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Red Internacional
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TRIBUNA ABIERTA // OPINIÓN. "Que eventos como este, que nos sacuden de la cotidiana tarea académica, se repitan todo lo que sea posible"

Estela Fernández Nadal Profesora titular Facultad de CS Políticas y Sociales - UNCuyo e Investigadora CONICET (INCIHUSA-CCT Mendoza)

Jueves 11 de junio de 2015

El martes pasado, 2 de junio, a las 17:30 hs. tuvo lugar en el aula magna del BACT, Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la Universidad Nacional de Cuyo, un interesante evento académico y político organizado por la Juventud del PTS en el Frente de Izquierda (FIT). Se trató de una charla-debate sobre “La juventud y los desafíos en la política. Un debate entre el kirchnerismo y el Frente de Izquierda”, que contó con la participación de tres intelectuales destacados: Ernesto Espeche, docente de la carrera de Comunicación Social de la FCPyS-UNCu y director de Radio Nacional Mendoza, y Roberto Follari, también docente de la casa e integrante de Carta Abierta, ambos en calidad de simpatizantes del gobierno K, y, por otra parte, Christian Castillo, diputado de la Provincia de Buenos Aires por el FIT y docente de la UBA y la Universidad Nacional de la Plata, además de conocido dirigente de su agrupación política.

En un aula magna colmada de jóvenes estudiantes, con la presencia además de algunos profesores de la Facultad, los oradores tuvieron oportunidad de exponer sus posiciones en una primera ronda de participaciones, de unos 15-20 minutos, para dar lugar luego a debates entre ellos y también a responder algunas intervenciones del público.

Las que siguen son mis impresiones sobre el debate; no se trata por tanto de una reseña objetiva, sino de un breve comentario que refleja aquello que retuve porque me interesó o me interpeló.

Ernesto Espeche y Roberto Follari, desde dos miradas diversas aunque confluyentes en su común defensa del “modelo”, plantearon lo que a su juicio son los avances logrados en materia social y cultural por la larga década kirchnerista, que podrían quedar en riesgo de perderse si en las próximas elecciones nacionales y provinciales ganara la “derecha”, identificada por ambos como el macrismo, a nivel nacional, y la alianza del radicalismo y otras fuerzas políticas, encabezada por Alfredo Cornejo, a nivel provincial. La lista de esos logros, por remanida hasta el cansancio por los simpatizantes del oficialismo, es muy conocida por todos, de manera que paso una rápida revista: las leyes de medios y de matrimonio igualitario, el AUH, la “política de DDHH”, son los ítems más destacados.

Dentro de esa línea, Ernesto Espeche se presentó como un kirchnerista no peronista, resaltó su procedencia política del PC y su condición de hijo de desaparecidos; desde allí, planteó una posición que se asume como “de izquierda”, no renuncia a un “horizonte revolucionario” y reconoce en el pensamiento marxista una fuente de inspiración teórica. Sin embargo, advierte Espeche que la especificidad nacional y latinoamericana exige un paso a paso, en un camino que tiene, según su perspectiva, un momento fundamental y fundacional en el actual gobierno kirchnerista. De allí se sigue su énfasis en la necesidad de no perder las conquistas sociales alcanzadas durante la última década.

En el caso de Roberto Follari, su discurso recorrió muchos de los mismos argumentos ─ siempre con la solvencia de un experimentado intelectual político─ , pero discrepó en el talante entusiasta de su correligionario. Aunque reivindicó una identidad de izquierda nacional y popular, planteó que históricamente todas las revoluciones alimentadas de las ilusiones socialistas terminaron en regímenes totalitarios, razón suficiente, según su opinión, para concluir que tal es el destino que le espera a toda revolución futura, lo que debería convencernos de la necesidad de abandonar las utopías revolucionarias y atenernos al realismo de lo “posible”, para evitar así la repetición del estalinismo ─fenómeno que él entiende no como una referencia puntual al régimen de José Stalin, sino como un proceso histórico reiterativo, inherente a todas las ideologías revolucionarias, incluso a las tradiciones marxistas críticas del socialismo real ─. A esta lectura se suma la actual ausencia absoluta de condiciones subjetivas para acometer cualquier revolución. Todo lo cual invita a concentrar los mejores esfuerzos en evitar que los logros conseguidos (la lista consabida) no se pierdan en manos de un futuro gobierno de derecha.

