La derecha gana las calles, el poder económico expone a la clase trabajadora ante el covid-19, mientras los gobiernos dejan pasar. El caso de Techint y Ledesma. ¿Qué militancia se necesita para frenarlos?

Gastón Remy Economista, docente en la Facultad de Cs. Económicas de la UNJu. Diputado provincial del PTS - FITU en Jujuy, Argentina.
Miércoles 19 de agosto de 2020 16:56
Techint - Ledesma, la voracidad del capital y qué militancia para enfrentarlos - YouTube
Editorial en Pateando El Tablero, 101.7 Jujuy FM
La oposición derechista que se embandera detrás de un programa “anticuarentena” volvió esta semana a las calles, ratificando su estrechez de miras, que se ofrece como sustento de un proyecto de país en el cual caben unos pocos.
La respuesta que llega de quienes apoyan al gobierno nacional intenta explicar, por un lado, los objetivos de fondo del grupo de tareas “anticuarentena” resaltando su impacto negativo en la vida de los trabajadores; por otro lado, al momento del qué hacer no dejan mucha opción para algo diferente a lo que viene realizando el Frente de Todos en el poder y las conducciones sindicales.
Voy a tomar el caso del periodista y economista, Alfredo Zaiat, quien en su columna del domingo pasado en Página 12, buscando cuestionar los objetivos de la militancia anticuarentena, definió una suerte de “tres sentencias” que durante los últimos cincos meses se han podido verificar.
Sintéticamente, qué existe un periodismo de guerra; que la cuarentena se transformó en un espacio de disputa política y que los trabajadores son esenciales para mover la economía.
Comencemos por esto último dado que sin los trabajadores en sus puestos de trabajo, el capital bajo la forma de materias primas, insumos y máquinas, no puede cobrar vida, puesto que falta el actor central capaz de ponerlo en movimiento y generar el círculo de negocios que todo capitalista ansía.
Recordemos que como explica Marx en El Capital solo la presencia del trabajador en el proceso productivo, permite la creación de valor y, a su vez, crear un valor adicional al que recibe bajo la forma de salario. O sea, el trabajador en el proceso productivo crea un plusvalor del cual deriva la ganancia capitalista como contracara de una parte de su jornada de trabajo no pagada por el capitalista.
Considerando la lógica del capital Zaiat se concentra en estudiar dos casos que podemos considerar testigos en cómo actúa el poder económico en pandemia. El primero es el del Grupo Techint, el cual recordemos su titular Paolo Rocca, no bien comenzó la cuarentena dejó en la calle a 1450 operarios con contrato de UOCRA. Aquí la paralización de la actividad la decidió directamente el patrón. Llama la atención que este accionar de Techint no sea mencionado por Zaiat, quien en cambio sostiene que el gobierno se mantuvo firme en su plan de cuarentena, pese a la presión del principal empresario local. Vale entonces, recordar también que el ministerio de Trabajo de Nación terminó avalando los despidos de Techint y, posteriormente el Anses, convalidó la entrega del programa de Asistencia a la Producción y el Trabajo (ATP) al mismo grupo económico. Por último, el ministro Kulfas le acaba de garantizar $18 mil millones de subsidios atrasados a las empresas productoras de gas, entre las cuales, Techint, es una de sus mayores beneficiarias. Nos preguntamos, ¿Había que dejar pasar los despidos? ¿No debería estar el trabajo y la salud por delante de los negocios?
El segundo caso testigo es el grupo Ledesma, a quien Zaiat, lo denuncia por “desaprensión frente a los trabajadores”, sin dudas, se trata de la empresa con mayor cantidad de obreros con covid-19 fallecidos del país, lamentablemente ya son once. El grupo con cerca de 7 mil obreros produce azúcar, papel, jugos y cítricos en su mayor planta ubicada en Libertador General San Martín, nunca detuvo sus actividades, si quiera cuando los contagios alcanzan a 343 operarios y ni hablar con el creciente número de fallecidos. Zaiat da cuenta que hubo denuncias por parte del sindicato azucarero frente al ministerio de Trabajo de Nación (también aclaramos en la Provincia de Jujuy); sin embargo, no menciona que ninguno de ellos intervino a favor de los trabajadores. Incluso, la empresa pudo justificar apenas iniciada la cuarentena su negativa a otorgar licencias a los mayores de 60 años, dada las ambigüedades de la resolución (2020-207) del ministerio de Trabajo y Producción de Nación que considera a todos los trabajadores –sin distinción de edad- como esenciales. ¿Por qué el ministerio deja a Ledesma hacer lo que quiere?
Al momento de explicar este avance imparable del gran capital, Zaiat, reconoce que “En los últimos dos meses igual aparecieron fisuras en esa política por la persistente campaña anticuarentena y la debilidad relativa para contrarrestarla.” Sin mucha explicación resulta llamativo también el origen de esta supuesta “debilidad relativa” del gobierno, ¿Acaso el Frente de Todos no cuenta con un amplio apoyo popular desde que ganó la presidencia? ¿Por qué además si dispone del apoyo de la CGT, la CTA, la mayoría de los movimientos sociales, no ponen en movimiento la fuerza de la clase trabajadora para defender su salud y condiciones de vida?
La respuesta por lo general que ensayan los defensores del gobierno nacional se ubica en el terreno de la trillada frase: “no da la relación de fuerza”. Pero en este momento, esta respuesta no puede ser menos que una suerte de desconocimiento intencionado de cómo la fuerza de la clase trabajadora y el amplio apoyo al Presidente se utiliza en realidad en su contrario, en paralizar a las y los trabajadores, mientras la derecha sale a las calles.
Además este dejar hacer al poder económico por parte del gobierno nacional y provincial, otro tanto aplica para las conducciones sindicales, tiene sus consecuencias sobre la salud de los trabajadores que siguen poniendo el cuerpo en las empresas. Ni hablar si el propio Presidente, convoca a los representantes del gran capital, a sacarse una foto el 9 de julio. La cuestión de fondo está en que el Estado en esta sociedad, también es esencial para que los capitalistas puedan tener garantías de su propiedad privada, o sea, la capacidad para explotar la fuerza de trabajo a diario. Esta debería ser otra sentencia siguiendo el hilo de Zaiat.
Como las vidas de las y los trabajadores importan, no se puede asumir un rol de observador de cómo el gobierno y las direcciones sindicales se “flexibilizan” frente a los grandes empresarios que ponen en riesgo la salud de los trabajadores, suspenden y despiden. Por el contrario, se necesita desplegar una batalla política e ideológica que permita la organización de la clase trabajadora, ocupada y desocupada, en forma independiente, y comenzar a construir una relación de fuerzas que permita paralizar la voracidad del capital e imponer el conjunto de reivindicaciones de los trabajadores. Son nuestras vidas o sus ganancias.

Gastón Remy
Economista, docente en la Facultad de Cs. Económicas de la UNJu. Diputado provincial del PTS - FITU en Jujuy, Argentina.