Luego de que se hiciera público que una habitación debió usarse como morgue provisoria, la Dirección macrista de Pami cruzó acusaciones con el gobierno municipal.

Alfredo González @Alf_Gonzalez_
Miércoles 27 de julio de 2016
Fotografía: Diario El Ciudadano
Un pase de facturas alrededor del Pami esconde la crisis en la institución que atiende a los jubilados. Ayer se conoció que una de las habitaciones de Pami II debió ser usada como depósito de cadáveres, debido a que los ascensores no funcionaban y no se podía bajar los cuerpos para que sean retirados por sus familiares. Este macabro hecho no es más que el capítulo más reciente en la historia de abandonos y de precariedad se vive en los policlínicos de Pami en Rosario.
Durante el pasado sábado, uno de los ascensores de Pami II se averió. No era la primera vez que sucedía, sino que se trata de un hecho frecuente que padecen trabajadores, pacientes y familiares. Pero esta vez la situación fue aún peor, porque el otro ascensor se encontraba averiado desde hacía tres semanas. La falta de ascensores provocó serios problemas, incluyendo pacientes que no podían irse de alta por no poder desplazarse, familiares ancianos que no podían subir escaleras para visitar a los pacientes y recibir partes médicos, e incluso la necesidad de clausurar una habitación del segundo piso y usarla como morgue, ya que sin ascensores no existía forma de bajar los cadáveres.
Ya dijimos que no se trata del primero ni seguramente el último de los problemas de Pami II. En medio de un invierno particularmente frío, la institución tiene suspendido el suministro de gas. De acuerdo a las autoridades, se trata de un corte preventivo, debido a fugas. Pero el tiempo pasa, las obras no se realizan, y los que sufren el frío son los pacientes y trabajadores. “Hace más de un mes que no hay calefacción en el policlínico” denunciaba un trabajador. “Nosotros trabajamos con una población de edad avanzada, es terrible que no funcione la calefacción”, insistía.
Cualquier persona que recorra el policlínico Pami II puede apreciar que existen problemas estructurales inocultables. Las averías de ascensores son moneda corriente. Las paredes descascaradas, el hacinamiento de los pacientes en la guardia externa y la falta de personal son postales cotidianas en el sanatorio que atiende a miles de jubilados de la ciudad.
La respuesta de las autoridades, tratando de desprenderse rápidamente de los cuestionamientos, no se hizo esperar. Según los directivos macristas del policlínico, el problema es que el edificio de calle Olivé no es propio sino alquilado al municipio, y por ende no pueden hacer refacciones. Según el gobierno municipal del Partido Socialista, se trata de excusas para no hacerse cargo del problema. Pero, entre las acusaciones cruzadas, son los pacientes y los trabajadores los que sufren el estado de abandono del Pami.

Alfredo González
Rosarino, médico y militante del PTS, escribe habitualmente sobre Salud en La Izquierda Diario.