Christian Castillo respondió a todas los cuestionamientos teóricos con una solvencia que sorprendió a quienes no estamos acostumbrados a escucharlo. El diputado posee una formación académica sumamente sólida, un gran conocimiento de la historia contemporánea en general y de los movimientos sociales y sindicales en particular, así como también del pensamiento marxista. A ese bagaje teórico, el expositor agregó un pormenorizado diagnóstico de la realidad política nacional ─particularmente en lo relativo a la provincia de Buenos Aires, pero también con interesantes referencias a Mendoza─, que desnudó las formas de articulación del “progresismo” kirchnerista con el aparato pejotista, manejado por los viejos caudillos territoriales (y/o sus herederos) con las consabidas prácticas del clientelismo y mezclado con todo tipo de negociados mafiosos.

Castillo recordó su inscripción en la tradición trotskista, con todo lo que ello significa en cuanto a la lucha histórica contra el estalinismo y, con argumentos contundentes, demostró que la historia es un proceso abierto a la práctica humana, cuya construcción depende de lo que se haga en más, sin que ello signifique desconocer los errores pasados y no aprender de ellos. Criticando tanto el utopismo ingenuo, desarraigado de la lectura de lo real, como la apelación pragmática a la real politik, sostuvo que nada garantiza que la revolución sea posible, ni que conduzca a una sociedad más libre y más justa. Pero el presente nos empuja a modificar la realidad, que no representa ninguna meta alcanzada. En efecto, pasó revista a los límites de los supuestos logros obtenidos, tanto en materia de derechos sociales (de las mujeres, de los trabajadores, de los jóvenes) como de los mismos derechos humanos ─ámbito en el cual el kircherismo pretende que nada puede reprochársele, a pesar de que son muchas voces las que esgrimen lo contrario. Castillo señaló la inmensa deuda existente en estas materias con los sectores sociales más postergados (pueblos indios, habitantes de zonas fumigadas con glifosato o contaminadas con la minería a cielo abierto o el fracking, etcétera), y destacó la importancia de una política comprometida con los que sufren las consecuencias de la subordinación al capital internacional (el caso Lear fue presentado como un ejemplo ilustrativo) y de la asunción, por parte del país, del papel agroexportador de materias primas a granel. Todo lo cual, y por otra parte, lejos de mostrar algún avance en la lucha contra el imperialismo, es expresión de una aceptación sumisa de la nueva división internacional del trabajo, que obliga a una reprimarización de la economía argentina.

Solo se me ocurre un aporte modesto a la interesante exposición de Christian Castillo; es el siguiente. No sólo el horizonte emancipador (despejado por el pensamiento de Marx y las luchas de los trabajadores y los oprimidos durante los siglos XIX, XX y lo que va XXI), sigue siendo una posibilidad histórica abierta, con condiciones objetivas existentes y maduras (y cuyas condiciones subjetivas se irán forjando a medida que las masas avancen colectivamente, pues, como bien dijo Castillo, son las revoluciones las que transforman a los sujetos en revolucionarios); además, dado el carácter depredador del capitalismo actual, su concentración y el potencial destructivo de la tecnología desarrollada, el socialismo es la única alternativa para la sobrevivencia de la especie humana y de la naturaleza. Hoy, más que nunca, el lema es “socialismo o barbarie”, y la barbarie incluye todas las formas, también las nac&pop, del capitalismo.

En fin, solo me cabe felicitar a los organizadores por la excelente iniciativa y a los disertantes por la disposición a debatir ideas, y desear que eventos como este, que dejan pensando al auditorio y nos sacuden de la cotidiana tarea académica, se repitan todo lo que sea posible.