Por un plan de acción contra la precarización y la violencia machista en periodo de pandemia.
Lunes 11 de mayo de 2020
La crisis sanitaria ha evolucionado rápidamente; nos enfrentamos a una enorme depresión económica a nivel internacional y a muchos meses de incertidumbre por delante. El desastroso manejo de la pandemia por parte del gobierno y las autoridades ha causado más de 25 mil casos de contagios y 294 muertes. Y somos la clase trabajadora, las mujeres, disidencias y el pueblo quienes nos hemos llevado la peor parte de esta crisis.
Buscan la reapertura de la economía, tratando de imponer una “nueva normalidad”, poniéndonos como carne de cañón. Hablan de distanciamiento social y cuarentenas, mientras nos exponen a millones al contagio, manteniendo trabajos en empresas no esenciales, protegiendo las ganancias empresariales, jugando con nuestra salud y la de nuestros seres queridos.
Esta es una crisis sanitaria que debe enfrentar la brutal falta de insumos y condiciones de higiene en los hospitales, producto de años de abandono al sistema de salud pública, gracias a las políticas neoliberales de privatización de los diversos gobiernos de turno. Con trágicas consecuencias, como son de las decenas de contagiados en la primera línea de la salud, la cual ha cobrado la primera vida de una trabajadora.
Entre médicas, enfermeras, especialistas, personal de limpieza, conformamos la primera línea de combate contra el coronavirus, constituida mayoritariamente por mujeres (70%). De igual forma el cuidado de personas mayores, infantes, enfermos en residencias y domicilios recaen principalmente sobre nosotras.
Contrariamente a lo que nos han dicho por siglos, subvalorando el trabajo femenizado, la pandemia ha demostrado que el trabajo social reproductivo ha sido indispensable para enfrentar la crisis sanitaria y del sostenimiento de la vida.
Las mujeres trabajadoras somos esenciales.
El gobierno ha pedido unidad nacional para enfrentar esta crisis, pero es mentira no estamos todos juntos en esto, las y los trabajadores estamos pagando las mayores consecuencias, con más de 600 mil trabajadoras y trabajadores suspendidos, debiendo sacar de nuestros propios seguros de cesantía los fondos para solventar el costo de la vida y la de nuestras familias.
Los despidos y suspensiones se han extendido por todo el territorio, golpeando más duramente a quienes trabajan a honorario (1,6 millón) y/o sin contrato (2,5 millones con empleos informales). Muchas de ellas somos mujeres inmigrantes, vendedoras ambulantes, empleadas domésticas; hortaliceras, temporeras, trabajadoras por cuenta propia, micro-emprendedoras, cuidadora de infantes y/o personas dependiente; entre otras.
Somos miles de mujeres que de la noche a la mañana quedamos sin trabajo y muchas de nosotras sin derecho a prestación o ayuda estatal. Situación grave si consideramos que uno de cada cuatro hogares es sustentado por una mujer, y el 31,1 % de ellos es monoparental (Casen 2017). Demostrando que Piñera y su gobierno, con la complicidad de los partidos del régimen están cuidando los intereses de las empresas, y no los nuestros. Cosa que podemos ver concretamente en la ley de (des)protección del empleo que aprobó de conjunto el congreso (incluyendo al PC y sectores del FA), la que ha sido un duro golpe para nuestra clase.
Mientras a otras, nos han impuesto el agobio del teletrabajo y el aumento de la doble jornada laboral a través del trabajo doméstico no remunerado y el cuidado de terceros. Y muchas teniendo que enfrentar la violencia machista en tiempos de la cuarentena, donde se han incrementado en un 70% las denuncias a los call center de apoyo, violencia que puede terminar en femicidio, como es el caso de las 16 mujeres asesinadas producto de la violencia machista en lo que va del año.
El confinamiento obligatorio para un sector de la población y la normalización de una política de vigilancia y control por parte de la policía y fuerzas armadas ha sido la punta de lanza para desarticular una respuesta colectiva por parte de tod@s quienes nos hemos levantado desde el 18 de Octubre contra este sistema de desigualdades.
La línea represiva y de impunidad a las violaciones a los derechos humanos del gobierno, una vez más la reafirma Piñera al designar a Macarena Santelices Cañas Pinochet, militante de la UDI, pinochetista y ex Alcaldesa de Olmué, como ministra de La Mujer y Equidad de Género. Un guiño de Piñera hacia los sectores retrogradas y fundamentalistas del país, y una provocación hacia el movimiento de mujeres y feministas que durante los últimos años hemos instalado nuestras demandas y reclamos en las calles, por ello, nos sumamos a la campaña levantada a nivel nacional #NoTenemosMinistra, sabiendo de todas formas que ninguna ministra que designe la derecha estará del lado de las mujeres y disidencias de la clase trabajadora.
