Conversamos con Miriam, Magdalena, Isabel y Miriam, trabajadoras Sociosanitarias de Atención en Domicilio (SAD) en Madrid. Ellas se organizan en OSAD, un sindicato creado en 2019 por trabajadoras. Nos cuentan su experiencia.
Clara Mallo Madrid | @ClaraMallo
Raquel Sanz Madrid
Lunes 27 de diciembre de 2021
Estas trabajadoras luchan junto a su sindicato, OSAD, por frenar los abusos que en su sector cometen las empresas. La privatización de estos servicios públicos ha permitido que durante años grandes grupos empresariales se enriquezcan a costa de la degradación del servicio, de la precarización de las condiciones laborales pero también a costa de la salud y de las vidas de estas trabajadoras.
Además pelean por la organización de las trabajadoras desde la base, algo que desde su punto de vista es una “necesidad”, sienten que “hay un hartazgo de las trabajadoras ante tanto abuso y el silencio de los sindicatos”.
Sabemos que estáis participando en un nuevo sindicato (OSAD) nos gustaría conocer vuestra experiencia y cómo os estáis organizando.
Varias de nosotras decidimos participar en OSAD porque en nuestros centros de trabajo teníamos como un vacío sindical. No teníamos el apoyo suficiente de los sindicatos mayoritarios y nos vimos en la necesidad de organizarnos por fuera de estos con la finalidad de mejorar nuestra situación laboral y hacer respetar el convenio. Veíamos como por parte de las trabajadoras había continuas quejas de que se vulneraban sus derechos. Entonces vimos esta necesidad.
Las compañeras han dado un golpe a los sindicatos mayoritarios por el cansancio, por el hartazgo precisamente de tanto abuso y tanto silencio de los comités y los sindicatos mayoritarios.
Yo por ejemplo quería que se me quitaran las horas complementarias. Acudí a uno de estos sindicatos para que me ayudasen y la respuesta que obtuve es que “no se puede hacer nada”. Como este, muchos casos que no recibían el asesoramiento correcto para defender sus derechos. Este ha sido uno de los motivos por los que se ha precarizado mucho más en nuestras empresas, porque se ha vulnerado muchísimo el convenio gracias a la labor de CCOO y UGT.
Desde que se creó OSAD en 2019 el sindicato ha crecido mucho en afiliadas, habéis llegado a varias empresas, en Asispa por ejemplo, ganasteis la mayoría en el comité en las pasadas elecciones… ¿Cómo estáis organizando a más trabajadoras?
En primer lugar las compañeras organizadas en el sindicato nos hemos dividido en grupos para ir a los distintos distritos a informar a las trabajadoras. Además tenemos un horario permanente de atención para atender cualquier duda. Además, intentamos que las compañeras aprendan a hacer formularios, reclamaciones… Se trata de organizarnos desde abajo. Dar voz y poder de decisión a las trabajadoras.
Como decíamos anteriormente, era algo necesario y hemos visto una buena respuesta. En julio de este año en las elecciones de Asispa, una de las grandes empresas del sector, fuimos el sindicato más votado, obtuvimos 13 delegadas.
¿Cuáles son vuestros objetivos de lucha? Los más inmediatos y los objetivos más a largo plazo.
Lo más inmediato para nosotras es denunciar el convenio sectorial que acaban de firmar CCOO y UGT. Para la negociación del convenio que se acaba de firmar no se ha hecho ni una asamblea informativa, ni tan siquiera se ha llegado a informar a las propias trabajadoras afiliadas a esos sindicatos que están en la negociación. Por eso nosotras hemos recogido casi 300 firmas para expresar y denunciar que no estamos contentas con el proceso de negociación ni con el contenido mismo del convenio. No recoge ninguna de nuestras principales demandas como que se contabilice realmente todo el desplazamiento como parte de nuestra jornada, que se nos paguen las horas extraordinarias mes a mes, que haya una subida salarias acorde con el encarecimiento de la vida –por ejemplo los sindicatos han negociado una subida salarial del 0,5% a partir de julio de 2022–. Y otras cosas que son muy importantes para nosotras.
