El gobierno ha buscado instalar una imagen de empatía con la lucha del movimiento de mujeres, al mismo tiempo de convertirse en el principal incitador a la negación de sus demandas centrales, como es el derecho al aborto.
E.E. Vergara Valparaíso, Chile
Martes 29 de mayo de 2018
Importantes movilizaciones se vienen desarrollando a nivel nacional, donde hoy en día el movimiento de mujeres se ha convertido en uno de los principales actores del escenario político, extendiéndose paros y tomas a través de diversas ciudades y regiones.
Por su parte, el gobierno de Sebastián Piñera no es ingenuo, y ya ha comenzado a buscar cómo descomprimir las movilizaciones que se viven en liceos y universidades en contra de la violencia machista, el acoso y abuso sexual.
Es en este contexto que el presidente ha firmado la reforma constitucional, poniendo por delante un “aparente” avance en materia de derechos de las mujeres por medio de la equidad de género, siendo algunas de sus propuestas: dar urgencia a los proyectos que sancionan la violencia en el pololeo, fuero maternal en las FF.AA y de Orden, y un proyecto de salas cunas para padres y madres con costo compartido, la polémica medida de aumentar el costo de las Isapres a los hombres para "igualar" con las mujeres, entre otras tantas.
A su vez, la última encuesta CADEM señala que un 55% de los chilenos está de acuerdo con la manera en que el gobierno está gestionando las demandas feministas, a diferencia del 40% que las desaprueba; todo esto acompañado de un respaldo y aprobación del 57% sobre la actual administración.
Promesas, hipocresía y demagogia de la derecha
Sin embargo, más allá de que el gobierno de Piñera quiera mostrar una imagen progresista hacia ciertas demandas de interés popular, lo cierto es que son las contrarreformas las que se han instalado por delante, siendo el pueblo trabajador el principal afectado. Y en el caso de la denominada ”agenda mujer” no es distinto, lo cual se expresa en el retroceso en materia de aborto, amparado en la “objeción de conciencia”, que ha significado una serie de límites para las mujeres, quienes se ven arrinconadas, frente a su legítimo derecho a decidir sobre su cuerpo y sobre su vida. O una ultraderechista a cargo del Ministerio de la Mujer, como Isabel Plá.
Pero es la demagogia de la derecha, quienes hacen y deshacen con los intereses de las mujeres que se plantan en contra del machismo y la violencia de género. Es el lavado de imagen monumental del gobierno, que busca hoy como nunca antes, apoyarse en el sentido común sobre las grandes demandas, pero colocando toda su artillería neoliberal, cimentada en este régimen de empresarios, con la moral de la iglesia y la herencia de Pinochet como sus principales aliados.
Mientras el gobierno de Piñera anuncia medidas en nombre de la "igualdad de derechos", y se ubica desde la vereda de las mujeres gerentas, empresarias y de las Fuerzas Armadas, la derecha es la principal opositora a los derechos de las mujeres trabajadoras y pobres como el término de las brechas salariales, el aumento de los sueldos y pensiones, el fin del subcontrato- donde más del 70% son mujeres-, el derecho a decidir, entre otras.
Por su parte, la "oposición" de la ex Concertación, donde se incluye al PC y el Frente Amplio, apuntan al diálogo y las "buenas intenciones" del gobierno, y poco y nada denuncian respecto al rol de la derecha, la Iglesia y los empresarios en la sistemática opresión y explotación hacia el conjunto de las y los trabajadores. Representantes del PC como las diputadas Camila Vallejo y Karol Cariola asistieron a la ceremonia donde Piñera presentó su "agenda de género", se han reunido con la ministra Plá en busca de acuerdos; y, por otro lado, el FA ha "valorado" la ubicación del gobierno y se ha limitado a sugerir ciertos puntos para que se incluyan, como la educación no sexista o el proyecto por el acoso callejero.
¿Podrá erradicarse la violencia hacia las mujeres si no se cuestionan las bases materiales de este sistema capitalista y patriarcal que permite la existencia de las actuales relaciones sociales, donde las mujeres están relegadas al trabajo de la reproducción, donde millones de mujeres viven en la pobreza y precariedad, ganando sueldos y pensiones más bajas? Claramente, la lucha contra la violencia machista se relaciona con la necesidad de transformar de raíz esta sociedad que permite esa opresión, violencia y explotación; lo que no se generará por quienes han mantenido la violencia durante décadas, ni tampoco por cambios mínimos.