Una nueva polémica brota al interior del Frente Amplio, esta vez es un quiebre en su bancada femenina en la cámara de diputados. Pamela Jiles (PH) y Claudia Mix (Poder) plantean candidatura femenina para dirigir el hemiciclo, sin embargo no cuentan con apoyo de sus pares mujeres.

Galia Aguilera Profesora, y dirigenta del Partido de Trabajadores Revolucionarios
Sábado 6 de enero de 2018

De los 20 diputados del Frente Amplio (FA) electos, 7 son mujeres, las cuales se han autodenominado como la bancada femenina. Tres de ellas son militantes de Revolución Democrática de Georgio Jackson: Catalina Pérez, Natalia Castillo y Maite Orsini; Camila Rojas del Partido Igualdad; Gael Yeomans del Izquierda Libertaria; Claudia Mix Poder; y Pamela Jiles del Partido Humanista. Las diputadas del FA alcanzan el 35% de la bancada. Mientras que la cámara de diputado tiene 36 mujeres que corresponden al 22,5% de los 155 puestos, aumentando en 16 mujeres respecto al periodo anterior.
Desde esta bancada, Pamela Jiles (PH) y Claudia Mix (Poder) abren debate al interior del FA sobre los postulantes del conglomerado a la presidencia de la Cámara de Diputados, en la cual no está incluida una mujer como postulante. Como es de costumbre, las decisiones sobre candidatos parecieran ser una nebulosa y los argumentos entre el FA se hacen visibles a través de la prensa. Claudia Mix (Poder) criticó en Pulso.cl “no es posible de que dos o tres diputados se pongan de acuerdo para ir a conversar con la NM cuando somos 21 parlamentarios y lo lógico sería que esto lo decidiéramos de forma colectiva, poniendo en el centro qué es lo mejor para Chile y el FA. Nuestra crítica es a habernos enterado por la prensa de esas reuniones”.
De la discusión de los métodos que han destacado las polémicas del FA, se pone al centro la falta de postulantes mujeres para cargos en la cámara “esta discusión se estaba masculinizando demasiado y que se dejaba fuera el aporte que nosotras siete podemos entregar. Como bancada femenina tenemos la aspiración de disputar todos los cargos, incluida la presidencia de la Cámara de Diputados.” Dijo Mix, pero al parecer no sólo la voz femenina se ha visto invisibilidad, sino como ella misma denuncia, la decisión es tomada sin consulta con todas las organizaciones con representación parlamentaria. Lo que pone en cuestión su mecanismo de que las decisiones son tomadas colectivas y democráticamente.
A pesar de ello, el centro del debate ha tomado un tinte de disputa de puestos entre sexos, dado que la controvertida periodista electa por el Partido Humanista, ex militante del Partido Comunista y nieta de Elena Caffarena, Pamela Jiles, ha señalado "hubo grandes presiones hacia las compañeras de Revolución Democrática para que abandonaran esta instancia. Estábamos completa y explícitamente de acuerdo en plantear la aspiración de todas y cada una a presidir la Cámara hasta que Maite Orsini dijo recién ayer que no iría contra la candidatura de Giorgio Jackson a la presidencia de la Cámara y que se oponía a que nosotras lo hiciéramos. Es lamentable, pero también esperable que cuando el poder femenino se pone en marcha, se le pongan cortapisas desde los intereses masculinos". Mientras que la diputada electa eludida, dice que "ni Claudia Mix ni Pamela Jiles, mi candidato se llama Giorgio Jackson".
La participación femenina en política, es sin duda alguna un desafío, por ello no debe haber techo para las mujeres. Sin embargo, el debate político no se trata solo sobre participación sino cual es la estrategia para obtener las demandas sentidas y ansiadas por las mujeres, y quienes constituyen la mayoría de la población ¿se puede hermanar con aquellas mujeres que también cumplen el rol de condenar a cientos de miles de mujeres al aborto clandestino? ¿Se puede hermanar con aquellas que protegen la ganancias de quienes pagan el sueldo mínimo y juegan con la desigualdad por género para obtener mayores ganancias, aquellas que hoy son parte de los principales grupos económicos que pagan un 30% menos a las mujeres en comparación de sus compañeros varones, por la misma labor?
No es con una presidencia en la cámara de diputados que cambia la correlación de fuerza entre la opresión hacia la mujer y la conquista de derechos o la igualdad ante la vida, aunque sin duda deja en evidencia la desigualdad por sexo. No hay que olvidar que la máxima autoridad del gobierno actual es una mujer, por segunda vez en la última década, y la situación de las mujeres sigue entrampada y llena de límites.
La opresión de las mujeres no se erradicará con un puesto sino por la conquista de derechos, que se alcanzará no con un programa de conquistas graduales obtenidas con absoluta confianza en instituciones como el Parlamento como comparten tanto el Frente amplio como la Nueva mayoría, sino que la clave está en dar una batalla para hacer temblar las instituciones que han actuado en nuestra contra sin responder a nuestras necesidades, con confianza en las fuerzas propias, y para ello debe existir un gran movimiento de mujeres que actúe junto a los trabajadores y movimientos sociales, en cada rincón de esta sociedad, en las poblaciones, en las escuelas, universidades, trabajos, sindicatos, en las calles, que se plantee no sólo una sociedad feminista, sino una sociedad libre de explotación y opresión. Recién ahí se pondrá a prueba si la bancada femenina del FA será portavoz del sentir de millones de mujeres que viven la desigualdad salarial, la precariedad y agobio laboral, el aborto clandestino, la doble jornada laboral, la violencia machista que hoy asciende a la brutalidad del femicidio.