Ante toda esta situación de precarización, hemos visto el silencio de los grandes sindicatos y organismos de masas, como el de la CUT, dirigido por Bárbara Figueroa del Partido Comunista, la cual no se ha pronunciado con acciones concretas que permitan generar una salida efectiva.
Pero las trabajadoras sí las venimos dando, organizándonos con nuestros compañeros en los Hospitales, como lo venimos haciendo en el Hospital Barros Luco y el Hospital regional de Antofagasta, con asambleas, manifestaciones, denuncias, formando Comisiones de higiene y seguridad para que seamos nosotros quienes decidamos en qué condiciones trabajar. Haciéndonos parte de la Campaña contra los despidos y suspensiones laborales, levantada por el Comité de Emergencia y Resguardo en Antofagasta junto a diversos sindicatos mineros, industriales, de la salud, junto a profesoras, profesores y estudiantes. Además de fabricar insumos como mascarillas y jabón gel para quienes lo necesiten, repartiendo a trabajadoras de la salud, especialmente del aseo, en poblaciones populares y pobres.
Son estos ejemplos de resistencia, que como agrupación de mujeres y diversidad sexual, Pan y Rosas reivindicamos, a la vez que llamamos a levantar un Plan de Acción contra la precarización y la violencia machista en periodo de pandemia, invitando a sumarse a todas las trabajadoras, dueñas de casa, jóvenes y estudiantes, junto a sus compañeros y familias, organizaciones sindicales, estudiantiles, políticas y de mujeres, para que la crisis la paguen los empresarios y no nuestros bolsillos, ni nuestras vidas y la de nuestras familias.
¡No a los despidos ni a las suspensiones!
Derogación inmediata de la Ley 21.227 (“ley de protección al empleo”) Sumémonos y levantemos la Campaña contra los despidos y las suspensiones, exigiendo la paralización de todos los trabajos no esenciales con el pago íntegro de los salarios, con licencias laborales pagadas, un sueldo mínimo de emergencia de 500 mil pesos (acorde a la canasta familiar), donde se incluyan a las personas jubiladas combatiendo las pensiones de hambres de las AFP. Y para las personas que quedan sin posibilidad de ingresos, es necesario que el Estado financie una renta de cuarentena, basada en impuestos a las grandes fortunas y empresas millonarias del país.
No a la violencia machista! Subsidio y reubicaciones de las mujeres y sus hijos/as en viviendas gratuitas e inmediatas: Exigimos el pago de parte del Estado de un subsidio para las mujeres víctimas de violencia machista. Apertura de hoteles, departamentos y/o viviendas sin uso como lugares de acogida, por parte de las empresas inmobiliarias. Estos recursos que pueden gestionarse a través de impuestos a las grandes fortunas.
¡Test Masivos e insumos ya!
Estatización de todo el sistema de salud, gestionado por sus trabajadoras/es y usuarios, unificando la salud pública y privada para disponer de los laboratorios y todos los recursos necesarios. Test masivos gratuitos para la población y camas para enfrentar la pandemia.
Levantemos comisiones de control de higiene y seguridad, para que seamos les trabajadores quienes impongamos las condiciones necesarias para afrontar esta crisis sanitaria
¡Por una educación acorde al tiempo de pandemia! ¡No más agobio laboral!
El Ministerio de Educación en un afán exitista ha impuesto clases remotas, sin velar ante todo por la salud emocional de las y los estudiantes. Mientras docentes deben lidiar con el agobio del teletrabajo, tratando de enseñar a millones de niñas y niños con un modelo educativo no acorde a la crisis y sin garantías mínimas para todas las familias, como son el acceso a internet y computadoras. Por ello necesitamos ser las comunidades educativas las que decidamos qué tipo de educación necesitamos en tiempos de pandemia.
¡Juicio y Castigo! Exigimos juicio y castigo a todos los responsables políticos y materiales de la violencia policial y la violencia política sexual sufrida desde el estallido social hasta la fecha. Libertad inmediata a todes les preses polític@s de la revuelta. Fin el Estado de Excepción Constitucional de Catástrofe, ni los policías ni los militares nos cuidan, garanticemos nuestra propia seguridad a través de la amplia organización entre sindicatos, juntas de vecinos, organizaciones sociales, artísticas y políticas.
#FueraPiñera #FueraSantelices #NoTenemosMinistra
Pan y Rosas Teresa Flores, agrupación de mujeres y LGTB Q+