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Red Internacional
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Tucumán. “Si me das el número de las chicas de tu celular, te dejo en libertad”

Golpizas y pedidos de coimas, entre otras formas de abuso, se repiten a diario en las unidades de detención de la policía, gracias a la impunidad que garantizan el gobierno y la justicia. Reproducimos el aberrante caso de un jóven detenido en el complejo Belgrano.

Lunes 27 de abril de 2020 20:19

Desde que comenzó la cuarentena hace poco más de un mes, se impuso un virtual estado de sitio que ha liberado las manos a la policía para realizar sus violentos operativos, con razzias, balazos y golpizas a los ojos de todo el mundo, menos del gobierno provincial.

Tal es la brutalidad que hasta la delegación local de la Secretaría de Derechos Humanos de la Nación inició una causa penal contra la fuerza por abuso policial y pedido de coimas registrados en al menos 4 comisarías.

A continuación transcribimos el testimonio de un jóven detenido que estuvo más de 24 horas en el complejo Belgrano:

A nosotros cuando nos levantaron éramos cuatro, nos llevaron a la comisaria cercana donde nos retuvieron desde las 4 de la tarde hasta las 20 y de ahí nos trasladaron al Belgrano.

Durante esa estadía en la comisaria pudimos ver como los policías hacían negocios con los presos, eran prácticamente mozos que les iban a comprar cigarrillos, bebidas y entre otras cosas, siempre a cambio de algo más de plata que se quedaban ellos obvio, incluso pudimos observar que les vendían marihuana también.

Lo peor en ese lugar fue que como éramos muy menores para la edad de la mayoría de ahí, los milicos nos denigraban con “pendejos” y nos pegaban chirlos en la nuca, todo para burlarse y que los demás se rieran.

Luego nos trasladaron al complejo Belgrano, donde previamente habíamos conseguido poder comprar una gaseosa porque teníamos mucha sed pero bien llegamos al complejo los policías de ahí no las quitaron para tomárselas ellos diciendo que “ellos tenían sed".

Ahí dentro vimos como a muchos de los detenidos se lo llevaban al baño y lo molían a golpes, salían todo ensangrentados los chicos, los policías tenían palos de madera bastante gruesos.

A uno le rompieron la cabeza y estuvo como 5 horas tirado en el baño.
Nosotros nos quedábamos en el molde, hacíamos lo que nos pedían y no molestábamos para nada, ya que vimos cómo a los que se negaban a hacer lo que decían los policías, lo llevaban al baño a golpearlo
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En un momento nos pidieron los celulares y lo revisaban frente nuestro, se fijaban todo: videos, conversaciones de whatsapp, chat, Facebook, todo. Pero lo peor es que se fijaban los contactos de mujeres amigas nuestras y las que a ellos les gustaban, nos decían que les pasemos sus números. Nosotros nos negábamos pero llegaron a extorsionarnos con que nos dejaban ir si le pasábamos los números de nuestras amigas. Luego de casi un día de habernos llevado nos liberaron.

A poco más de un mes de iniciada la cuarentena, el gobierno contabiliza 5080 detenidos. La política de aislamiento obligatorio como estrategia sanitaria viene de la mano de un endurecimiento de un aparato represivo descompuesto hasta la médula, acostumbrado ejercer el control social en los barrios más humildes a fuerza de razzias y abusos policiales de todo tipo.

En el marco de una cuarentena que está provocando un aumento exponencial de la pobreza y el desempleo, el fortalecimiento del brazo armado del Estado no es otra cosa que el ejercicio del control social para garantizar el orden de los capitalistas, que ahora también se preparan para recortar masivamente el salario de los trabajadores.

Hay que repudiar la presencia de las fuerzas represivas en las calles y cada uno de estos atropellos a las libertades democráticas más elementales.

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