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REPRESIÓN Y AUTORITARISMO. Reprimir: la función de la policía en México y el mundo

En los últimos meses, incluso en tiempos pandémicos, el tolete y las balas de los diferentes cuerpos policiacos no han parado. El Estado y la policía en México se han “ensañado” particularmente contra las movilizaciones de mujeres.

Soledad Farfalla Maestra de secundaria, Agrupación Magisterial y Normalista Nuestra Clase

Jueves 1ro de octubre de 2020

El pasado 28 de septiembre cientos de mujeres se movilizaron por el derecho a decidir en la Ciudad de México. La respuesta del gobierno de Claudia Sheinbaum fue un despliegue escandaloso de policías y granaderos que mantuvieron encapsuladas hasta ¡cinco horas! a las manifestantes. Decenas de mujeres sufrieron intoxicación producto de los imparables gases que la policía arrojaba a las manifestantes, otras fueron golpeadas y lesionadas.

Esta práctica se ha convertido en una constante de la administración frente a las movilizaciones, particularmente las de mujeres, en la ciudad y en varios estados del país. Sin embargo, no es ni cerca un fenómeno exclusivo en México.

Frente al hartazgo por la violencia, el abuso policial, el racismo y la profunda desigualdad, en múltiples puntos del globo las personas han salido a las calles a luchar.

Antes de la pandemia la juventud, las mujeres y sectores de trabajadores en Chile, Ecuador, Bolivia, Colombia, Francia, Hong Kong y muchas otras partes del mundo venían protagonizando importantes luchas. En todos los casos la bestialidad policial y de las fuerzas armadas buscaron frenar esos procesos de lucha.

Lucha y represión en tiempos de pandemia

Más recientemente en Colombia el asesinato de Javier Ordoñez, cometido por agentes policiales del país, desató varios días de protestas en Bogotá y otras ciudades del país. Miles de personas, principalmente jóvenes, tomaron las calles para exigir justicia y alto al abuso policial.

El estado colombiano respondió con brutales represiones contra el pueblo y la juventud colombiana que dejaron un saldo de 13 muertos.

Antes, el #BlackLivesMatter en Estados Unidos resurgió con fuerza en mayo tras el brutal asesinato de George Floyd. Asfixiado por 8 minutos y 46 segundos por Derek Chauvin -agente de la policía de Minneapolis- bajo la mirada cómplice de otros 3 agentes, los 4 ignoraron las 20 veces que Floyd les dijo “no puedo respirar”.

Casos como el de Daniel Prude quien fue encapuchado y esposado antes de ser asesinado por la policía de NY o Jacob Blake, baleado por la espalda por un agente de Wisconsin, muestran que la violencia policial contra la población afrodescendiente en EEUU es una práctica cotidiana de la policía, de la cual además sale impune el 99 % de las ocasiones.

Enormes movilizaciones surgieron en todo el país, a las que se respondió con un impresionante despliegue de policías y militares de la Guardia Nacional encargados de reprimir violentamente a los manifestantes.

El #BlackLivesMatter tuvo eco en diferentes puntos del mundo. Multitudinarias movilizaciones surgieron en Francia, Brasil, el Estado Español, Londres y Berlín. Confluyendo con ese proceso, las movilizaciones en México por el asesinato de Giovanni López a manos de la policía en Jalisco, fueron brutalmente reprimidas, tanto en en aquel estado como en la Ciudad de México.

En Francia, miles se movilizaron repudiando el fallo que exculpaba a los policías que en 2016 asesinaron a Adama Traoré, joven negro de 24 años.

En Brasil las movilizaciones no se hicieron esperar, en diversas ciudades se movilizaron contra Bolsonaro, el racismo y la brutalidad policial. Resonó en las calles el nombre de João Pedro, adolescente de 14 años asesinado en mayo por la policía en su propia casa mientras jugaba con sus primos. João es el rostro de la constante violencia policial que se vive en aquel país.

Como en los otros países, en Brasil la represión por parte de la policía de Bolsonaro no se hizo esperar. A tolete y gas la policía buscó disuadir las manifestaciones.

En México, Colombia, EE.UU, Brasil y en todo el mundo, la policía tiene un rol social claro: proteger a la minoría multimillonaria, su orden existente, su modelo de familia y su propiedad privada. Por ello, ante cualquier proceso de lucha que cuestione el status quo, la policía y las fuerzas armadas actúan y actuarán como perros guardianes. Al chasquido de sus amos, atacan.