Una de las promesas de campaña más importante, la reforma laboral, se aleja cada vez más de los intereses reales de la clase trabajadora, pero se acerca sin problemas a los requerimientos que plantean los empresarios. El Gobierno cede, anuncia que el descuelgue en la huelga podría seguir existiendo, entrega concesiones a las pequeñas empresas, golpea a los organismos sindicales, pero escucha atentamente a quienes explotan día a día.
Viernes 27 de noviembre de 2015
La Reforma Laboral prometida por el gobierno de la Nueva Mayoría (NM) desde un comienzo se planteó como totalmente insuficiente ante las demandas e intereses de los trabajadores; sin embargo, siempre puede ser peor y el retroceso puede aumentar. Así es como en estos últimos meses el proyecto presentado se ha puesto en función de los requerimientos y solicitudes de la clase empresarial, la derecha y los sectores conservadores de la NM, como es el caso de la Democracia Cristiana que ha impulsado la moderación del documento de manera constante.
El supuesto fin al reemplazo en las huelgas está, por decirlo menos, en duda. El Gobierno y todos los sectores que no están interesados en que se fortalezca la organización sindical, y menos que se acabe estructuralmente con la herencia del Plan Laboral, vienen impulsando la mantención del descuelgue en las huelgas.
Dicha propuesta permitiría que a partir del día 15 de iniciada una huelga, los trabajadores sindicalizados puedan “bajarse” y volver a sus labores, es decir, se accedería a la reincorporación voluntaria de los huelguistas, y en el caso de las micro y pequeñas empresas, el descuelgue podría establecerse desde el quinto día de haberse iniciado la manifestación. ¿Cuál sería la “condición” para el empresariado? Este tendría que incorporar en la primera oferta que proponga, el piso mínimo que reajusta el IPC, es decir, la base con la que prácticamente siempre se parte en una negociación, nada costoso para el empresario por supuesto.
Claramente, el Gobierno viene cediendo escandalosamente ante el empresariado, la derecha y el sector conservador del conglomerado. Hace meses que se vienen aceptando todo tipo de indicaciones que apuntan a moderar la reforma y mantener intacto el poder empresarial y sus ganancias. Una de las modificaciones, además del descuelgue, que se pretende mantener es el reemplazo interno de trabajadores; por otro lado, se busca proteger y moderar la reforma a favor de las micro y pequeñas empresas; y también hacer voluntaria para las empresas la negociación con sindicatos interempresas, es decir, la posibilidad de que el mecanismo sea voluntario para los empleadores.
A todo lo anterior se suman los constantes y actuales ataques hacia sectores de la clase trabajadora, como los despidos masivos que se están viviendo en la minería, la campaña ofensiva que se hizo contra los funcionarios del Registro Civil, y ahora último, el mísero ajuste que propuso el Gobierno para el sector público. Por su parte, las direcciones de la CUT no están a la altura de enfrentar este momento, ceden ante el Gobierno y los empresarios, no convocan a movilizaciones, ni organizan a la base de los trabajadores contra los despidos y el abuso patronal.
La Reforma Laboral ya fue pospuesta para el próximo año, a pedido y solicitud de los sectores que no quieren que los trabajadores obtengan sus demandas. Hoy más que nunca se hace necesario el fortalecimiento de la organización de base de los trabajadores, la unidad y solidaridad entre rubros y gremios, la movilización y la lucha para que los trabajadores puedan conquistar cada una de sus demandas arrebatadas.