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Reflexiones sobre el Perú rebelde

Matías Busi

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Reflexiones sobre el Perú rebelde

Matías Busi

Ideas de Izquierda

Después de un mes en Perú, voy a intentar plasmar una experiencia con la variedad de colores de una montaña arcoíris. El objetivo central es dejar escritas las conclusiones más importantes a las que llegamos debatiendo entre camaradas de cinco países distintos de América Latina, como parte de la Fracción Trotskista - Cuarta Internacional. Y además, tratar de describir cómo llega a los sentidos la percepción de que algo profundo está cambiando, de que todo lo sólido puede desvanecerse en el aire.

En Perú estalló la bronca. Coyunturalmente puede explicarse observando que millones de campesinos y pobladores originarios habían votado por Pedro Castillo, un docente de origen rural que aparecía como “uno de los suyos” en medio de una crisis política que se arrastra hace mucho, con vacancias y renuncias de cinco presidentes en seis años.

A pesar de haber traicionado sus promesas electorales, como la convocatoria a una Asamblea Constituyente, el fin de los contratos extractivistas o la gratuidad universitaria; a pesar de cederle espacios a la derecha cada vez más en los ministerios; e incluso a pesar de haber reprimido a trabajadores rurales con un saldo de cuatro asesinados en una protesta, Castillo nunca fue aceptado por un régimen profundamente racista.

Las movilizaciones comenzaron contra el golpe de Dina Boluarte, la que era la vice de Castillo, tras un intento desesperado de éste último de cerrar el Congreso, habiendo perdido el apoyo de su propio partido. La represión fue feroz y desató los cortes de ruta en el interior del país, con el epicentro en Puno. Posteriormente comenzaron las oleadas para “tomar Lima”. Este proceso, con “treguas” en las semanas de Navidad y Año Nuevo, y más recientemente en Carnaval, se extiende desde diciembre hasta ahora, con flujos y reflujos. En las últimas semanas, se encuentra en un retroceso más fuerte.

Pero las razones del estallido son más profundas. Miles de campesinos, trabajadores y miembros de las comunidades originarias entraron de golpe en la arena política, cuestionando la herencia neoliberal fujimorista y el racismo. Fue impactante ver las imágenes que nos mostraron los compañeros de La Izquierda Diario Perú y la Corriente Socialista de las y los Trabajadores (CST) de una boda de ricos: una hija de empresarios peruanos y un nieto de un conde español se casaron hace 10 meses con un “espectáculo” de esclavos indígenas. Mujeres arrodilladas con la cabeza inclinada, hombres atados representando la esclavitud. Sí, así como lees, colonial y aberrante.

Son incontables los padecimientos acumulados que viven las mayorías. El 80% de informalidad laboral se ve en las calles de Lima, repleta de carros de gente vendiendo comida y bebida, personas mayores de edad que ofrecen pesar a otros en una balanza por 50 céntimos, conductores que son taxistas y al terminar la jornada continúan con alguna app, para extenderla hasta a 14 horas. Salud y educación privadas. Casas construidas con lo poco que se tiene en medio de un cerro y noticias de huaycos (avalanchas de lluvia y piedras) que destruyen todo a su paso y se llevan decenas de vidas en cuestión de minutos. 8 de cada 10 niños de entre 6 meses y 3 años que padecen anemia en Puno. El modelo que defienden los Milei y Juntos en Argentina es lo que está mostrando su calamitoso fracaso en América Latina. Después de Chile, Colombia y Ecuador, llegó el turno de Perú.

La lucha de clases

Llegué el miércoles 1° de febrero y el sábado era “la marcha de los conos”. Ese día vimos la fuerza de las delegaciones enviadas por las comunidades del interior. Desde el norte, sur, este y centro de Lima, 30 mil campesinos caminaron hasta la Plaza 2 de Mayo. Estas comunidades sostuvieron con sus propios recursos, en el momento más álgido, 140 cortes de ruta en todo el país afectando al 20% de la producción minera, acciones en la capital y tomas de ciudades enteras. Pusieron en la escena nacional consignas contra el racismo y la entrega de recursos a las grandes mineras que destruyen el ambiente y explotan a las poblaciones. Continúan peleando a pesar de la represión salvaje que se dió ese sábado, como en cada acción, y de los más de 70 asesinados, al menos según la información que pudo juntarse.

