Publicamos la nota enviada por un colaborador desde el distrito de Quilmes.
Martes 2 de febrero de 2016
Luego de las ya anunciadas subas a los servicios de energía eléctrica en las últimas semanas, se hace menester pensar el lugar que realmente ocupan los servicios de primera necesidad como el agua, la luz y el gas.
En primera medida, estos no serian realmente servicios ni mercancías, ya que se extraen del propio pueblo con la fuerza de trabajo del mismo. Lo que se esconde detrás de este negocio millonario que subvenciona desde el Estado a empresas extranjeras es una realidad mucho más oscura, que va desde la precarización laboral hasta el saqueo de los recursos naturales del país, cuyo único dueño y heredero fue y siempre será el pueblo.
El tarifazo que pone en marcha el gobierno de Mauricio Macri es una más de las medidas utilizadas en contra de todos los trabajadores, que ya no solo deben pensar cómo administrar su sueldo devaluado en un 40% desde hace un mes, sino que también ahora exige replantear su economía mensual, ya que no son solo los aumentos los que amenazan el bolsillo de los obreros sino que también ahora la energía eléctrica deberá de ser pagada mensualmente según la resolución 7/2016 del Ministerio de Energía, publicada en el Boletín Oficial.
Los propios trabajadores de estas empresas se ven afectados de base desde hace más de 20 años, una gran porción de ellos tercerizados, viendo como los acomodos políticos pasan delante de sus ojos, el pase a planta se hace cada vez una meta más y más lejana de cumplir y las subcontrataciones crecen exponencialmente. Los problemas no terminan aquí, sino que además quienes sufren el flagelo de la tercerización e incluso quienes están en planta permanente) deben también lidiar con el problema de no trabajar con los elementos de seguridad correspondientes para garantizar su integridad física.
En pos de la búsqueda de conquistas que permitan el ascenso de un gobierno de los trabajadores, deberíamos plantear desde los sectores de izquierda un plan de lucha que incluya como consigna la expropiación de todos los servicios de agua, gas y luz para que sean administrados por sus verdaderos dueños. Para que las empresas parasitarias terminen con el negociado de los recursos naturales, y los obreros de las mismas puedan trabajar dignamente en las condiciones que merecen.
Tiempos intensos y de lucha son los que se vienen, y deberemos afrontar en las calles el paso firme de la derecha para no terminar pagando los platos rotos del capitalismo, organizar la resistencia es el quid de la cuestión.
Diego Smitty