Por segundo año consecutivo, la empresa española de juguetes ‘Toy Planet’ ha lanzado para la campaña de Navidad un catálogo que rompe roles de género.

Verónica Landa Barcelona | @lierolaliero
Jueves 5 de noviembre de 2015
Foto: Twitter
La pasada campaña ‘Toy Planet’ lanzó su primer catálogo de juguetes donde las niñas jugaban con camiones y coches, y los niños con carros y cocinas. Sin embargo, solo lo han podido hacer con juguetes de su propia marca puesto que el resto de fabricantes mandan sus propias fotografías y son reticentes a sumarse.
Iniciativas parecidas han tenido lugar en Suecia, con un catálogo no sexista, o Gran Bretaña, que presiona a supermercados y jugueterías para que eliminen los carteles de ‘para niña’ y ‘para niño’.
Desde ‘Toy Planet’ aseguran que esta idea surge de la necesidad de dar respuesta a madres y padres en lo que respecta a la presentación de los juguetes. Poniendo el ejemplo de las cocinitas, aseguran que ahora los niños las piden porque ven a sus padres cocinar en casa, lo que para ellos es una muestra de avance hacia una sociedad sin sexismo. La realidad es que siguen existiendo familias, e incluso centros educativos, donde se prohíbe a niños y niñas jugar con lo que les apetezca. Los comentarios que se llegan a hacer para disuadir de este deseo se educa en el ‘no puedes hacer eso, porque no corresponde con tu rol de género’, algo que cala profundo en una etapa tan sensible como la infancia.
Nos quejamos de que no hay educación no sexista, pero ¿solo se educa en guardería, colegios e institutos? ¿Acaso los medios de comunicación o los valores familiares no educan también? Ver es aprender, y todo lo que nos empapa desde la infancia conforma nuestro mundo al crecer.
El sexismo y los roles de género llenan los anuncios televisivos, los cuentos, dibujos, la canciones, la educación y un largo etcétera dirigidos a la infancia.
Ahora hay estudios que dicen que cada vez más niñas quieren ser, disfrazarse y jugar a superhéroes. Pero si nos fijamos en los disfraces de superhéroe, la gran mayoría son pensados para chicos, y no todas las tiendas disponen de los mismos disfraces lo que dificulta que cualquiera pueda acceder a ellos.
Por no mencionar otra cosa: las superheroínas de ayer y hoy están hipersexualizadas hasta el extremo, con pechos grandes y cuerpos atléticos que se imitan a la hora de disfrazarse. Algo que se suele trasmitir a los disfraces de las más pequeñas, con una sexualización mucho más sutil, pero que siempre convierte un disfraz ‘para chico’ en una disfraz ‘para chica’…con falda.
El rosa y azul impuestos a niñas y niños, respectivamente, viene, según la historiadora Paoletti, de la Segunda Guerra Mundial [Pink and Blue: Telling the Girls from the Boys in America] Lo vemos en los productos infantiles: ropa, material escolar, accesorios, muebles, vajilla…todo lo imaginable.
Pero también está presente en ‘el mundo adulto’. Quizá en la ropa a día de hoy no se note tanto, pero por ejemplo los productos ‘de belleza’ femenina parecen seguir una lógica empresarial similar a ‘si el envoltorio es rosa, lo comprarán’. Tampoco es raro ver comerciales sexistas que contraponen la dulzura y delicadeza de la mujer -asociada con el rosa- con el ímpetu aventurero varonil del hombre -asociado con el azul- como lo hace Nivea Men
Concluyendo, en el ocio también se refleja el sexismo de esta sociedad patriarcal, que de la mano con el capitalismo, explota los roles de género de manera brutal. Precisamente por esto, estas iniciativas son tan residuales y, no en pocas ocasiones, llegan a ser marginales.
El ocio infantil, cuya publicidad alcanza su apogeo en la campaña navideña, rebosa machismo y heteronormatividad. Es habitual que los niños o niñas que rompen con esta lógica de ocio sufran acoso LGTBIfóbico como respuesta del patriarcado heteronormativo que muerde con fuerza a todo lo que se escape de sus esquemas.