8 de marzo: Día Internacional de la Mujer Trabajadora. A unificar las luchas con la clase trabajadora de las que somos parte.
Martes 20 de febrero de 2018

Por un 8 de marzo clasista
Si bien existen distintas interpretaciones acerca del origen de la fecha del 8 de marzo como el día de las mujeres, no debemos perder el espíritu original de reconocer el 8 de marzo como “día internacional de la mujer trabajadora”, que data sus inicios en un contexto histórico mundial enmarcado en la primera Guerra Mundial, la Revolución Rusa y la lucha sufragista.
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Hoy podemos empaparnos de las experiencias llevadas a cabo por las mujeres trabajadoras que irrumpieron en la escena obrera y levantaron las primeras huelgas que condujeron a una revolución, a su ardua lucha contra las miserias del capitalismo, y es que además, este sistema es doblemente voraz contra la vida de las mujeres pobres.
Si bien, nuestras vidas se encuentran en un nuevo escenario, conserva elementos comunes a los remontados de dicho periodo inicial del movimiento de las mujeres. Las luchas que han llevado adelante el movimiento de mujeres y feministas nos han significado ciertos avances en nuestras vidas, con aciertos y retrocesos a nivel internacional, y que hoy nos lleva a plantear las necesidades de hoy, para en ello focalizar los golpes que debemos dar.
Persiste hasta la actualidad la brecha salarial en que mujeres, a igual trabajo que un hombre, son peor pagadas. La doble explotación, en donde la economía se sostiene gracias al doble (o hasta triple) trabajo de las mujeres, a las cuales se les atribuyen las tareas domésticas y el cuidado de los hijos después de extensas jornadas laborales a las cuales están sometidas a cambio de salarios que no alcanzan a cubrir la canasta básica y aún no alcanzamos nuestros derechos sexuales y reproductivos de forma plena.
La precariedad laboral tiene rostro de mujer
Según cifras de la fundación Sol, desde el 2010 que los trabajos que se han creado para las mujeres son en su mayoría informales, con el sueldo mínimo. La condición empeora al analizar la edad en que trabajan las mujeres de “edad fértil” en que Benjamín Sáez, de la Fundación Sol, explica que “Una mujer que trabaje a honorarios muchas veces no tiene cobertura de derecho a postnatal, va a depender de la voluntad del empleador en la medida de que es un tipo de contrato o una relación de trabajo, en la que se trata como una relación comercial más que una relación laboral, por lo que pueden desaparecer ese tipo de derechos”
Aún existiendo la Ley de Postnatal, que sin embargo no es compatible con las condiciones laborales y económicas de todas las mujeres. Donde además, a la hora de contratar, las mujeres son un obstáculo a los intereses de los empresarios, quienes “ son mas caras” por el hecho de ser “fértiles”. Signo de un sistema que traspasa las responsabilidades de cuidado y atención a las mujeres de forma discriminatoria. Además que la obligación de los centros de trabajo para tener salacunas desincentiva la contratación al ser esto responsabilidad de las madres.
Asimismo, miles de mujeres continúan en trabajos informales a cambio de sobrevivir a una vida cada vez más cara.
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Aborto legal, seguro y gratuito:
El aborto bajo las tres causales no logra responder a las necesidades reales de las mujeres trabajadoras, cubriendo apenas el 3% de las mujeres que abortan en Chile. Significan un paso más que mínimo para garantizar los derechos sexuales y reproductivos, y contrario a la moralidad conservadora, debemos valorar las vidas de las mujeres. La restricción del aborto no significa, bajo ningún criterio, que se disminuyan apor fuera de la legalidad, donde las mujeres recurren a centros clandestinos, siendo las mujeres pobres las más afectadas por no tener la capacidad económica suficiente para recurrir a clínicas privadas que encubran el aborto, ni viajar a países en donde está permitido, o acceder a procedimientos médicos para interrumpirlos a través del misoprostol que se vende en el mercado negro. Las mujeres abortan, pero las pobres son las que mueren. La exigencia de un aborto legal seguro y gratuito corresponde a una cuestión de salud pública, y el Estado debe garantizar que podamos decidir sobre nuestros cuerpos sin incurrir en la violencia institucional que nos priva de nuestros derechos básicos.
