La reforma laboral no pudo ser aprobada y pasó a marzo. Prevalecieron las diferencias de la DC, la “bancada pro-PYME”, la intransigencia de los empresarios, las amenazas de la derecha de llevarla al Tribunal Constitucional. Ante tamaña fuerza en contra, la estrategia de la CUT fue el eslabón que faltaba para impedir la aprobación.
Nicolás Miranda Comité de Redacción
Miércoles 27 de enero de 2016
El fracaso del plazo
No se logró. La reforma laboral no pudo ser aprobada antes del 31 de enero como pretendía el Gobierno.
Buscó lograr consensos, sin éxito. Se dio primero 48 horas, después una semana más. Cada vez, se encontraba con el muro de la DC y los senadores pro-PYME que incluyen además al PPD y PS.
Los topes fueron, principalmente, alrededor del derecho a efectivo a huelga, que se burlaba con el reemplazo interno tras la fórmula de las “adecuaciones necesarias”; y alrededor del fortalecimiento sindical, que se debilitaba con la extensión de beneficios por los empresarios reduciendo a la nada la titularidad sindical. Además de las limitaciones específicas para las PYMES (quorum para constituir sindicato, plazo de huelga), la posibilidad de nuevas ofertas de los empresarios con voto secreto, entre otras. Por no mencionar todo lo que quedaba fuera, como la negociación por rama, la limitación de la huelga a la negociación colectiva.
El Ministro de Hacienda PPD Rodrigo Valdés terminó como el conductor de esta discusión, que debería ser de la Ministra del Trabajo la DC Ximena Rincón. Fue el quién anunció que se postergaba su votación, que significaba “un revés” para el Gobierno, y que se sigue buscando un “acuerdo amplio”, guiado por el criterio de los equilibrios.
El fracaso del plazo, es precisamente ese. No hay equilibrio posible, en estas circunstancias, y se polarizó a derecha e izquierda, saliendo a la luz, en forma distorsionada, los antagonismos de fondo inconciliables entre empresarios y trabajadores.
La intransigente oposición
Todo el año, los empresarios se opusieron militantemente a esta reforma, aún siendo moderada, aún moderando más su moderación. Realizaron campañas mediáticas sistemáticas con su prensa empresarial. Conformaron un comité de varias asociaciones empresariales para oponer una voz única y cerrada. Hicieron lobby. Conformaron un bloque, “la bancada pro-PYME” que actuó como dique de contención. Contaron con las amenazas de la derecha de impugnarla ante el Tribunal Constitucional. Chantajearon con una quita de inversiones, para afirmar la desaceleración económica y asustar a los trabajadores con un futuro de despidos generalizados.
No se trató simplemente de un bloqueo de “sectores conservadores” de la Nueva Mayoría, como dice la dirigencia de la CUT. En primer lugar, reúne a senadores de los que reconocen como partidos “progresistas” como el PPD y “conservadores” como la DC. En segundo lugar, la DC se cuadró entera, más allá de las declaraciones de otros senadores como Carolina Goic del mismo partido, ya que el presidente falangista, senador Jorge Pizarro, declaró que debían reponerse las “adecuaciones necesarias”. En tercer lugar, se configuró una amplia e intransigente oposición que reunió entonces a los empresarios, sus medios de prensa, senadores de la Nueva Mayoría, senadores de la derecha.
Aireadas reacciones, errados diagnósticos, estrategia fracasada
La dirigencia de la CUT de la Nueva Mayoría, su presidenta del PC Bárbara Figueroa, su vicepresidente DC Nolberto Díaz, su secretario general PS Arturo Martínez, reaccionaron en forma aireada, con enojo, con decepción.
Denunciaron que la postergación favorece a los empresarios. Que se debió al “chantaje” de “algunos” senadores, de los sectores “conservadores”. Anunciaron un paro para el 22 de marzo, mostrando su desacuerdo con el proyecto presentado por el Gobierno.
Bárbara Figueroa fue explícita, varias veces declaró que “está peligrando el avance de esta reforma por un grupo de senadores más conservadores de la Nueva Mayoría, que no quieren cumplir con el programa de Gobierno”.
Como vimos, esta definición, confunde, arroja polvo a los ojos de los trabajadores. Hubo un frente amplio e intransigente en defensa de los intereses empresariales. Ante esta amplio e intransigente frente, la dirigencia de la CUT optó como estrategia por el lobby parlamentario. Mes a mes del 2015 tenía reuniones, justificaba los atrasos, llamaba a confiar en el cumplimiento del Programa, y mantenía desmovilizados a los trabajadores. Esta estrategia fracasó. Ahora, convocan a un paro para marzo, ¿será preparado entre las bases, realizarán una amplia campaña informativa, o será un nuevo respaldo al Gobierno y su Programa, una línea estéril? ¿Lo convocarán unitariamente, con un comité de paro nacional, abierto a dirigentes de base, organizaciones de izquierda, organizaciones estudiantiles, o lo convocarán solo para dar testimonio una vez más?