Como objetivos menos inmediatos, nosotras desde que se hizo la acampada frente al ministerio, tenemos el objetivo de que se nos reconozca a través de una evaluación las enfermedades derivadas de nuestro trabajo y que se reduzca nuestra edad de jubilación a los 60 años. Además queremos la remunicipalización de este servicio ya que a costa del enriquecimiento de las empresas privadas se está precarizando enormemente este servicio a costa de nuestras condiciones de trabajo. Si fuera gestión directamente pública
¿Cómo creéis que se podría presionar a estos sindicatos, en los que seguro que hay afiliadas muchas mujeres como vosotras, para que empiece a pelearse por mejores convenios, condiciones laborales…? Es decir, para quebrar la lógica de que ellos negocian y las trabajadoras no tienen ni voz ni voto.
Tenemos que tomar conciencia. Tenemos que ser conscientes de que las burocracias sindicales no están defendiendo nuestros derechos. Están pactando a favor de las empresas y no a favor de las trabajadoras. La prioridad de los sindicatos debería ser defender los intereses de los trabajadores, no la de “quedar bien” con las empresas. Que es los que están haciendo con estos convenios que están firmando. Son convenios del hambre, porque nuestros salarios son cada vez más precarios.
Nosotras cobramos menos de mil euros. Terminamos enfermas, no llegamos a los 60 años sin operaciones… Nuestros horarios son una locura. Además cuando enfermamos nos mandan de la mutua al médico de cabecera, del médico de cabecera a la mutua nos tienen de un lado para otro y tratan de mandarnos rápido de vuelta al trabajo. Parecemos vacas, nos ponen una inyección y “a trabajar”. Es decir, nuestras condiciones son tan precarias, pero los sindicatos miran para otro lado.
Muchas de vosotras sois mujeres, muchas también migrantes, creéis que os afecta más la precariedad? ¿Cómo lo explicaríais?
El miedo de llegar de otro país, no tener para par pagar tu alquiler y no poder enviar dinero a tu país hace que las empresas se aprovechen. En nuestro caso por ejemplo, las coordinadoras se provechan de que conocen nuestras vidas y nuestra situación y eso lo utilizan para presionarnos aún más. Pero tenemos que aprender a decir que no.
El Gobierno también tiene mucho que ver con esta situación. Las trabajadoras migrantes tenemos enormes trabas para regularizar nuestra situación y esto genera una situación en la que las empresas se aprovechan enormemente.
¿Cómo crees que debe afrontar a clase trabajadora en el actual momento, especialmente los sectores más precarios, frente al deterioro de las condiciones de vida?
Lo primero tenemos que dejar atrás el miedo a perder el trabajo. No nos valoramos nosotras mismas ni somos conscientes de nuestro papel en la sociedad. Nosotras somos insustituibles, nuestro trabajo es tan vital. Trabajamos con personas que nos necesitan, nos esperan, somos quizá la única persona a la que ven al día. Nosotras tenemos que valorar nuestro papel, somos esenciales. Además todas nosotras hacemos nuestro trabajo con dedicación, muchas tenemos amor a nuestro trabajo, pero eso no quiere decir que tengamos que soportar la precariedad ni vivir con ella. Tan importante es nuestra labor y tan conscientes somos de ellos que incluso nos dejamos nuestra salud y nuestra vida día a día. Y con esto, las empresas se lavan las manos. No debería ser así.
Nuestro trabajo lo valoramos, pero como trabajadoras debemos de unirnos, como trabajadoras debemos organizarnos para luchar y no depender de un comité. El comité está para solo para representarnos pero quienes tenemos que pelear y luchar por nuestros derechos somos nosotras.
Esto no solo en nuestro sector, sino en todos. Los trabajadores debemos organizarnos, ser conscientes del papel que jugamos en la sociedad y pelear por nuestros derechos.