Es una de las ciudades más hostiles, si las hay, para ser mujer. Desde el acoso cotidiano hasta el flagelo del feminicidio y la trata, cercenan la vida de trabajadoras, estudiantes y jóvenes.

Sulem Estrada, maestra de secundaria Agrupación Magisterial Nuestra Clase y Pan y Rosas
Jueves 24 de marzo de 2016
Un día en la vida de cualquier mujer en la ciudad de México
Si eres trabajadora, estudiante y vives en la periferia, tienes que levantarte a las 4 de la mañana. Más aún, si vives en el Estado de México y trabajas o estudias en el Distrito Federal, el viaje es un verdadero periplo. En el barrio están fundidas las luminarias, maltrecho el asfalto, tienes que esperar el transporte a oscuras, absolutamente alerta de que no se te acerquen por ningún flanco. Con el pelo empapado y aún el sueño pegado al rostro, sabes que te enfrentas al monstruo chilango y que estás a muchos kilómetros de tu destino.
Subir al transporte no es garantía de nada, siempre hay que fijarse que no vayan sólo hombres –porque todas sabemos de las violaciones tumultuarias en camiones y peseros– pero a veces no te queda otra porque ya vas tarde. Nuevamente a estar alerta, con un leve miedo surcándote la espina dorsal. Sientes alivio cuando llegas al metro pero aún ahí, además de los ríos interminables de gente con prisa que se pisa y se empuja, tienes que fijarte en tomar el vagón de mujeres. De no hacerlo, ya sabes que puedes enfrentar una situación desagradable y nuevamente aguzas los sentidos.
Si tienes suerte, llegas a tu destino sin contratiempos, pero aun en los días con suerte, alguien te tocó, te dijo algo agresivo, te miró de manera lasciva. De regreso, a las 10 de la noche, vas a tener que enfrentar la misma situación pero con el cansancio a cuestas. Con el cansancio de todas a cuestas. En las líneas muy largas, como la que va de Ciudad Universitaria a Indios Verdes, siempre nos hermana el sueño y tomamos todas (y todos) largas y pesadas siestas aferrados a alguno de los tubos metálicos que apañan nuestras manos.
Cuando nos esclavizan
La Ciudad de México sigue siendo una de las entidades del país con mayores tasas de explotación sexual y trata de personas. Colinda además con el Estado de México que es ya el estado número uno en feminicidio y trata, así que compartimos este flagelo que es particularmente grave en las periferias que unen la mancha urbana de la zona metropolitana.
Según la Fiscalía Especial para los delitos de Violencia contra las Mujeres, son registrados oficialmente más de una centena de casos de esclavitud sexual en la ciudad, sin mencionar el gran agujero negro de aquellos casos que no se denuncian. Las víctimas más comunes de la trata son mujeres jóvenes, pobres, aún en la adolescencia de entre 12 y 18 años de edad. Pero la esclavitud sexual se cierne también sobre las niñas, los niños y la comunidad LGTB.
Como es un secreto a voces, la policía está asociada con las redes de trata. En los operativos “anti trata” las víctimas son vueltas a victimizar por policías y funcionarios que las golpean e intimidan para obtener declaraciones, las abusan sexualmente o las maltratan, como ha denunciado incluso la Secretaría de Trabajo de la capital.
La Ciudad de la desesperanza
Pero ni el acoso ni la esclavitud sexual, son la peor de nuestras pesadillas. La sombra del feminicidio, tan extendido en el país que cada 3 horas en México una mujer es asesinada, se cierne sobre las capitalinas.
A mediados del año pasado, comenzaron a aparecer notas de prensa señalando a la Ciudad de México como un foco rojo a tomar en cuenta en la lucha contra el feminicidio.
Más o menos se estiman 10 homicidios contra mujeres al mes, pero no existen cifras oficiales sobre feminicidio en la capital. Lo que hemos denunciado incansablemente es la responsabilidad y asociación de la policía y los gobiernos en el feminicidio y la trata, sea por asociación directa o por omisión.
Hacia la Constituyente y como parte de la aspirantía a una candidatura independiente de Sergio Moissen, las compañeras de Pan y Rosas que la apoyamos estamos planteando que la voz de las mujeres se tiene que escuchar contra el acoso sexual, la trata y el feminicidio.

Sulem Estrada, maestra de secundaria
Maestra de secundaria