Además, durante el proceso salieron a la calle trabajadores y estudiantes. Estos últimos venían de protagonizar una heróica muestra de solidaridad en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, que existe desde 1551. A casi 500 años, estudiantes autoconvocados, abrieron las puertas a las delegaciones en una institución de nacimiento colonial. Fue una medida que le picó a la clase dominante, que con tanquetas y fusiles desalojó esta potencial alianza. Nos tocó conocer a varios pibes de esa universidad, que no bajaron los brazos y continuaron debatiendo qué perspectiva darle a la movilización.

Fue impactante ver las columnas, las cuadras repletas de manifestantes. A la juventud con escudos al frente, a los grupos autoorganizados de desactivadores de bombas lacrimógenas, las mujeres quechua y aymara con sus vestidos. La disposición a luchar de miles está ahí, gritando, recordándoles a los que quieren decretar el “fin de la historia” y el triunfo del capitalismo, que ésta se sigue escribiendo con lucha de clases en América Latina y en todo el mundo. Perú es una muestra más –entre otras a nivel internacional, como la de los obreros y estudiantes franceses que enfrentan la reforma jubilatoria de Macron– de que las masas en el mundo están ejercitando los músculos para irrumpir en el curso de los acontecimientos.

¿Por qué no cae Dina Boluarte?

A pesar de lo mencionado, el golpe se sostiene. Surgía la pregunta en cada conversatorio, en cada encuentro de trabajadores, en las charlas que teníamos en las marchas o en un bar, antes y después de la calle ¿Por qué no cae Dina Boluarte? Fue y es una tarea que tomaron las y los compañeros de La Izquierda Diario Perú y la CST dar una explicación, porque allí se encuentran problemas históricos que las masas deben resolver. Participar de estos debates fue una gran experiencia militante.

La primera conclusión que deja hasta ahora la lucha de clases en Perú es que es necesario que la clase obrera, con sus grandes batallones y sus posiciones estratégicas, entre decididamente a la lucha. Con estas últimas nos referimos a los lugares dentro de la producción, la circulación y los servicios que hacen a la clase trabajadora capaz de paralizar el país a través de la huelga general. Además, le dan el potencial de reorganizar la sociedad sobre nuevas bases. Son los grandes resortes que mueven la economía del país y la ganancia capitalista. Al paralizarse podrían ahorcar y cantarle "jaque" al régimen golpista. Y a su vez, podrían volverse una referencia para aglutinar y coordinar a los distintos sectores en lucha, en espacios democráticos que potencien la movilización y busquen darle una respuesta a los profundos padecimientos de las mayorías.

Ahora bien, en las movilizaciones participaron trabajadores pero lo hicieron de forma dispersa y no con sus organizaciones de masas, con sus sindicatos, a la cabeza. Además, gran parte de la fuerza de trabajo en Perú es informal, lo cual lleva a niveles muy altos la fragmentación de la clase trabajadora. A pesar de esto, las y los trabajadores empujan en Perú una inmensa producción minera, pesquera, de alimentos, y una logística portuaria enorme (se está construyendo con capital chino el que será el puerto más grande de América Latina). Desde estos sectores, que definen la actividad y el crecimiento del país que hoy se apropian unos pocos, puede unificarse en la lucha al conjunto de los sectores explotados y oprimidos, y desarrollarse una respuesta a problemas como el de la tierra, la vivienda, la salud y la educación, la precarización del trabajo, la explotación infantil y la carestía de la vida.

Hay actores que se encargan de sostener los límites en la movilización y articulación de la clase obrera: el jueves 9 de febrero, la conducción de la Central General de Trabajadores de Perú (CGTP) convocó a un “paro indefinido”. Pero su declaración pública fueron sólo fuegos artificiales para calmar la bronca de miles de obreros. La burocracia, que en este caso es el Partido Comunista de Perú, se encargó, a la vez que tomaba un discurso crítico de Boluarte, de evitar que se desarrollaran asambleas en los lugares de trabajo para preparar el paro, y de consensuar con el Ministerio de Trabajo del gobierno golpista los términos y condiciones de aquel. Terminó siendo una movilización a la tarde, después de la jornada laboral, sin pelear para garantizar a los trabajadores el sueldo de ese día.

