Con una treintena de asistentes se realizó el Foro “Centenario de la Revolución Rusa” el pasado miércoles 13 en el Club Bolívar de la capital falconiana. Algunas reflexiones sobre la jornada.
Humberto Zavala Venezuela | @1987_zavala
Martes 19 de diciembre de 2017

El pasado miércoles 13 se realizó el Foro: “Centenario de la Revolución Rusa” en el marco de la 13ª FILVEN donde como vocero de La Izquierda Diario incursioné para presentar a debate las ideas esbozadas por León Trotsky en “Tres concepciones de la revolución rusa” (1939), como lo referimos en la invitación que hacíamos por este medio.
Una treintena de asistentes presenció el desarrollo de las intervenciones, cuya hora de inicio, pautada originalmente en el programa para las 2:00 pm, desarrollándose luego el posterior debate.
Tres intervenciones, diferentes ubicaciones
Si bien entre los panelistas no hubo profundos desacuerdos respecto a los principales hechos de la Revolución de Octubre [pues ni la vulgata estalinista, ni la mala prensa (neo-)liberal se presentaron en su forma más pura], sí era posible advertir diferentes ubicaciones frente a los mismos.
Como vocero de La Izquierda Diario Venezuela, tomé como punto de partida las tendencias del capitalismo actual a la “crisis orgánica” hasta cómo la búsqueda de alternativas pasa necesariamente por rescatar lecciones de esta experiencia, relacionando los límites de la restauración burguesa (no una “restauración en toda línea” a decir de Bensaïd), a la crisis actual de los discursos pesimistas con hincapié en el “fracaso” de la experiencia soviética, en fin, de todo lo que otorga actualidad al debate acerca de Octubre de 1917.
El recuento sobre las “Tres concepciones de la revolución rusa” sirvió para mostrar la evolución del pensamiento de Lenin desde 1903 hasta 1917, pasando por la experiencia de 1905 y su impacto en el Trotsky de “Resultados y perspectivas” (1906), quien extrajo del desarrollo desigual y combinado del capitalismo en Rusia conclusiones fundamentales, que posibilitaron su confluencia revolucionaria con Lenin a partir de la Revolución de Febrero de 1917.
Concluyendo que de las 4 concepciones de estrategia posteriores a la Revolución rusa: a) adaptación a la democracia burguesa como mecanismo de “avance” al socialismo, b) negación voluntarista / espontaneísta de las luchas democráticas o defensivas, c) combinación de las formas democrático-burguesas con las formas de democracia obrera, y d) la estrategia bolchevique, de la III Internacional en vida de Lenin y IV Internacional en vida de Trotsky, reivindicamos la última como única tradición marxista que supo combinar la dialéctica defensiva-ofensiva preservando desde el inicio la independencia de clase, y avanzando hacia la toma del poder por la clase obrera con un programa propio, hecho que cobra hoy más vigencia que nunca.
La segunda intervención, por parte del profesor Pedro Urbina (UNEFM, Red de Historia, Identidad y Patrimonio), consistió en una síntesis cronológica, descriptiva y anecdótica apoyada en diapositivas, de los escenarios, sucesos y actores principales de la revolución rusa, desde el Domingo Sangriento de 1905, hasta la muerte de Lenin y degeneración burocrática en la URSS.
Al llegar al planteo de Lenin en Abril de 1917, subrayó las similitudes entre la política de Lenin y Trotsky, destacando la participación central de este último en los sucesos del 25 de Octubre de 1917, y confesó la necesidad de haberse “descolonizado” de la formación política de corte estaliniana recibida por los catecismos del PCV, aunque refrendando finalmente la Revolución de Octubre como patrimonio común de los revolucionarios y antiimperialistas del mundo.
La tercera intervención corrió a cuenta de Enrique Wilford Olmos, quien se confesó no sentirse una autoridad sobre el tema, pero sí un interesado apasionado en el mismo, buscaba su “heterodoxia” en un modo de exposición fragmentario y des-jerarquizado que pasa revista sobre diversos temas como las “desviaciones” de la tradición de izquierda que pudieron ocasionar el colapso de la URSS (determinismo, burocratismo, autoritarismo, etc.)
Aludió la conceptualización de las revoluciones como proceso prolongado de microtransformaciones en los modos de vida y de pensamiento, refirió de pasada la crítica de Rosa Luxemburgo a los bolcheviques, la importancia de El Estado y la Revolución de Lenin, etc. Buscaba un punto de apoyo en el discurso de Álvaro García Linera, a quien inclusive llegó a loar como “destacado referente teórico latinoamericano”.
Hasta aquí las intervenciones, que a su vez contaron con la interlocución del escritor Gabriel Jiménez Emán, interrogando/interpelando desde la audiencia a los ponentes. Si bien el debate no llegó más allá por los límites de tiempo, cada intervención mostró su sello distintivo y sobretodo, la urgente tarea de problematizar las tradiciones de izquierda que han echado raíces en nuestro país.
Su homenaje y el nuestro
En cuanto a la escogencia temática, la nuestra obedecía a imperativos estratégicos. Partimos de “Tres concepciones de la revolución rusa” de Trotsky para referirnos a la Revolución de Octubre de 1917, pues –como señalamos arriba– consideramos que solo la perspectiva de Revolución Permanente explica la verdadera pertinencia de dicha revolución y otorga en la actualidad un contenido revolucionario a sus principales lecciones.
Justamente el debate abierto al que nos referimos se puede sintetizar en la lucha entre dos tradiciones: la que se identifica con revoluciones de diferente carácter bajo la dirección subjetiva de clases o partidos aleatorios, o la que aprovecha cada situación objetiva para postular la centralidad de la clase obrera como sujeto revolucionario, adaptando las características nacionales y periódicas específicas a un programa transitorio en la lucha por un gobierno obrero, en otras palabras, la necesidad de retomar el debate nacido en la Tercera Internacional entre el Frente Popular y el Frente Único Obrero.
En el marxismo latinoamericano hay una larga trayectoria que se extiende desde Julio Antonio Mella y José Carlos Mariátegui hasta el Che Guevara en su Mensaje a la Tricontinental, pasando por Pío Tamayo (Agudo Freites, 1969: 128-129) y la tradición trotskista, que rompió con las ilusiones en que las burguesías latinoamericanas pudieran llegar hasta el final, tanto en las tareas de emancipación nacional (ruptura con el imperialismo) como especialmente en las de emancipación social (avance al socialismo), no ya en los estrechos límites nacionales sino en la arena de la lucha de clases internacional.
Hoy en día no podemos plantearnos una salida obrera y popular a la “crisis orgánica” del capitalismo rentístico y semicolonial venezolano sin profundizar en las problemáticas y conclusiones a que llegaron dichas tradiciones.