El rol y la importancia de las llamadas “tareas de cuidado” quedaron al descubierto con la llegada de la pandemia, con el contagio social, con las medidas de los gobiernos de todo el mundo, comenzando por las del aislamiento social.

Sol Bajar @Sol_Bajar
Jueves 2 de julio de 2020 13:55
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Tanto tiene que ver la pandemia con “los cuidados”, que hoy ya es una palabra que está muy incorporada a nuestras vidas cotidianas. Quizá como nunca antes. Se habla de “cuidados” en salud; de “cuidados” de prevención para el contagio (como el que hay que tener para el manejo de alimentos, del aseo de las casas, de los niños, niñas, niñes, de los juegos y las mascotas); del cuidado de la vejez (que está en los geriátricos pero también en las casas de familiares, o solos en las propias); del cuidado de las personas con capacidades diferentes; del cuidado, la educación y la crianza de esas niñas, niños, niñes.
¿Pero cuáles son esas tareas de cuidado y quiénes las realizan? Si una se pone a ver, muy pocas de esas tareas son exclusivas de una pandemia y más bien, existen desde mucho (mucho) antes. Y todas esas tareas, que garantizan la reproducción de la vida en la sociedad, recaen mayoritariamente sobre las mujeres. Sobre las mujeres en sus casas; sobre las trabajadoras de casas particulares (peores pagas); sobre las trabajadoras de la salud; sobre las maestras; sobre las cuidadoras.
La "crisis de los cuidados"
Sobre este tema hablamos con Natsumi Shokida, de Economía Feminista, que entre otras cosas advierte que "la pandemia pone de relieve problemas que ya existían, y uno de éstos es lo que señala hace rato la economía feminista, que tiene que ver con la crisis de cuidados. Esto lo podemos ver en el presente con los sistemas de salud y los colapsos". "No sólo tenemos diferencias en los accesos al sistema de salud sino que hay que tener en cuenta que son las mujeres las que están en primera línea a la hora de resolver los cuidados mas inmediatos", dice.
"En el sistema de cuidados que recae de forma privada en las casas, también son mujeres" las que están en primera línea, aún con las diferencias que impone la pertenencia de clase. "Hay diferencias en el marco de la pandemia, porque no son las mismas herramientas las que tienen las familias para garantizar esas tareas. Al mismo tiempo, cuando el trabajo doméstico y de cuidado se resuelve comprando mercancías y contratando a otra mujer, con una peor situación económica, que por lo tanto está dispuesta a aceptar este trabajo de cuidado, de limpieza, por sueldos muy bajos, entonces la situación se repite".
Veinticuatro siete
Quizá la primer conclusión que ya podemos sacar es que las tareas de cuidado están presentes todo el tiempo, y aunque están invisibilizadas, sean pagas o no pagas (como las que hacemos en nuestras casas), están en el corazón de las desigualdades que sostienen este régimen social.
Para sobrevivir, todas las personas necesitamos alimentarnos, tener ropa, asistencia, compañía, y todas las personas en algún momento nos lastimamos, o nos enfermamos, o necesitamos aprender… desde chicos, hasta llegar a viejos.
Y para garantizar que eso suceda, no es que actúa “la mano invisible del mercado”, sino que hay cientos de miles de manos invisibles de niñas y de mujeres que en todo el mundo garantizan este trabajo de cuidado, y el hecho de que históricamenmte las mujeres hayamos sido relegadas, o expulsadas, o negadas, por estar cuidando, o por tener que cuidar, tiene un montón de implicancias.
Entonces, otra conclusión: la invisibilización de las tareas de cuidado y esta idea de que es una responsabilidad "natural" de las mujeres, no sólo “nos llevó” (o nos impuso) a habitar el mundo de manera desigual, históricamente relegadas a lo “privado”, a las tareas de la casa, sino que también nos impuso, cuando entramos al llamado mundo de "lo público", menos ingresos, menos tiempo, más responsabilidades, más flexibilización laboral y asociado a eso, también menos poder de “negociación” social, laboral y familiar.
Por supuesto, esa desigualdad no habla solamente de las distancias entre varones y mujeres (la diferencia en la cantidad de horas dedicadas al trabajo en la casa, o la brecha salarial, o la posibilidad de organizarse), sino que también se da entre las propias mujeres, porque aunque el patriarcado nos atraviese a todas, no lo hace por igual. Pensemos por ejemplo en lo que vimos a comienzos de la cuarentena con las trabajadoras de casas particulares y famosas como Catherine Fulop. Un ejemplo muy pequeño, para no meternos con capítulos como el de Cristalina.
La invisibilidad de los cuidados
Justamente, una cosa que pone al descubierto la emergencia sanitaria es esto: la invisibilidad de los cuidados, aún cuando se comienza a hablar de ellos como nunca antes. Y también que estas tareas, asignadas a las mujeres como mandato, se tradujeron en una doble o hasta triple jornada laboral, que no nace con este sistema, que es muy anterior, pero que el capitalismo explota siempre de la manera más cretina para su propio beneficio. Para que más sino, ¿verdad?
Hoy se habla en muchas partes del mundo de la crisis de los cuidados. ¿No es hora de comenzar a profundizar ese debate en Argentina, donde el gobierno había anunciado la puesta en pie de un Sistema Nacional de Cuidados que -igual que otras medidas- nunca nos llegó? Porque además, como venimos mostrando desde La Izquierda Diario, la crisis de cuidados tendrá otra consecuencia grave: la dificultad de incorporación o continuidad de las mujeres en el trabajo asalariado en igualdad de condiciones respecto de los varones, que ya existe, pero que promete agravarse. La ley de teletrabajo es un anticipo de eso. Una diferencia que ya existe, que se expresa por ejemplo en la brecha salarial, en la sobrecarga enorme de las mujeres que teletrabajan (mayoría en el sector, por cierto) y que amenaza con profundizarse.
Los cuerpos cansados de la flexibilización laboral
Para Natsumi, la pandemia, y el debate sobre la salida, no puede pensarse en términos de "’la economía o la vida’, sino que son lo mismo, porque justamente esa es la forma en la que se resuelve hoy la reproducción de la vida. Estando esa reproducción subsumida al proceso de acumulación del capital, porque lo que nos pasa como personas, o el cuidado al que accedemos, depende de nuestro rol en este sistema, todo lo que nos pasa está atravesado por eso", en definitiva, "por la existencia del capitalismo".
En efecto, Natsumi concluye que "la crisis de los cuidados nos habla de cuerpos que están cansados de la flexibilización, de las segundas o terceras jornadas de trabajo, de la diferenciación que se refleja en términos de diferentes estratos y de la división sexual del trabajo. Entonces tenemos que pensar en qué mecanismos, qué cambios en el trabajo, qué derechos hay que detenerse a defender y exigir en este marco, la atención que hay que prestar a las medidas que van tomando y discutiendo desde los Estados". "Y obvio que no todas las personas están con el ojo haciendo foco en esto. Hay que ejercer cierta pedagogía para señalar todos estos problemas desnaturalizando al capitalismo y tejiendo lazos de solidaridad internacional".
En fin, para cerrar: ¿tienen que seguir recayendo estas tareas exclusivamente sobre las mujeres? ¿Se trata, como dicen desde los ministerios, secretarías y direcciones de Género y Diversidad de tareas que hay que distribuir “puertas adentro”? Y sino, ¿qué debería garantizar el Estado para que esta sobrecarga no recaiga sobre las mujeres? ¿Porqué? Bueno, son algunas preguntas que les dejo, para que me contesten en el YouTube, o debajo de esta nota, y la sigamos, porque esa es la idea.
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