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Red Internacional
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Tribuna Abierta. Sedimentos

La Izquierda Diario comparte un texto de Pablo Bueno en momentos en que el país está a la espera de confirmar la identidad del cuerpo encontrado en el río Chubut.

Viernes 20 de octubre de 2017

Hay quienes consideran que el Río Paraná es el más caudaloso de Argentina. Con sus aproximadamente 17300 metros cúbicos por segundo, es solamente superado por el Río de la Plata. Pero como este último no es del todo un río, sino, en todo caso, un mar marginal o un golfo del Atlántico, el Paraná, correctamente, puede ocupar el primer lugar entre los más caudalosos cursos de agua dulce del país.

Por otra parte, el Paraná forma parte de los conocidos como ríos aluviales. Esta clasificación hace referencia a su capacidad de arrastrar sedimentos de las costas y de su propia superficie acuática. Tal es esa fuerza que gracias a ella se forman las islas del delta en Tigre, entre muchas otras. La magnitud del Paraná es sorprendente.

El 16 de enero de 2010, como hacía alrededor de cincuenta años, se realizaba la competencia de cruce a nado del Paraná. El evento consistía en que un grupo de nadadores uniera a brazadas la costa de Encarnación, Paraguay, con el borde posadeño, en Misiones. Unas barcazas allí, en el medio, trágicamente estacionadas, causaron un efecto inesperado en la corriente que terminó por succionar a parte de los deportistas. Ocho fueron los muertos.

El viernes 5 de febrero de ese mismo año, por la tarde, fue encontrado el último de los cuerpos de los ahogados en la tragedia. Veinte días fue el tiempo necesario para que la Prefectura, sin “todos los recursos del gobierno a disposición”, encontrara ocho cadáveres en el río más caudaloso de Argentina, al que, además, le dicen aluvial por su poder para arrastrar sedimentos.

El miércoles 18 de octubre de este año se dio a conocer la que, hasta el momento, es la última foto de Santiago Maldonado con vida; se lo ve dentro de la comunidad Pu Lof en Resistencia, el 1 de agosto. La foto se extrajo de un disco rígido de Gendarmería y demuestra dos cosas: que Santiago estuvo allí y que el Estado sabía, desde hace tiempo, que estuvo allí.

Un razonamiento lógico indicaría que ese mismo día, el Estado, encarnado de forma inmediata en la Gendarmería, podía haber iniciado una búsqueda. Lo tenían en frente. Justo después de perderlo de vista y ante la primera denuncia, deberían haber desplegado las herramientas para encontrarlo.

Frente a los 17300 del Paraná, el Río Chubut ofrece un caudal de 55 metros cúbicos por segundo. El transporte de sedimentos no es su característica principal y, al ser producto del deshielo y lluvias, ofrece un nivel de visibilidad mayor que los grandes ríos del noreste del país. O, dicho de otro modo, es menos turbio. Sin embargo -si se confirma que el cuerpo hallado es el de Santiago Maldonado- se habrá tardado cuatro veces más, en un río más angosto, 314 veces menos caudaloso, menos turbio, menos profundo; con más recursos a disposición de los que buscaban.

"No estás ciego si no ves donde no hay nada", titulaba Pablo Semán un artículo reciente. Con esa frase retumbando, sin permiso alguno, se puede sospechar que alguien hizo un esfuerzo grande, de dimensiones burocráticas, para que todo se haya dado como se dio. Y ese alguien no es otro que el estado argentino y sus actuales administradores y funcionarios. Esta es solo una forma de pensar la situación para entender la responsabilidad estatal, pero hay muchas otras posibles.

Por ejemplo, la mala costumbre del brazo armado del estado cuando hay un cuerpo y agua que corre. Para ir en ese camino, vale retomar lo que decía Guillo Pistonesi en referencia a un saber popular que circula entre los abogados rosarinos: “cuerpo tirado al río y sin rastros, fue una fuerza de seguridad”.

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