El gobierno de Macri se dispone a pagar alrededor de USD 12 mil millones por una deuda original de USD 4.682 millones. Negocio redondo para los acreedores.
Esteban Mercatante @EMercatante
Jueves 10 de marzo de 2016 00:00
El gobierno presentó la semana pasada el acuerdo con los fondos holdout, llamados así porque no adhirieron a los canjes de 2005 y 2010. Con estos, la Argentina reestructuró la deuda que había entrado en default en 2001. El monto de deuda original que se canjeará es de USD 4.682 millones. Según las cuentas del equipo económico, creció por acumulación de intereses y punitorios hasta USD 22.388 millones. El gobierno alcanzó un acuerdo para saldar esa deuda con una “quita” que llegaría a 46,2%.
El equipo de Macri pretende mostrar como un “triunfo” pagar “solamente” un monto que rondará los USD 12.000 millones. Pero la evaluación de The Wall Street Journal, que felicita a Paul Singer por disponerse a amasar una ganancia de “entre 10 y 15 veces la inversión original”, desmiente rudamente las pretensiones del gobierno.
Se predisponen a realizar una entrega formidable, con la excusa de que es necesario para evitar el ajuste. Un chantaje vergonzoso y falso. El ajuste ya está en marcha y este negociado no hará nada para frenarlo. Y aún con acuerdo, pocos analistas le auguran que vaya a pagar menos de 8 %, tasa sideral en términos internacionales.
Friolera
La emisión que realizará Argentina para pagar será de USD 12.000 millones. El gobierno aceptó reducirla de los USD 15 mil millones originales para lograr apoyo de la oposición en el Congreso. Una friolera. Todo para que vaya a los bolsillos de unos buitres que litigaron en Nueva York y otras jurisdicciones, reclamando con el “derecho” que les daban los bonos que compraron cuando la Argentina ya había defaulteado, a precios que rondaban apenas un 30 % del valor original. Una estafa en toda la línea, convalidada por el acuerdo.
Según expuso el gobierno ante Griesa, el fondo Bracebridge (que obtendrá USD 1.266 millones por bonos que tenían un valor original de USD 120 millones) ganará 952 % sobre el valor nominal. NML, de Paul Singer, gana 392 %, y el fondo Aurelius 254 %. Pero sobre lo que realmente pagaron (un tercio del nominal), los rendimientos son aún mayores: 846 % para Aurelius, 1.308 % para NML, y 3.183 % para Bracebridge.
Denuncias cruzadas
Para disfrazar la infamia del acuerdo, los Macri boys disparan contra el kirchnerismo: su “desidia” para cerrar el conflicto sería lo que permitió que la deuda creciera exponencialmente. Esta denuncia parte del supuesto de que el conflicto debía cerrarse de la forma que ahora está encarando el gobierno: pagar a rajatabla.
La crítica le cabe al kirchnerismo: resulta inexplicable que quienes reivindicaron una actitud de “pagadores seriales” hayan dejado que el “puchito” de los holdouts (comparado con todo lo que se pagó) creciera más de 5 veces. Por eso, que el ex ministro Kicillof critique que este es un acuerdo cerrado a las apuradas y oneroso, cuando le pagó al Club de París el 100 % de lo que le reclamaba, y a Repsol 7 mil millones más de lo que había prometido, suena irrisorio.
La principal responsabilidad del kirchnerismo es sin embargo uno que a Macri ni por asomo se le ocurriría criticarle: haber mantenido en las emisiones de deuda de 2005 y 2010 la famosa “prórroga de jurisdicción”, basada en reglamentaciones que vienen de los años de la dictadura. Esto significa que las condiciones de emisión de la deuda permiten que se juzgue en cortes extranjeras sobre litigios entre los acreedores y la Argentina. Si Griesa tuvo durante estos años poder de daño fue porque, por deuda de 2001, pudo bloquear pagos de bonos emitidos en 2005 y 2010. Algo imposible si la Argentina no hubiera repetido la prórroga de jurisdicción, algo presentado como inevitable para lograr aceptación en el canje. Los “nacionales y populares” kirchneristas y los “neoliberales” de Cambiemos, son así corresponsables en esta nueva entrega. Que es sólo el preámbulo para nuevas emisiones que también serán puestas a merced de las cortes imperialistas.