La conclusión fue trágica, cuando la dirección de la CGTP levantó la movilización a la hora y media, dejó expuestas a las columnas campesinas a la represión de la Policía Nacional de Perú. Mientras miles de obreros estaban presentes, el régimen no se atrevió a disparar una sola bala. Es una muestra estridente, pero solo potencial por el rol que jugaron las conducciones, de lo que puede hacer el poder obrero si se despliega al máximo. La CGTP, fundada en los años 20 por José Carlos Mariátegui, jugó un papel reaccionario por la política del estalinismo en Perú.

Por otro lado, las movilizaciones regionales, con importante composición campesina, también incluyeron a los trabajadores agroindustriales del interior, como los de Ica, el Barrio Chino y el norte de Chao. Se han movilizado algunos centros mineros e industriales, así como el transporte pesado. Nuevamente, las direcciones de estos conflictos dieron la nota. Un ejemplo es el de la huelga minera que se desarrollaba al comienzo del proceso, de forma salvaje, contra las condiciones inhumanas de trabajo. La burocracia retiró el apoyo del sindicato a esta lucha “para que no se mezcle con los campesinos y que no tenga consignas políticas”.

Sin embargo, y a pesar de su dirección, miles de docentes, textiles, telefónicos, entre otros, salieron a las calles el día del paro. La columna de los obreros de la construcción civil fue la más potente, un mar de chalecos rojos que inundó la capital. Esos chalecos que levantan los grandes edificios que se utilizan para la especulación inmobiliaria, que se ven vacíos desde cualquier calle del centro rico mientras miles no tienen techo, mostraron su disposición a la lucha.

La segunda conclusión, expresada en los artículos y debates públicos presentes en La Izquierda Diario Perú, es la necesidad de superar la falta de coordinación de los sectores en lucha. Estrechamente ligado a este problema, el planteo de que la pelea del pueblo peruano es eminentemente política, y requiere de una dirección que no tenga alianzas con el gobierno y los partidos del régimen.

La falta de coordinación, destacada como un gran problema por todos los participantes con quienes nos tocó debatir, es fruto de la propia política de la conducción de la CGTP, que utilizó la fuerza desplegada para negociar con el régimen demandas meramente salariales y mojó la pólvora de la movilización. Pero también se debe al peso de corrientes maoístas en las direcciones de los comités de campesinos. Estas, lejos de desarrollar un movimiento unificado y democrático, implosionan las asambleas que surgen por la voluntad propia de los sectores que se movilizan en las regiones. Para lograrlo, imponen métodos antidemocráticos sin permitir el voto de quienes protagonizan las acciones. Y, por otro lado, desarrollan una política de “larga marcha”. Esta conduce las energías de miles de campesinos a movilizaciones dispersas “de sacrificio”. Por separado, las distintas delegaciones se movilizan kilómetros y kilómetros, cuyo único objetivo son los choques desgastantes con la policía.

Así lo explicaba en cada ocasión Ana Aguilar, dirigente de las rondas campesinas de Lampa (Puno), a quien conocimos en los vaivenes de la movilización. Ella nos contó en primera persona cómo sus familiares y vecinos sufrieron la represión y perdieron seres queridos. Su bronca se chocaba constantemente con quienes tomaban las decisiones del Comité Nacional Unificado de Lucha de Perú: “No nos dejan opinar ni votar sobre lo que vamos a hacer, nos hacen marchar y marchar sin decidir nada. Nos están desgastando”. Esos fueron los motivos que la llevaron a poner en pie otra coordinadora, que hoy busca la solidaridad de los obreros y estudiantes de Lima.

Otro ejemplo es la pelea que siguen llevando adelante nuestros compañeros Carla y Ricardo al interior de un comité que surgió en el distrito de San Juan de Lurigancho, el más poblado del país. Decenas de trabajadores y pobladores de esta región comienzan a ver con simpatía y a apoyar las mociones de la CST, que buscan sembrar una tradición de debate democrático desde abajo, y que las acciones de este distrito coincidan con los diversos sectores en lucha presentes en Lima. Esto lo hacen enfrentando al maoísmo, la dirección burocrática de la asamblea, que se vió obligada a habilitar el voto de todos los participantes.

