×
×
Red Internacional
lid bot

Movimiento de Mujeres. ¿Por qué decimos que las mujeres somos mucho más que víctimas?

El combate contra el machismo es un combate estratégico.

Domingo 30 de abril de 2017

Las mujeres convivimos con la violencia machista. Tras siglos de opresión, hemos podido dar cuenta de que no se trata de experiencias individuales que encuentran su explicación en arrebatos, momentos de descontrol, la influencia del alcohol o “errores propios”. Cada testimonio devela que a lo que nos enfrentamos realmente, es a un orden social patriarcal que por siglos ha sido modelado y actualizado por las clases dominantes, haciendo útil a sus propósitos la jerarquización de las diferencias entre mujeres y hombres.

Si decimos que la violencia hacia las mujeres se explica a partir de fenómenos socio históricos que hacen de la opresión una cuestión estructural al orden social en que vivimos, es porque de otra forma serían inexplicables las millones de mujeres muertas, agredidas y humilladas por hombres que sienten el derecho a decidir sobre sus vidas. Sin embargo, las mujeres no sólo somos oprimidas, sino que tras la creciente feminización del trabajo, la gran mayoría de ellas son explotadas y deben cargan “naturalmente” con todas las tareas que implica sostener a una familia obrera, a pesar de los enormes avances que el capitalismo ha desarrollado en tecnología y técnica, que perfectamente podrían hacer que las tareas domésticas dejen de ser privadas, pasando a una esfera pública.

Volvamos a la primera afirmación del párrafo anterior, sobre las millones de mujeres que de diversas formas son agredidas por hombres a quienes se les ha educado en el privilegio, haciéndoles sentir la superioridad suficiente para hacer prevalecer sus deseos por sobre nosotras.

¿Para acabar con ello basta con atribuir responsabilidades individuales y consecuencias punitivas? No, para las feministas socialistas esta visión encierra una contradicción que no casual, sino que es derechamente un engaño de doble propósito: atrapar a las mujeres en el lugar de víctimas para bloquear el enorme potencial que hemos desarrollado para entender la realidad impuesta por el capitalismo y el patriarcado, que nos pone en primera línea para golpear junto a nuestros compañeros a este sistema. En segundo lugar, ello invisibiliza el carácter estructural de la opresión, “para las marxistas patriarcado y capitalismo establecen una relación diferente y superior a la establecida en los anteriores modos de producción” (1), y como afirmaba Rosa Luxemburgo : el capitalismo es un sistema de discriminación en la explotación, al mismo tiempo que de explotación de toda forma de discriminación.

En los estrechos márgenes del capitalismo será imposible nuestras emancipación total, lo que no quiere decir que con la revolución socialista mecánicamente el machismo será superado. Es por esto, que a diferencia del feminismo radical, queremos ser militantes revolucionarias para levantar junto al proletariado una herramienta para la emancipación de explotados y oprimidos. Somos marxistas y queremos construir partido, pero esto no significa que nos vamos a adaptar al machismo profundamente enquistado en la clase trabajadora, sino que juntas vamos a seguir luchando contra esta y muchas miserias más impuestas por la ideología burguesa.

Ciertas organizaciones de izquierda en Chile son más fácilmente penetrables por las miserias de la sociedad burguesa, como el machismo y el patriarcado. Para nosotras y nosotros los troskistas ello está estrechamente ligado a concepciones estratégicas, como la desarrollada por el estalinismo, que señalaba al feminismo como un capricho pequeño burgués. Entre ellas también se ubica la izquierda del poder popular, que en sus variantes guevaristas y miristas se conciben a sí mismos como “hombres nuevos”, por lo que incluso eluden la lucha cotidiana contra las expresiones del machismo al interior de sus propias organizaciones. Otro argumento que recurrentemente utilizado, es que la lucha contra el machismo divide a las filas obreras destruyendo la unidad necesaria para enfrentar al enemigo de clase, lamentablemente se trata de un prejuicio populista extendido en las organizaciones de izquierda.

“Por eso el programa del troskismo plantea lo opuesto a lo que sostienen la izquierda del poder popular: si la unidad de las filas obreras es necesaria, entonces es imperioso erradicar los prejuicios contra los inmigrantes, las barreras que se alzan entre efectivos y contratados, combatir contra la ideología que impone la represión del adulto sobre el joven y, en este mismo sentido, luchar denodadamente contra la opresión hacia las mujeres. Ellas deberán dejar de ser las proletarias del proletario, las personas sumisas y consideradas objetos de la propiedad del varón” (2). La cita anterior, extraída del texto “Feminismo y marxismo: más de 30 años de controversias” de Andrea D´Atri sintetiza nuestra posición, basada en aceptar la realidad tal cual es y desde ahí luchar contra estas miserias para construir un partido internacional de combate de la clase obrera.

Esta es la lucha que las mujeres de Pan y Rosas, junto a los compañeros que integramos la Fracción Trotskista Cuarta Internacional, decidimos dar rescatando el legado de lucha de Rosa Luxemburgo, Clara Zetkin y Alejandra Kollontai entre muchas otras dirigentas revolucionarias.


Melisa Rodríguez

Estudiante Derecho U.Chile