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Tribuna Abierta. Somos migrantes, somos humanos

Que no se nos olvide que la caravana migrante viene de Honduras, un país convertido en base militar de EE.UU. y una de las “repúblicas bananeras” a la que se le ha extraído todo. Las cosas tienen que ser llamadas por su nombre: despojo, explotación y violencia. No olviden, tampoco, que fue en Honduras donde Berta Cáceres fue asesinada en el 2016 por su defensa de la tierra.

Sábado 20 de octubre de 2018

Yo soy migrante. Mis padres son migrantes. Mi madre nunca tuvo la opción de decidir. A los 8 años fue arrancada del mundo campesino para trabajar en la ciudad y colaborar en la manutención de una familia de 7 hermanos a cargo de una madre soltera. Mi padre, con unos pocos años más, decidió salir de las faldas del Tayta Cayambe (volcán de los andes) para buscar un “futuro mejor” en la capital, Quito (Ecuador). Durante toda su vida, ambos han tenido que vivir la violencia económica que los arrancó del mundo campesino e indígena porque el campo no se adecúa a la lógica productivista del capital.

Porque sembrar, cultivar y cosechar tiene tiempos muy largos que fastidian al capital. Quito, quizá, les dio un trabajo (explotado y precario) que les ha permitido sobrevivir. Es decir, bajo otra forma, la violencia económica de explotación sigue ahí. A esa violencia se suma la racial, ser indio/a convertido en insulto, en injuria, en la negación de cualquier indicio de humanidad. Y obviamente, la negación de toda expectativa y horizonte de futuro.

Ayer que veía las fotos de la caravana migrante que viene desde Centroamérica e intentaba cruzar la frontera con México no pude parar de llorar. Era una mezcla de tristeza, dolor, indignación y rabia. Aumentada cuando leía los comentarios racistas, clasista y xenófobos. Ayer quise escribir, pero no pude. No sabía cómo articular en palabras el llanto.

Hace unos años, tuve la oportunidad de trabajar con refugiados y desplazados. He escuchado sus historias. Me han roto. Hay una diferencia abismal entre quienes hemos decidido migrar y quienes han sido obligados a hacerlo. Entre quienes lo hacemos por buscar un “mejor futuro” y quienes lo hacen por sobrevivir. Entre aquellos cuya decisión de migrar está ligada a un horizonte de vida y quienes han sido despojados de todo. Y que arrojarse a las incertidumbres de una caravana migrante que pretende llegar caminando a EE.UU. es la única posibilidad para seguir vivos.

Las cosas han llegado a este punto. La contradicción principal es capital-vida. Lo que están intentando sostener es lo último que les queda, su vida, la “nuda vida” de la que habla Agamben. ¿Qué hay en todos esos comentarios xenófobos? La negación de la humanidad de cada una de las personas que esta caravana. Su reducción a nuda vida. Negarles el mismo estatus de humanidad que corresponde a cualquiera. Si niegas su humanidad eres incapaz de sentir empatía y movilizar la solidaridad. No podemos, no debemos reproducir el discurso de deshumanización y cuya expresión violenta es el racismo y la xenofobia.

La caravana migrante son niños, mujeres, hombres y cada uno tiene una fuerte historia de vida. No migran porque les guste vivir en la incertidumbre de no saber qué comerán, dónde dormirán, cómo alimentarán a sus hijos e hijas, si serán capaces de sobrevivir a la caminata maratónica de cruzar Centroamérica y México. A la incertidumbre de si llegarán vivos al final del trayecto. Porque la policía, el ejército, el narco los puede matar. Porque los niños, las niñas pueden ser robados, las mujeres víctimas de trata o violaciones. No, no han decidido migrar, han sido obligados a ello.

Que no se nos olvide que la caravana migrante viene de Honduras, un país convertido en base militar de EE.UU. y una de las “repúblicas bananeras” a la que se le ha extraído todo. Las cosas tienen que ser llamadas por su nombre: despojo, explotación y violencia. No olviden, tampoco, que fue en Honduras donde Berta Cáceres fue asesinada en el 2016 por su defensa de la tierra y los derechos humanos. Quienes vienen en la caravana no son cualquier tipo de migrante son desplazados y refugiados.

La historia de la humanidad es una historia de migración. Las migraciones son precisamente las que han permitido la población de otros continentes, el encuentro de culturas, el intercambio económico y finalmente la globalización. Pero la globalización no es igual para todos y todas, mientras los capitales circulan libremente, las fronteras se imponen a las personas. Ahora, tampoco es lo mismo tener un pasaporte europeo que uno sudamericano. Y si a esto le sumas la racialización, el género, etc. las condiciones se vuelven aún peores.

¿Qué busca la caravana migrante? Llegar a la frontera con Estados Unidos para solicitar asilo. Desde hace varios años, el fenómeno migratorio centroamericano ha motivado discusión en trono a la definición de refugiados. Pues, se coincide en “la necesidad de extender la protección internacional a todas las personas que huyen de su país a causa de agresión, ocupación o dominación extranjera, violación masiva de los derechos humanos o acontecimientos que alteren gravemente el orden público, en todo o en parte del territorio del país de origen”.1.

En la legislación internacional el derecho de refugiados es parte de los derechos humanos porque se basa en la garantía de la dignidad y el valor de cada persona. La Declaración Universal de Derechos Humanos, artículo 14, reconoce: “En caso de persecución, toda persona tiene derecho a buscar asilo, y a disfrutar de él, en cualquier país. Este derecho no podrá ser invocado contra una acción judicial realmente originada por delitos comunes o por actos opuestos a los propósitos y principios de las Naciones Unidas”.

En la misma tónica, la Declaración Americana de Derechos y Deberes del Hombre de 1948, en el artículo 27 establece que: “Toda persona tiene el derecho de buscar y recibir asilo en territorio extranjero, en caso de persecución que no sea motivada por delitos de derecho común y de acuerdo con la legislación de cada país y con los convenios internacionales”.

La protección jurídica internacional de la persona humana, en este caso, desplazados y refugiados es materia de derechos humanos. El instrumento internacional que desarrolla, específicamente, el derecho de refugiados es la Convención de Ginebra de 1951, también conocida como Convención sobre el Estatuto de los Refugiados.

La Convención tiene un carácter vinculante. Por tanto, los estados parte están en la obligación de garantizar ciertos derechos, sobre todo, dos principios fundamentales: el de no devolución y el retorno voluntario, es decir, el compromiso de no devolver a

ninguna persona a un país en el que su vida, seguridad o libertad estén en peligro o tenga un fundado temor de persecución. México es parte de esta convención, por tanto, tiene la obligación de proteger los derechos humanos de quienes integran la Caravana Migrante.

Son migrantes, son seres humanos y les asiste el derecho internacional. México está en la obligación de garantizar sus derechos humanos. Y como cada uno de nosotros y nosotras también somos humanos tenemos la obligación de exigir su cumplimiento porque nada humano debe sernos ajeno.