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Red Internacional
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UNIVERSIDAD NACIONAL DE TUCUMÁN. Terapia de electrochoque: repercusiones en la Facultad de Psicología de Tucumán

Entrevistamos a estudiantes y un docente en la Facultad acerca de la polémica sobre el uso de terapias electro convulsivas que se desató en Jujuy

Miércoles 13 de julio de 2016

El pasado sábado 25 de mayo se dio a conocer la aprobación de la resolución Nº 000001 por parte de la Secretaría de Salud Mental y Adicciones de la provincia de Jujuy, a cargo de José Manzur. Esta resolución autorizaba el uso de terapias electroconvulsivas, aunque dos días después dieron un paso atrás por el malestar que esto generó entre el entorno y los familiares de pacientes psiquiátricos, que repudiaron esta medida formando inclusive comisiones de familiares. No obstante, provincias como Salta, Mendoza y Corrientes, admiten el uso de estas terapias, bajo la supervisión adecuada.

En el transcurso de la semana, los estudiantes y algunos graduados de la Facultad de Psicología de la provincia de Tucumán, se hicieron eco de lo sucedido en Jujuy y la polémica resolución que encendió el debate. Además, esto permitió también poner en cuestionamiento los límites de la nueva Ley de Salud Mental.

A continuación, exponemos las opiniones que se expresaron en dicha academia a través de entrevistas anónimas a estudiantes, que realizamos desde la Izquierda Diario:

Preguntamos respecto a qué conocían de este tipo de terapias, si estaban al tanto de la situación de Jujuy y lo que implicaba dicha resolución, y qué posición les parece que deben tomar los profesionales de Salud Mental y los estudiantes en relación a este tipo de prácticas:

“Tengo entendido que esa terapia no estaba aprobada porque da choques eléctricos y daña a la persona. No entiendo cuál es la finalidad y qué beneficio obtiene la persona. Me parece algo totalmente inhumano. Los profesionales de Salud mental deben estar en contra de esta práctica, no creo que sea un medio para tratar a nadie, sino todo lo contrario por el daño que ocasiona. No me parece que pueda contribuir al bienestar ni psicológico ni físico de la persona”.

“Sé que en un principio la terapia de electrochoque se usaba para tratar esquizofrenias, porque se sostenía que había un problema de transmisión nerviosa en los que la padecían. En la actualidad, me parece que esto implica un retroceso inmenso y opino que los psicólogos debemos estar en contra de esto, por el daño que implica. Considero que el electrochoque es una forma de tortura”.

“Sé que en Argentina se usaba hace muchos años, previo al psicoanálisis. Esta terapia no lleva de ninguna manera a la mejora del paciente, me parece que está mal. Reduce la capacidad humana, atenta contra la subjetividad. Superamos un montón de ideas en cuanto a la concepción humana, y esto es un retroceso importante. Hoy en día se conocen miles de terapias psicológicas para tratar a la persona y que no implican someterla a un sufrimiento así”.

Contamos también con la opinión de un profesional graduado, docente de la misma academia, lic. Emilio Bazán, que nos decía al respecto:

“En primer lugar, tenía información bastante escasa respecto de la situación en Jujuy. También hago una crítica a los otros colegiados del NOA que informan estas cosas y no interpelan al respecto. Por supuesto también a otros medios de comunicación que no dan a conocer estas noticias.

Sobre las terapias de electrochoque, las conozco del pasado, no puedo pensar su implementación en la actualidad, siempre tienen un fin y el mismo es inhibir la conducta o regularla. El tratamiento es sumamente invasivo, doloroso, peligroso. El fármaco venía a reemplazar esto supuestamente. Es una contradicción si volvemos a tratamientos que antes se usaron y no funcionaron. Si hoy en día el exceso de fármacos es algo preocupante, habría que preguntarse qué intenciones tiene la Salud Mental respecto a esto.

Los profesionales de la salud mental deben cuestionarse mucho a qué apuntan, cuál es el fin que persiguen a la hora de trabajar, porque muchas veces el propio sistema que sostiene ideas como “que se cure”, “que ande bien”, “que marche”. Son todas expresiones económicas ligadas a un discurso dominante propio del capitalismo y que lejos están de las intenciones que debería tener la salud mental, de restituir al Sujeto, o esta idea de inclusión social tan planteada en la ley 25.657. La contradicción está en que este tema no debería ni siquiera debatirse o plantearse. Los profesionales de Salud Mental debemos tomar una posición firme y sólida al respecto, se debe cuestionar el sistema que nos quiere llevar a prácticas que tienen que ver con la funcionalidad y la producción, es decir “el sujeto debe ser productivo”.

Esto se debe pensar como una cadena de fallas, a nivel académico y educativo. Las instituciones se sostienen desde lugares que están desviando o equivocando lo que realmente interesa en salud mental. Debemos preguntarnos cada uno desde nuestros trabajos qué estamos haciendo y qué nos interesa, o si realmente también estamos respondiendo a estas cuestiones económicas. A los colegios de Psicólogos lo único que parece interesarles es el dinero y no el ejercicio ético y profesional; este tratamiento probablemente es muy caro. En el colegio de Psicólogos de Tucumán se ven también muchas de estas cuestiones, de intereses económicos.”

Abrir el debate

El eje común que se evidencia mediante las opiniones que expusimos, es el factor de la noción de daño o lo inhumano de dicha práctica. Hay acuerdo en que es una intervención sumamente violenta, que nos liga inmediatamente a pensarla como una tortura. Mencionábamos en una nota anterior el uso de esta práctica en la dictadura y también por las policías en tiempos “democráticos”. Dimensionamos así la intensidad del dolor infringido y el modo de disciplinar los cuerpos.

Es necesario dejar abierto el debate en relación a lo que venimos planteando y también en relación a los fondos que nunca se destinaron para la implementación de la Ley 26.657. Denunciamos las prácticas que atentan contra los DD.HH, como también la precarización existente en los dispositivos de salud, que como ya venimos planteando, afecta tanto a sus trabajadores como a los usuarios, mientras que peleamos por atención gratuita, pública y de calidad.