Ante la crisis y división del movimiento feminista, la agrupación de mujeres Pan y Rosas plantea su propuesta para fortalecer al movimiento de mujeres.
Miércoles 14 de junio de 2017
Durante estas semanas se ha producido una crisis en el movimiento de mujeres organizado, que ha generado un tenso debate en el seno de las organizaciones feministas, en sectores del activismo estudiantil y las organizaciones de izquierda. La coordinadora NiUnaMenos (Santiago) sufrió un quiebre interno dado que algunos sectores de las corrientes feministas han decidido impulsar una campaña de desprestigio hacia Pan y Rosas con el objetivo declarado de expulsarnos de las secretarías de género de la Universidad de Chile y de destituir a Bárbara Brito, vicepresidenta de la Fech (aunque esta situación no es representativa del conjunto de las coordinadoras que existen a nivel nacional).
Las organizaciones que encabezan esta ofensiva no han dudado en utilizar los peores métodos de los partidos del régimen, como son las tergiversaciones y las calumnias. Y por lo mismo, hemos impulsado una campaña pública orientada a evitar que se expulse autoritariamente a una organización de mujeres como Pan y Rosas y se destituya antidemocráticamente a Bárbara Brito. Lo hemos hecho con el convencimiento que de instalarse dichos métodos en el movimiento de mujeres y el movimiento estudiantil, se estaría sentando un precedente nefasto que nos debilitaría a todas y a todos para la lucha contra la opresión.
Estamos profundamente convencidas que esta disputa tiene como base un debate de alcances estratégicos, que influye en cuál será el futuro del movimiento de mujeres. El punto de partida es que las mujeres hemos logrado gracias a nuestra lucha, visibilizar ante la sociedad la violencia de género estructural que existe en el sistema capitalista. Muestra de esto es que la consigna NiUnaMenos se ha instalado internacional y nacionalmente, desencadenando movilizaciones multitudinarias en todo el mundo. Es en este marco que también se han empezado a visibilizar las denuncias de acoso y abuso en las universidades.
Sin lugar a dudas, se trata de una conquista del movimiento de mujeres. La pregunta y la disyuntiva que surge ahora es cómo esta visibilización puede transformarse realmente en un punto de apoyo para avanzar en lucha contra la opresión y para fortalecer al movimiento de mujeres con el objetivo de conquistar los derechos que el Estado capitalista nos niega cotidianamente y en unidad con otros sectores explotados y oprimidos: trabajadores, pueblos indígenas, diversidad sexual. No da lo mismo, por tanto, la forma en que deben afrontarse las denuncias, cómo debemos ubicarnos frente a las instituciones del Estado (de las cuales los gobiernos universitarios son parte), cuál es la lucha que debe asumir el movimiento de mujeres y cómo debe organizarse.
En lo que respecta a las denuncias de abuso, desde Pan y Rosas sostenemos que, en primer lugar, se debe escuchar la voz de las mujeres, sin prejuicios, pues sabemos lo difícil que es visibilizar la violencia. Creemos que la manera de encarar estas situaciones debe tener como objetivo central fortalecer la organización de mujeres, tomando con seriedad estos casos para tomar las medidas adecuadas. Resguardando a quienes denuncian, pero fortaleciendo la articulación como parte de una lucha contra el conjunto del sistema y sus pilares materiales.
Sin embargo, consideramos que afrontar las denuncias de abuso con el método del escarnio público o la funa individual no nos ayuda a llegar a este objetivo. Creemos que afrontar estas situaciones con el método del linchamiento público condena a las mujeres a la impotencia, empujándonos a mantenernos en el lugar de víctimas que sólo pueden aspirar a una salida individual frente al denunciado, que no afecta en nada los pilares que sostienen el patriarcado. El método de la funa viene acompañado normalmente con la exigencia de castigo, dirigida a las instituciones punitivas del Estado, permitiendo que éste vulnere las más mínimas garantías democráticas como es el derecho a defensa. La lucha contra la violencia de género no puede tener como resultado fortalecer el aparato represivo del Estado, pues es fortalecer las instituciones políticas del capitalismo, que es el que sostiene al patriarcado. No estamos dispuestas a caer en esta trampa.
Un movimiento de mujeres articulado en torno a esta política, encerrado en sí mismo, cuyo objetivo es crear falsos espacios liberados y que se enfrenta al mundo y a los hombres como enemigos que hay que funar, es un movimiento débil, incapaz de impulsar grandes luchas contra la violencia machista.
Como Pan y Rosas, en cambio, apostamos por un movimiento de mujeres masivo, que busque organizar a quienes más sufren los embates de la violencia machista, las mujeres trabajadoras y pobres. Que busque a su vez, aliarse con la clase trabajadora de conjunto, única fuerza capaz de hacer temblar al capitalismo que sostiene al patriarcado. Apostamos por un movimiento de mujeres organizado desde la base, democrático y con libertad de tendencias políticas, porque a diferencia de lo que muchas y muchos nos quieren hacer creer, las mujeres somos sujetas políticas que podemos proponernos grandes objetivos. Buscar expulsar a una organización política de mujeres como es Pan y Rosas va en contra de este objetivo. Apostamos por un movimiento que se construya desde comisiones de mujeres en todos los lugares de trabajo, de estudio y en los barrios. Queremos poner en pie un movimiento de lucha de las mujeres, independientes del Estado y los partidos políticos del régimen. Es la única opción que nos queda a las mujeres para enfrentar y pararle la mano a la violencia machista.
Hoy más que nunca es necesario decir fuerte ¡basta de violencia contra las mujeres! ¡Ni Una Menos! ¡Vivas nos queremos! Debemos impulsar fuertes y masivas movilizaciones para imponerle a los gobiernos la implementación de todas las medidas necesarias para paliar las consecuencias de la violencia machista y prevenir los femicidios: refugios para las víctimas y casas de acogida estatales, licencias laborales manteniendo el salario, oportunidades de empleo para que ninguna mujer deba depender económicamente de alguien, subsidios que cubran la canasta familiar para las mujeres desocupadas, y subsidios para acceder a vivienda, etc. En las universidades luchamos porque sean comisiones triestamentales independientes de los decanatos y las rectorías autoritariaslas, las que tomen en sus manos las denuncias de abuso, impulsando investigaciones serias, tomando todos los resguardos hacia la denunciante y asegurando el derecho a defensa.
La unidad de acción del movimiento de mujeres para dar esta pelea es fundamental. Es por esto que hacemos un llamado a todas las organizaciones feministas, a las secretarías de género y las coordinadoras de mujeres y de la diversidad sexual, a organizar en conjunto esta lucha. Creemos que este debate hay que darlo de cara al movimiento de mujeres de conjunto, al movimiento estudiantil y de los trabajadores. Una vía para hacerlo es organizar un nuevo Encuentro Nacional de Mujeres con representantes de las distintas secretarías de género, comisiones de mujeres en los sindicatos con discusiones abiertas a las asambleas de base.