Cuando el aborto es ilegal o limitado, son las mujeres de la clase trabajadora quienes son las más afectadas.
Pensiones y salud
Según el Instituto Nacional de Derechos Humanos: “La pensión de vejez promedio de una mujer es de 100 mil pesos (menos que el salario mínimo), mientras que la de un hombre es de 157 mil pesos” (INDH).
La situación se vuelve más grave al atender que un 59% de las mujeres tiene pensiones bajo la línea de la pobreza, que se enmarcan de la realidad de muchas con trabajos precarios, la flexibilidad laboral, la atención y los cuidados domésticos que le impiden de un trabajo estable y que advierte vacíos en las cotizaciones que son obligatorias.
Marcia Tijero, integrante de la Unidad de Estudios del INDH, indica que “Las brechas salariales entre hombres y mujeres se producen indistintamente de la actividad económica en que se desempeñen las mujeres, la categoría ocupacional donde se insertan, o los cargos y empleos a los que acceden” por lo que “Los hombres ganan más que las mujeres para cualquier nivel de educación, en cualquier tipo de empleo y tanto en firmas grandes como pequeñas”.
Así también, en las ISAPRES las mujeres deben cotizar más sólo por el hecho de ser mujeres. Teniendo que desembolsar casi el doble que los hombres por el mismo plan de salud individual. Nuevamente, la respondabilidad de las mujeres en lo reproductivo afecta de forma discriminatoria, siendo que ella debe correr con los gastos que implique la gestación y parto.
Cuesiones que ha sido amparada en los gobiernos desde la dictadura hasta la actualidad.
Violencia de género
La explosión del movimiento niunamenos no se da de un momento a otro de forma descontextualizada. Es una respuesta a la violencia que se reproduce y que es amparada por los Estados y gobiernos capitalistas. La violencia machista y la discriminación hacia las mujeres no sólo tiene de responsable al feminicida, sino que también debemos aputnar a las responsabilidades de los políticos que permiten que esto siga ocurriendo y no hacen nada para combatirlo.
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Desde la agrupación feminista y de la diversidad sexual Pan y Rosas Teresa Flores se levanta una Ley de Emergencia contra la violencia de género, en que se reconozca como feminicidio todo asesinato contra mujeres, y niñas independiente de la relación que exista entre víctima y victimario (hoy sólo se reconoce institucionalmente, las relaciones de pareja).
Así también exige la construcción de casas de acogida, derecho a la vivienda, subdidios estatales, trabajo estable y capacitación para cortar lascon las redes económicas de los agresores que permitan que las mujeres puedan tener estabilidad en esa área. Medidas mínimas que deben garantizar los Estados como una forma de prevenir el asesinato de una mujer.
Estas medidas no resuelven de forma definitiva los problemas estructurales del sistema, y para ello es necesario levantar un movimiento internacional de las mujeres.
Necesitamos levantar un gran movimiento internacional de mujeres que luche contra la violencia de género y por cada una de nuestras demandas; luchar por conquistar a grandes masas de mujeres que se puedan sumar a la batalla contra el patriarcado y el sistema capitalista en su conjunto; fortalecer nuestra organización levantando comisiones de mujeres en sindicatos y universidades; organizándonos por el derecho al aborto legal, seguro y gratuito, ¡y por cada una de nuestras reivindicaciones.
Feminismo internacional de las trabajadoras
Sin lugar a dudas, los grandes temas que posiciona el feminismo se entrelazan con la condición de mujer trabajadora, así tal como el movimiento de trabajadores es transversal a las condiciones de las mujeres, a la cual dejan caer todo el peso de las malas condiciones laborales, expresando en sus cuerpos la unidad entre capitalismo y patriarcado para oprimir en conjunto la vida de quienes sufren doble o triple explotación.
