En el marco de la aprobación de la nueva Ley de Seguridad Interior en la Cámara de Diputados, se ponen a discusión los métodos que utiliza la policía y el Ejército para quebrar a las mujeres que luchan.

Laura Aparicio Pan y Rosas México
Miércoles 13 de diciembre de 2017

La tortura sexual es un método represivo que utilizan las fuerzas armadas del Estado, ya sea en situaciones de guerra o en situaciones de crisis institucional, para aleccionar a las mujeres que deciden salir a luchar. El método implica amedrentamiento verbal; amenazas de violación, muerte o desaparición; abuso sexual y violación con todo tipo de objetos –desde la introducción de los dedos hasta palos, toletes y objetos punzocortantes-.
La tortura puede ocurrir por un periodo corto de tiempo (después de una represión) o puede ser cotidiano como en las cárceles clandestinas. Es utilizado principalmente contra las mujeres pero en situaciones de extrema violencia también se utiliza contra hombres y niños.
Este método no es propio del Estado mexicano, sino que ha sido utilizado por los gobiernos de gran parte del mundo como lo hace el ejército sionista en Palestina o como lo hicieron las dictaduras en Latinoamérica; tampoco es propio de esta época, se ha utilizado históricamente como método de dominación y para aleccionar a quien se sale de lo establecido.
La represión y la tortura son una de las formas de traumatización extrema en el sujeto, y María Isabel Castillo lo define en De la situación traumática, del aconte-ser traumático como:
Es un proceso que da cuenta de un tipo de traumatización específica, que ocurre en dependencia de acontecimientos socio-políticos. Se caracteriza por su intensidad, permanencia en el tiempo y por la interdependencia que se produce entre lo social y lo psicológico. (…) su objetivo es la desestructuración del individuo, sus relaciones interpersonales, su conciencia de clan, y su pertenencia a la sociedad. La traumatización extrema está marcada por una forma de ejercer el poder en la sociedad, donde la estructura socio-política se basa en la desestructuración y el exterminio de algunos miembros de esta misma sociedad por otros de sus miembros.
Este tipo de traumatización es brutal porque, como señala Isabel Castillo, “es ejercida y planificada por seres humanos contra otros”, lo que “desborda la estructura psíquica de los sujetos y la capacidad de la sociedad para responder a ella”.
Esto quiere decir que la tortura sexual busca quebrar a los sujetos y con ella aleccionar a quien la vive y al conjunto de la sociedad, para que no salgamos del orden establecido y no cuestionemos nada; el mensaje que nos envían es que si decidimos luchar por una vida mejor eso es lo que nos va a pasar.
Por eso, este tipo de métodos son utilizados sistemáticamente por la policía y el ejército para quebrar la resistencia de las mujeres, ya que las fuerzas armadas sólo representan al Estado que gobierna para los grandes capitalistas.
¿Por qué las mujeres tenemos que luchar por la anulación de la Ley de Seguridad Interior y por la disolución de los cuerpos represivos del Estado?
Amnistía Internacional reveló un informe en donde se dio a conocer que la policía y las fuerzas armadas de México someten a menudo a las mujeres a torturas, incluida la violencia sexual, para obtener confesiones durante el arresto y los primeros interrogatorios; esto en el contexto de la guerra contra el narcotráfico.
Durante el sexenio de Felipe Calderón se inició la guerra contra el narco que militarizó varios estados del país, y lejos de detener a los grandes carteles de la droga y frenar la violencia que éstos generan en la pelea por las plazas públicas; la salida de los militares a las calles aumentó catastróficamente la violencia y la cantidad de asesinatos de civiles dejando cientos de fosas clandestinas.
Por esto, la aprobación de la Ley de Seguridad Interior en la Cámara de Diputados representa un peligro para nuestra seguridad, ya que permite a las fuerzas armadas intervenir contra protestas sociales, permite hacer detenciones, hacer allanamientos y espionaje, declarar toque de queda e intervenir en algunas zonas sin tener un límite de tiempo, el ejército podrá intervenir en cualquier situación que “represente un grave peligro a la integridad de las personas o al funcionamiento de las instituciones”.
Esta ley estaría legitimando un estado de excepción y la violación sistemática de los derechos humanos, ya que otorga poder absoluto al ejército.
Quiere decir que, en vísperas de un año electoral –en donde se votará nuevo presidente- que probablemente estará marcado por procesos sociales, la casta política está preparándose para que el cuestionamiento de sus instituciones por la violencia y precariedad que vivimos a diario no represente un peligro para su gobernabilidad.
Esto nos recuerda la represión en Atenco, en mayo de 2006, donde hubo tortura sexual contra las mujeres, que se dio durante la gestión de Enrique Peña Nieto como gobernador del Estado de México y durante año de elecciones.
Durante el traslado de los y las detenidas al penal, la Policía Federal torturó y violó a decenas de mujeres, de las cuales sólo algunas decidieron denunciar y aún siguen sin obtener justicia.
A mí me llevaron prácticamente arrastrando hasta el último asiento del camión y me bajaron los pantalones hasta los tobillos, arrancaron mi ropa interior y comenzaron a golpearme con sus toletes… los senos, en todo el cuerpo y también en lo glúteos. Un comandante llamó a varios policías y les dijo: ‘vengan y calen a esta puta’. (Testimonio Atenco)**.
La tortura sexual busca deshumanizar a las mujeres, siendo un castigo ejemplar contra las que decidimos organizarnos para disuadirnos de hacerlo; esto no podría garantizarse sin la función específica de policías y militares, ya que las violaciones no son producto de la excitación momentánea sino de una orden directa desde el Estado que busca quebrar a las mujeres para que no cuestionemos todo lo que nos rodea, sobre todo este sistema que nos explota doblemente, afuera con los trabajos más precarios y en el hogar realizando todas las tareas de forma gratuita.
Conocimos en la cárcel a las mujeres que fueron detenidas el 3 de mayo, yo fui detenida el 4, y el operativo fue completamente igual, la forma de operar de la policía fue idéntica… apilar a las personas, torturar a las mujeres sexualmente encima de la pila de personas, identificar vínculos familiares, madres e hijos para que los hijos o para que los esposos fueran testigos de la tortura, a muchas mujeres incluso las obligaron a contar chistes a los policías para no golpear a sus hijos. (Testimonios Atenco)**
Otros ejemplos: durante la represión al magisterio en 2015, maestros que se manifestaban en Guerrero fueron reprimidos y las maestras torturadas, de las cuales sólo 4 se atrevieron a denunciar. Y uno de los casos más claros de que estas violaciones corresponden a órdenes directas es el de Yndira Sandoval, defensora de derechos humanos que fue violada en Tlapa, Guerrero por una mujer policía.
Es claro que la Ley de Seguridad Interior representa un grave retroceso en relación con los derechos humanos y que para las mujeres representa una terrible situación de peligro ante el poder absoluto de las fuerzas armadas que sin titubear asesinan a cualquier civil y violan repetidamente a las mujeres.
Por eso, es necesario un gran movimiento de mujeres que salga a las calles junto a los trabajadores y la juventud para luchar contra la aprobación de ésta ley y por la disolución de todos los cuerpos represivos del Estado.
**Fragmentos tomados del video Testimonios de torturas sexuales en Atenco del Canal de YouTube "Imágenes en Rebeldía".

Laura Aparicio
Agrupación de Mujeres Pan y Rosas México