Como síntesis, la estatización y la burocratización de las organizaciones que dirigen la movilización fueron la principal traba para que esta logre unir la fuerza de todos los sectores en lucha, haga entrar en escena la fuerza de la clase obrera, y logre derribar al gobierno golpista abriendo una situación revolucionaria. A pesar de que la CST es aún una pequeña y joven corriente, está sembrando en diversos sectores un conjunto de prácticas y métodos que nunca existieron en el país, propios de una estrategia para vencer. Al mismo tiempo que empiezan a desarrollar un programa al calor de los acontecimientos desde una perspectiva de la clase obrera.

Cambio de conciencia y nuevas bases

En el libro De la Movilización a la Revolución (Ediciones IPS, 2022), Matías Maiello desarrolla reflexiones para pensar la revolución en nuestro siglo. Retomando a Trotsky, plantea que

las instituciones no cambian jamás en la medida que la sociedad lo necesita. Aún cuando estas se encuentran en una profunda crisis, pueden pasar largos períodos donde las fuerzas de oposición no hacen más que oficiar de válvula de escape para descomprimir el descontento de las masas, y así garantizar la estabilidad del régimen social dominante (...) Este carácter crónicamente rezagado de las ideas y las relaciones humanas respecto a las condiciones en las que están inmersas hace que cuando aquellas condiciones se desploman catastróficamente, volviendo insoportable el orden establecido para las mayorías y determinando su irrupción en el escenario político, los cambios en la conciencia en pocos días superen a los de años de evolución pacífica.

Efectivamente, el régimen en Perú se desploma y cada día es un mes en la vorágine de la crisis política. La indignación con las instituciones del Estado capitalista se expresa en que el 90% de la población opina que debe cerrarse el Congreso, un nido de ratas que aumentó su dieta en medio de la represión descarada. Ningún partido saca los pies del plato, y son repudiados tanto los fujimoristas como los autodenominados “de izquierda”, que también sostienen a Dina Boluarte y no quieren ceder siquiera un adelanto de elecciones porque están viciados con su sueldo en dólares.

La sensación que hay en cada conversación cotidiana, en el micro, en un bar, en los videos virales de las redes sociales, es que las instituciones que hay ya no sirven, que los “representantes” no pueden dar ninguna solución ni respuesta a la crisis que vive Perú. Que están corrompidos tanto el Congreso, como el Poder Ejecutivo y el Judicial. “Estamos hartos”, “tiene que decidir la gente”, “esto no se soluciona con un cambio de presidente”, son algunos de los comentarios frecuentes.

Durante este febrero intenso tuvimos el placer de conocer a mucha gente. Además de los compañeros de la CST, estudiantes de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos y de la Universidad Nacional de Ingeniería. Trabajadores de comercio y textiles. Jóvenes médicos. Campesinos de Puno y Cusco. Así como la realidad del país cambiaba minuto a minuto, la conciencia de los protagonistas del proceso también.

Los debates acerca de la Asamblea Constituyente fueron frecuentes. Esta consigna llegó a tener un 70% de aceptación en el país ¿Qué significa que sea Libre y Soberana? ¿Quién debe convocarla? ¿Los mismos partidos del régimen que defienden esta constitución? ¿O debe surgir desde abajo, desde las instituciones que los miles de campesinos, trabajadores y estudiantes podrían poner en pie durante el proceso de lucha? Así deliberaban unos 60 delegados que se acercaron a la casa cultural socialista León Trotsky, que fundamos con mucho esfuerzo en la última semana del viaje, en pleno centro de Lima.

Miles que están peleando se preguntan qué hace falta para vencer. De repente buscan respuestas, una perspectiva que encarne los motivos profundos de su pelea. No solamente por la caída de Dina, sino por terminar con los sufrimientos inauditos que azotan en las condiciones de vida. En una movilización grande decidimos llevar nuevamente un volante, que comenzamos acercando a las columnas de trabajadores, pero terminamos por repartir sin movernos. Simplemente se acercaban de a decenas a buscar el papel para saber qué decía, expresando un despertar político. Nos quedamos quietos mientras nos sacaban las hojas de las manos.