Las experiencias históricas nos dan lecciones acerca de la estrategia que debiésemos tomar. Sólo a través de la unidad de los trabajadores podemos conseguir nuestras demandas. Las mujeres, que somos más de la mitad de la fuerza productiva, debemos ser activas en tomar en nuestras manos y gestar organización obrera y feminista.
Así también lo han planteado las coordinadoras del 8 de marzo en Argentina, en cuyos espacios demandan que las centrales sindicales paralicen por las demandas de las mujeres trabajadoras, y planteando que la pelea de las mujeres debe ser abordado como un tema central.
Las diversas colectividades que se reúnen en dicho encuentro pretenden visibilizar la violencia económica hacia las mujeres, a quienes pesa con mayor fuerza los despidos que se están cometiendo en el gobierno de ofensiva neoliberal como el de Macri. También destaca como un hito histórico que por primera vez las diversas identidades, travestis, transgéneros y trans integran un encuentro que discute el rol que ocupan estas identidades en el combate contra el patriarcado, así mismo y en concordancia con el objetivo del encuentro, demandan el cupo laboral trans.
Sin dejar atrás a las demandas que han venido tomando fuerza en el último tiempo, continúa una lucha por el aborto legal, seguro y gratuito, planteando que las muertes de las mujeres en abortos clandestinos corresponden a ser un crimen en que el Estado no permite ni hace valer por los derechos sexuales y reproductivos de las mujeres, catalogando este hecho como un feminicidio.
La organización demanda con fuerza la campaña de 24 horas de desobediencia al patriarcado, haciendo un activo llamado a las organizaciones, sindicatos y centrales de trabajadores para parar en todos los lugares de trabajo. Las últimas movilizaciones que enfrentan la reforma previsional, laboral y al sistema de salud nos ejemplifica que son luchas que deben estar enlazadas. “No puede haber unidad antineoliberal sin reconocer al feminismo”.
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Movimiento de mujeres ad portas a un gobierno de la derecha.
Un nuevo gobierno de la derecha nos alerta en cuanto a que el movimiento de mujeres sufrirá ataques mucho más ofensivos en contra de nuestros derechos, puesto que un programa de corte empresarial precarizarán aún más las vidas de las trabajadoras.
El nombramiento de Isabel Plá en el Ministerio de la Mujer y Equidad de Género llama la atención por sus dichos abiertamente en contra del derecho al aborto, desde un discurso liberal que nada tiene que ver con la vida de las mujeres pobres, quienes no pueden vivir su sexualidad de forma plena como los sectores privilegiados a los que alude Plá.
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La Bancada Feminista ¿Hará el peso por los derechos de las mujeres trabajadoras?
La “bancada feminista” cuenta en sus filas con militantes de la Nueva Mayoría, el Frente Amplio y una integrante de la derecha, Chile Vamos. Tiene la intención de “igualar la cancha” para pelear por todos los puestos en el parlamento. Sin embargo, estos desafíos no se entroncan con los desafíos de las mujeres de la clase trabajadora, que para conseguir sus demandas no pasa necesariamente por una defensa corporativa desde el parlamento,sobre todo si este está integrado por grandes empresarios y políticos ligados a ellos con redes de corrupción.
Organismos sindicales y las responsabilidades del Frente Amplio y la Nueva Mayoría
Como hemos venido planteando, es necesaria la articulación del movimiento de mujeres con el movimiento de trabajadoras y trabajadores. En esta unidad está la clave de la conquista de nuestras demandas, que además son transversales a las necesidades de la clase trabajadora, es por ello que hacemos un llamado a todas las organizaciones de trabajadores, sindicatos y coordunadoras a levantar el Paro Internacional de Mujeres, 8 de marzo.
Aun teniendo una “bancada feminista” que integra a militantes del Frente Amplio y la Nueva mayoría, quienes se pronuncian muy “convencidas” a disputar desde el Congreso propuestas y modificaciones de las "medidas que vayan en contra de la dignidad de las mujeres", no así se pronuncian ni exigen a los militantes de sus propias coaliciones que son parte de los dirigentes sindicales con más peso a nivel nacional, como lo son La CUT que actualmente dirige el Partido Comunista integrante de la Nueva Mayoría; el Colegio de Profesores dirigido por el Partido Humanista que integra el Frente Amplio o la ANEF que dirige el PC.
