativas: marchas, pecheras blancas con cruces, todos vestidos de negro “la salud pública está de luto”, abrazos al hospital, aplausos al hospital, toma del hospital, carpas afuera, adentro, etc.
Hemos intentado contar a la comunidad y a los gobiernos de turno, que la salud pública se venía abajo. Que era sostenida por buenas voluntades, que no dábamos más, que no había recursos, ni humanos, ni materiales. Que el techo se caía, que necesitábamos cobrar mejor.
Ningún gobierno de éstos últimos años nos escuchó y a veces la comunidad tampoco.
Y ahora somos esenciales. Claro, trabajamos en la salud, elegimos nuestras profesiones para cuidar, nos formamos para eso. Estamos orgullosos y orgullosas de nuestra elección. Pero necesitamos que alguna vez, nos escuchen en serio.
Tenemos compañeros y compañeras bajo la modalidad de contratación monotributistas, esperando el pase a planta permanente. Pero les responden con diferentes excusas, para que no se concrete. Obviamente ahora, será “la pandemia”. Pero bajo esta modalidad (totalmente precarizada), que se cristaliza en el tiempo, los derechos laborales desaparecen.
Sin cobertura de salud, sin licencias especiales, sin carpetas médicas porque se los descuentan de su salario, sin protecciones sociales como salarios familiares y con salarios menores a los que perciben los trabajadores y trabajadoras de planta permanente.
En el mismo sentido, se suman los compañeros y compañeras de limpieza y maestranza, pieza fundamental en la vida cotidiana de los hospitales y centros de salud. Siendo contratados y contratadas por medio de cooperativas, convirtiéndose en personal externo al hospital, con salarios bajísimos y sin ningún tipo de protección.
Agregamos a esta tormenta insalubre, los recursos humanos es decir, a todos nosotros, a todo el equipo de salud. Que estamos trabajando desde el principio de la pandemia, saturados y saturadas, ya que muchos de nuestros compañeros y compañeras están el aislamiento preventivo por contacto estrecho. Otros y otras ya están contagiados, habiendo así menos cantidad de trabajadores, ya que tenemos compañeros que son población de riesgo.
¿Cómo no vamos a estar cansados y cansadas?
Si seguimos atendiendo, no paramos ni un día. Hay sectores sensibles y críticos, que no tenemos licencias por receso invernal o de ningún tipo.
Hacemos notas y juntamos firmas, porque hay un porcentaje considerable, que ése famoso bono no lo han percibido en tiempo y forma. Ése bono que no guarda ninguna relación con el riesgo que corremos todos los días, que ponemos el cuerpo y nos exponemos, porque es nuestro trabajo. Pero también arriesgamos la salud de nuestros seres queridos.
Pero es nuestro derecho a reclamarlo, poder expresar una vez más, como tantas veces, la situación que vivimos. Porque somos nosotros, nosotras, las que nos encontramos en los pasillos de nuestros trabajos, angustiados, preocupados, con temor, cansados, compartiendo nuestros desajustes en el sueño y en nuestras cotidianidades. Y confirmamos una vez más, que hay hasta temor en hablar por miedos a represalias, a cartas documentos, sumarios o aprietes más informales, pero a la vez violentos.
¿Quién nos cuida? ¿Quién nos escucha? ¿Quienes resuelven estas situaciones laborales de estos compañeros, compañeras precarizadas desgastadas?
Sólo esperamos que esta pandemia, que puso en evidencia estas numerosas situaciones, tenga como efecto, que la política pública en materia de salud, sea prioridad de una vez por todas.
Porque es el derecho de toda la comunidad, no sólo de los trabajadores y trabajadoras de la salud. Todos y todas necesitamos que nos cuiden y nos curen.
Necesitamos trabajar tranquilos, cono condiciones laborales y protecciones reales.
¿Saben qué?
Estamos cansados y cansadas sí. Pero mañana o en unas horas, vamos a estar allí, siempre vamos a estar allí, cuidándolos y cuidándolas. De eso estén seguros y seguras.
Pero hoy necesitamos contarles esto que nos sucede, que nos duele y nos atraviesa a los que laburamos en salud. Porque sabemos que nuestros conocimientos, compromiso y corazón no son suficientes. Porque nuestras voluntades, nuestra búsqueda constante de alternativa, nuestros malabares no alcanzan y es ser responsables y valientes de poder decirlo.
No somos héroes, ni heroínas, los aplausos los agradecemos. Pero queremos nuestros derechos garantizados.
Eso, nada más y nada menos.
Porque la salud pública se defiende y se cuida. Y hoy nos cuidamos nosotros y nosotras así”.