Jueves 21 de abril de 2016 17:30
EL JUEVES pasado, en un nuevo caso de gatillo fácil, en la zona sudeste de la capital asesinaron a Nahuel Franco, conocido en el barrio como “Pochocho”.
Un pibe de 15 años de una de las barriadas más populares de la ciudad, a quien los medios mostraron como adicto, mientras las fuentes oficiales disfrazaban el caso como “desacato a la autoridad”, como si eso fuera justificación para fusilar a un pibe. En Salta la violencia policial se expresa todos los días: en los apremios ilegales que sufre la juventud, en los femicidios en manos de la yuta, en las represiones cotidianas que sufre el colectivo LGTBI, en el ensañamiento hacia los sectores que luchan. Ni hablar de la relación directa con los narcos.
Y hay que seguir escuchando al jefe de policía, Marcelo Lami, afirmando que los casos de torturas, de violencia machista con policías como protagonistas o los gatillo fácil son aislados porque “no son policías, son delincuentes”.
Lo que no dicen los funcionarios urtubeycistas, es que esta es la misma policía que hace un mes asesinó al dirigente social de Morillo, Pablo Moreno, o la que cometió tres femicidios en lo que va del año, asesinó a “Pochocho” y que en el 2013 tuvo unas 1400 denuncias por apremios ilegales y torturas. ¿Será por esto que no se actualizan datos oficiales desde ese año? No es un dato menor que un 70% de los jóvenes con menos de 25 años que trabajan lo hagan de forma precaria, o que la mayoría de los que van a parar a la cárcel ocupen esa franja de edad. Es esa juventud a la que Urtubey prefiere callar.
Desde la Juventud del PTS en el FIT no creemos, como el resto de la izquierda en la provincia, que la salida transitoria pasa por exigir una formación de género obligatoria o que nosotros mismos elijamos a los comisarios, nuestros futuros represores. La policía debe disolverse como garantía de la seguridad de los trabajadores, de la juventud y las mujeres. Nosotros decimos que no es un solo policía sino que es toda la Institución.