Lo que inclina la balanza

El miércoles 15 de febrero realizamos una conferencia junto a la legisladora porteña Alejandrina Barry y el diputado nacional Alejandro Vilca, del PTS en el Frente de Izquierda Unidad. Viajaron a Perú para potenciar la solidaridad internacional y, a su vez, recolectar las denuncias de las violaciones a los Derechos Humanos. Allí Jorge, un trabajador de Ripley (comercio), planteó que la pelea por lograr la solidaridad de la clase trabajadora de Lima con la lucha del interior es lo más importante, y que “hace falta poner en pie un partido de nuestra clase para lograr esto”.

Esta es la enorme tarea que se han dado los compañeros y las compañeras de La Izquierda Diario Perú y la CST. Siendo conscientes de que en el proceso actual nuestra corriente no tiene la fuerza suficiente para cambiar el curso de los acontecimientos, realizan un enorme esfuerzo por sembrar otra tradición política en los sectores avanzados que salen a la lucha. Y por confluir con trabajadores, estudiantes y pobladores para convencerlos de que la tarea esencial de este momento es dejar un jalón, sentar las bases para construir un partido que pueda disputar la dirección de futuros momentos de la lucha de clases, y superar las trabas de las burocracias.

En Perú tienen un peso muy fuerte el maoísmo y el estalinismo, tanto históricamente como en la actualidad. Son los responsables de derrotas anteriores que le han abierto paso al Fujimorismo, y de desviar el proceso actual. Han impuesto entre trabajadores y sectores populares los métodos antidemocráticos, como los que hemos mencionado, y un desprecio enorme por la clase trabajadora, limitando sus peleas al terreno meramente reivindicativo, o llegando al punto de afirmar su inexistencia al igual que la derecha más conservadora.

En medio de este levantamiento, La Izquierda Diario Perú expresa los procesos de lucha de clases y los cambios en la situación política del país. Y lo más importante, es la vidriera que refleja el posicionamiento programático de la izquierda revolucionaria en un momento de aguda lucha de clases, haciéndolos llegar a miles de personas. La necesidad de unir las filas de trabajadores, estudiantes y campesinos en vez de separarlos. La importancia del debate democrático para que las masas en lucha sean sujeto de sus acciones y tomen el control. La necesidad de pelear contra cada atropello antidemocrático del Estado y el régimen golpista. La urgencia de levantar una corriente feminista y socialista como Pan y Rosas entre tanto conservadurismo del régimen. El posicionamiento por una Asamblea Constituyente verdaderamente Libre y Soberana, por un gobierno de las organizaciones obreras y campesinas en lucha, para que la energía de miles desplegada en las calles no sea desviada por una zanahoria de adelanto electoral, o por una reforma cosmética de la constitución.

Todos estos planteos serán profundizados en un congreso refundacional de la Corriente Socialista de las y los Trabajadores en abril, donde las y los compañeros desarrollarán un manifiesto programático para dar respuestas a los grandes problemas de las mayorías. Además, comenzarán a elaborar un balance de los grandes hechos de la lucha de clases en Perú, tanto de los recientes años de crisis política, como de los procesos que se dieron durante los 70´, realizando un balance de corrientes como el FOCEP. Entendiendo que esta es la única forma de sacar lecciones estratégicas para los embates y luchas futuras. En un país donde casi no hay tradición trotskista, sacar conclusiones y recuperar los hilos de continuidad con lo mejor que dió la clase trabajadora y los campesinos en Perú es una tarea de primer orden para sentar las bases de un partido que sostenga la lucha por la independencia política de la clase obrera, contra las burocracias de todo pelaje, y que pelee por la revolución socialista para volar por los aires el capitalismo y el racismo colonial. La ausencia de este elemento y, a su vez, la potencialidad de construirlo, fue la idea más entusiasmante que sobrevoló nuestras cabezas cada día.

También me hizo pensar en la situación de Argentina, y en la gran responsabilidad que tenemos las y los militantes del PTS en la tarea de seguir construyendo un partido revolucionario, con influencia política a nivel nacional, militancia en cada lugar de trabajo y estudio, referentes de todas las luchas de la clase trabajadora y los movimientos. Un partido que cambie el sentido de la flecha cuando la situación se modifique radicalmente, cuando estallen todas las contradicciones económicas, políticas y sociales que se vienen acumulando. Tenemos ese deber, que es internacional. Hay que hacer la pluma que inclina la balanza.


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Matías Busi

Estudiante de Sociología de la FAHCE - Juventud del PTS