Tampoco apuestan a movilizar a los trabajadores como elemento de unidad para enfrentar al capitalismo que actúa de forma más déspota contra las mujeres. Hoy necesitamos de estas fuerzas para que logren paralizar el país por nuestras demandas.
Así también lo expresan dirigentes sindicales que han dado duras batallas desde sus lugares de trabajo y desde donde tienen un trabajo activo.
Camila Delgado, presidenta del sindicato de Supermercados Cugat comenta en una entrevista: “creo que ese rol, el de denuncia, es insuficiente, y creo que debemos dar un salto no solamente a denunciar, sino a querer transformar esta sociedad; a que en nuestros propios lugares de trabajo y estudio planteemos que esto no es un problema individual, sino un problema colectivo. Por lo tanto, somos nosotras mismas las que podemos darle la mejor solución, y para eso tenemos que ubicarnos de manera dirigente ante la vida, y tomar estos espacios de dirigencias como una tribuna que nos permita plantear nuestras ideas, las nuestras y las de nuestros compañeros que juegan un rol importante. Nosotras no solo debemos buscar terminar con la opresión de este sistema, sino también con la explotación que nos afecta como sector de esta sociedad, como clase trabajadora. Ese rol debemos tomar las mujeres, un rol de transformación, un rol revolucionario.”
Beatriz Bravo (28) es trabajadora postal y delegada sindical del Centro Tecnológico Postal (CTP) de Correos Chile, señala
“Como trabajadores, por nuestra parte, debemos recuperar nuestros sindicatos y ponerlos al servicio de la lucha, organizarnos en los organismos sindicales y las organizaciones de trabajadores para mostrar que enfrentaremos cualquier ataque; osea rayar la cancha. Pero más de fondo, ver que uno u otro presidente de los partidos que han gobernado todos estos años (Concertación, Nueva Mayoría, derecha) o la política del FA, que busca "repartir mejor la torta", no representan los intereses de nuestra clase trabajadora. Tenemos que construir un partido de trabajadores revolucionario, que busque organizar una fuerza política de nosotros, que ponga en el centro que tenemos que enfrentar los ataques aprovechando las elecciones y todas esas vías, pero teniendo en claro que debemos ir a tomar el cielo por asalto, para conquistar una sociedad sin clases”.
Mientras que Joseffe Cáceres (30) que es secretaria de la Asociación Nacional de Funcionarios (ANFUMCE), del ex Pedagógico, y se desempeña como auxiliar de aseo añade: “El rol que debemos cumplir es clave, nuestra lucha en los lugares de trabajo es imposible sin ganar la fuerza del conjunto de los trabajadores para nuestras demandas, que sientan que también son suyas. Evidentemente, en el capitalismo, el machismo ha sido inculcado a los trabajadores. (…) Debemos levantar comisiones de mujeres, entusiasmar a las compañeras con emprender dar estas batallas”
El llamado a la unidad debe expresarse en enlazar las luchas, tal como lo manifiesta el apoyo de la coordinadora 8 de marzo ante el despido antisindical de Nicolás Bustamante, trabajador ferroviario de Antofagasta.
Por un feminismo obrero para las y los trabajadores.
Para poner en el foco en lo que hay que luchar, cómo llevarlo a cabo y bajo qué estrategia, es que hacemos una mirada a las experiencias que pueden nutrir al movimiento. La conquista de las demandas de las mujeres necesita de una fuerza potente y articuladora, que movilice y paralice el país, viendo dicha potencialidad en la clase obrera, de la que somos parte y nos convoca a manifestarnos de forma activa en nuestros lugares de trabajo.
Este año, el movimiento internacional de mujeres tiene un carácter más clasista, porque ya es hora de peleas y utilizar las herramientas con las que contamos y de las que somos parte. Es por eso que debemos exigir a todos los organismos, centrales obreras y sindicatos levantar las demandas de las mujeres, como parte de los derechos de la mujer trabajadora.