La Suprema Corte de Justicia de la Nación hace alarde de avanzar en materia de los derechos de las mujeres, luego de la emisión del protocolo con perspectiva de género, pero ¿esto es suficiente?
Jueves 2 de diciembre de 2021
El 29 de noviembre, se llevó a cabo el Congreso Nacional Justicia y Género, en el cual la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN), trató la actualización del protocolo para juzgar con perspectiva de género.
Arturo Zaldívar, presidente de este órgano supremo de justicia presentó los manuales con perspectiva de género en materia penal, laboral y familiar. Señaló que “De nada sirve tratar de montarse en lo políticamente correcto si nuestros discursos y nuestras palabras no están acompañados por hechos”.
¿Qué son y en qué consisten estos protocolos?
Los protocolos para juzgar con perspectiva de género proceden de un documento publicado en 2013, derivado de sentencias de la Corte Interamericana de Derechos Humanos en los casos Campo Algodonero, Fernández Ortega y Rosendo Cantú, en los que se condena al Estado mexicano por la sistematicidad de la violencia contra las mujeres. Estos protocolos contienen parámetros para aplicar un método analítico basado en el género, cuyo objetivo es eliminar las prácticas que generan discriminación y desigualdad hacia las mujeres.
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En este sentido, la SCJN ha limitado los protocolos a la emisión de sentencias en materia de derechos humanos y género, con los cuales se atribuye el impacto en instituciones como la familia, las labores de cuidado, el trabajo no remunerado y el libre desarrollo de la personalidad en casos de divorcio. Pero ¿esto es así en los hechos?
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¿Cuál es la situación de justicia penal, laboral y familiar de las mujeres?
En el ámbito penal, los casos de mujeres han representado dilemas importantes. Como ejemplos tenemos la penalización del aborto y las violaciones a los derechos humanos de las mujeres privadas de su libertad. Además, el feminicidio, los delitos sexuales y la trata de personas han encasillado a las mujeres como víctimas individuales.
En materia laboral, las mujeres padecemos violaciones a nuestros derechos laborales y precarización laboral como forma de violencia. Finalmente, en nuestros hogares vivimos violencia y opresión sistemática y normalizada, y si bien, en los últimos años se han establecido distintas normas, leyes y protocolos intentando dar respuesta y descomprimir el profundo descontento, las instituciones de este sistema capitalista, no pueden ofrecer una salida de fondo ya que la negación a los derechos elementales de las mujeres, y la propia violencia que sufrimos, emanan de su propia estructura patriarcal. En síntesis, con o sin protocolo, la vida de las mujeres no ha cambiado ni cambiará sustancialmente.
La SCJN es una institución que legítima el actuar el Estado
En relación a las resoluciones progresivas de la SCJN en materia de derechos de las mujeres, éstas son reales y han sido resultado de la existencia de un movimiento de mujeres y su permanente presencia en las calles, etc. Pero en la administración de la 4T, se pretende invisibilizar esto, por lo que el papel de la SCJN ha sido el de intentar expropiar las demandas del movimiento, como, por ejemplo, la lucha por el aborto, para ponerlo como el resultado de su buena voluntad y sacar de las calles al movimiento que lucha por una demanda histórica: Aborto seguro, libre y gratuito.
Sin embargo, si bien consideramos que la despenalización es un avance en nuestros derechos, que hemos conquistado con años de lucha y miles de muertes, sin garantizar que el aborto sea legal, seguro y gratuito, llevado a cabo en los hospitales de todo el país, como un derecho pleno y de salud pública, la lucha no se acaba, ya que, los embarazos no deseados y las muertes continuarán existiendo, porque el acceso a él será solo para quienes cuenten con una economía que se los permita, como siempre ha sido.
Tampoco hay que dejar de lado que la SCJN tiene como representante a Arturo Zaldívar, quien, con el PAN, respaldó la guerra contra el Narco que ha significado el aumento de feminicidios y desapariciones, entre otras formas de violencia.
Es por ello que las mujeres requerimos avanzar en un movimiento amplio, masivo e independiente del régimen político, sus partidos y sus instituciones, movilizándonos en las calles para conquistar una vida libre de discriminación y violencia de todo tipo, así como volver real la igualdad no solo ante la ley, sino ante la vida.