El movimiento estudiantil debe posicionarse fervientemente en contra del Rechazo, que quienes le están haciendo campaña son precisamente los partidos de derecha, los que apoyaron al asesino expresidente Sebastián Piñera y que quieren mantener sus intereses y ganancias para los empresarios mientras nuestras familias pagan los costos de la crisis económica y pandémica. Sin embargo la posición de las y los estudiantes debe decidirse en asambleas de base: de carrera, de facultad, de universidad; no decidirse entre cuatro paredes por los dirigentes de la Confech sin preguntarle su opinión a absolutamente nadie.

Juan Andres Vega Estudiante de Derecho de la Universidad de Chile. Militante de Vencer
Domingo 3 de julio de 2022
Sin avisarle a nadie, sin que nadie lo discutiera, sin convocar a ninguna asamblea y sin ni siquiera avisar que harían una plenaria, las y los dirigentes de la Confech decidieron comenzar a hacer una campaña por el apruebo en el plebiscito de salida del próximo 4 de septiembre, donde se votará si es que comenzará a regir la nueva Constitución.
El movimiento estudiantil tiene grandes demandas históricas, como lo son la educación gratuita, democrática, de calidad y no sexista; la educación sexual integral, la condonación del CAE y toda la deuda educativa, etc,. además de que muchas de las y los estudiantes somos de clase trabajadora y hacemos un esfuerzo gigante para poder sacar nuestras carreras, muchas veces teniendo que trabajar y estudiar al mismo tiempo, y qué decir de las pocas horas para dormir y la mala alimentación que tenemos por la miserable beca BAES.
Es por esta razón que el movimiento estudiantil debe posicionarse fervientemente en contra del Rechazo, que quienes le están haciendo campaña son precisamente los partidos de derecha, los que apoyaron al asesino expresidente Sebastián Piñera y que quieren mantener sus intereses y ganancias para los empresarios mientras nuestras familias pagan los costos de la crisis económica y pandémica. Hipócritamente dicen “rechazar para reformar” cuando históricamente se han opuesto a todos los cambios.
Sin embargo, la posición de las y los estudiantes debe decidirse en asambleas de base: de carrera, de facultad, de universidad; no decidirse entre cuatro paredes por los dirigentes de la Confech sin preguntarle su opinión a absolutamente nadie.
Pero esto no es de extrañar de estos “dirigentes” ya que hemos visto cómo han actuado este año, cuando llamaron a una movilización de la Lucha BAES para el 25 de marzo, pero después de eso hicieron una conferencia de prensa con el gobierno sin importarles la gran represión que sufrimos quienes nos movilizamos por parte de estos mismos y su policía, además de conformarse con los miserables $4800 de aumento en el saldo.
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Luego, decidieron a espaldas de todo el movimiento estudiantil abrir una mesa de negociación con el Ministerio de Educación, desmovilizando en las calles y no referirse a las tomas y paros que se venían levantando en las distintas universidades como en la Uchile (Beauchef, Juan Gómez Millas, Facultad de Arquitectura y Urbanismo, Artes), en la Universidad Academia de Humanismo Cristiano, Universidad Católica Silva Henríquez, y hoy en la misma Universidad de Santiago, donde hay conflicto por la precarización de las y los trabajadores ya que no les están pagando sus sueldos y horas extras. Esto debido a que quieren mantener al movimiento estudiantil en una completa pasividad y que “no estorbe” a su gobierno. ¡Vamos por un movimiento estudiantil independiente del gobierno de Boric!
Para decidir si el movimiento estudiantil apoya o no hacer campaña por el Apruebo es necesario que haya grandes asambleas, donde los organismos como la Confech podrían cumplir un gran rol; sin embargo sabemos que los verdaderos cambios solamente se van a logran planificando la organización y la movilización de conjunto de la mano con la clase trabajadora, el movimiento de mujeres, movimiento medioambiental, las y los pobladores, etc.
Las juventudes del gobierno, el burocratismo de la Confech y la educación en el borrador
Actualmente la Confech es dirigida políticamente por las juventudes del gobierno, si bien la militancia propiamente dicha es considerablemente menor, tras diez años de administrar las federaciones universitarias han establecido “sentidos comunes” en las sucesivas generaciones de agrupaciones independientes. Entre ellos, los métodos burocráticos de dirección de tomar decisiones sin hacer consultas mediante asambleas o siquiera plebiscitos.
De esta manera alimentan la ilusión de que la intervención electoral, en este caso el plebiscito de salida, es la única vía para los cambios, fortaleciendo la adaptación pacífica de los movimientos sociales a las instituciones del Estado.
Ahora bien, el borrador de nueva constitución considera reformas sustanciales al sistema educativo, entre ellas la gratuidad de la educación superior, la democracia en las decisiones institucionales, el acceso universal y el financiamiento directo, además de la apertura de al menos una universidad por región. Cambios elementales que se vienen exigiendo por años por el movimiento estudiantil.
Todos estos cambios serán aplicados a las instituciones educativas, creadas o reconocidas por el Estado, de todos los niveles que estén en el Sistema Nacional de Educación las cuales además tendrán prohibido el lucro.
Sin embargo, el problema comienza cuando esos cambios que se plantean como “deber primordial del Estado”, como un ideal a alcanzar mediante reformas progresivas en el mejor de los casos, deben enfrentarse al problema del presupuesto fiscal y la aprobación de las leyes complementarias en un Congreso donde la derecha es la primera minoría.
Por otro lado, se mantiene el mercado educativo en las instituciones de educación superior que no estén integradas al Sistema Nacional de Educación. La ausencia de disposiciones en este sentido hace pensar que se dejará a la voluntad de los empresarios de la educación el futuro de la educación privada, manteniendo la lógica de competencia entre las instituciones educativas. En una frase, la educación no termina de ser un derecho garantizable.
¿Esto significa rechazar la propuesta de Constitución? Evidentemente que no, pero plantea desafíos políticos concretos que tendrá que sortear el movimiento estudiantil que no se resuelven por el resultado electoral en el plebiscito de salida, si no que por la capacidad de las y los estudiantes de ser sujetas y sujetos políticos que intervengan activamente en la contingencia nacional con sus métodos que los han caracterizado desde el 2006 y el 2011, la movilización y organización.
De aquí la importancia de enfrentar los métodos burocráticos del Confech y la confianza en la salidas electorales, impulsando activamente la discusión desde la base, problematizando los límites de la nueva constitución y la renovación de los organismos estudiantiles, con métodos de democracia directa que permitan desarrollar un movimiento estudiantil que aporte a la unidad de los distintos grupos sociales oprimidos y postergados para conquistar una educación al servicio de la clase trabajadora y luchar por una perspectiva socialista.